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Egipto: todo menos democracia


Carolus Wimmer, Secretario Nacional de Relaciones Internacionales del PCV
Carolus Wimmer, Secretario Nacional de Relaciones Internacionales del PCV

Por: Carolus Wimmer

En Sinaí, convergen sin lugar a dudas  los intereses de seguridad de la casta militar egipcia y del gobierno sionista israelí. Al presidente Barack Obama, la destitución de los Hermanos Musulmanes le permanece inaceptable, pero tampoco le conviene un enfrentamiento con los generales. Y es evidente que éstos lo saben y seguirán con su plan, coordinado con Arabia Saudita e Israel, donde el derrocamiento del Presidente Mursi era sólo el primer procedimiento de un proceso para atornillarse en el poder y no permitir la participación de todos los sectores en la reconstrucción política del país.

Al menos otros seis meses son necesarios para redactar la nueva constitución, instalar un gobierno transitorio y realizar las elecciones para la presidencia de la República y el parlamento. El jefe de ejército Abdel Fattah El-Sisi,  planea dos pasos para instalarse de manera definitiva, calculando una fuerte resistencia por parte de la administración Obama.

El primero sería decapitar el mando superior de la Hermandad Musulmana, lo que fue logrado el 3 de julio, día del golpe de Estado. Para ello, realizaron redadas en todo el territorio egipcio para dispersar sus organizaciones y hacer detenciones masivas de miles de activistas locales. Los de la Hermandad serán encerrados en campos de concentración con la asesoría de Israel. También perseguirán a las organizaciones de izquierda y progresistas que hoy todavía, y de manera casi ingenua, celebran la presencia de los tanques en las calles.

El segundo paso, es desarmar  a unos 10.000 salafistas atrincherados en Sinaí, que constituye una zona estratégica para el Estado Sionista de Israel, que brindará todo su apoyo para desarmar los grupos de resistencia musulmana. Parece que la Hermandad había estado acumulando silenciosamente un arsenal para la contingencia, estableciendo un “Centro armado clandestino de la Rebelión” para operaciones de resistencia. Y habrá una posible alianza con los salafistas quienes ya señalaron: “Sinaí es el centro de rebelión contra el golpe militar que depuso a Mohamed Mursi como presidente.”

El General El—Sisi, antiguo jefe de la inteligencia militar, repite así la historia de Gemal Abdul Nasser en los años cincuenta y Anwar Sadat en los años setenta, cuando miles de miembros de la Hermandad Musulmana terminaron en la prisión.  Para poder llevar a cabo este plan, el jefe de ejército, previniendo la condena de Washington, se ha asegurado la aprobación de los países del Golfo, especialmente de la casa real saudita, y del gobierno sionista de Israel, incluyendo el apoyo financiero.

El 8 de julio se la muerte de al menos 51 partidarios del ex presidente Mohamed Mursi, al parecer asesinados con fuego de ametralladoras de las Fuerzas Armadas. Eso complica aún más las cosas. De inmediato, EEUU llamó a los militares egipcios a ejercer “máxima contención”. “La estabilidad y el orden político democrático están en riesgo”, dijo la vocero del Departamento de Estado, Jen Psaki.

Carolus Wimmer

@WimmerParlatino

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