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CONTROL OBRERO


afiche-congreso-control-obreroPor: Edgar Meléndez*.

Especial para Tribuna Popular 223 y 224.- Que hoy en nuestro país esté planteada la necesidad del surgimiento de un mecanismo tan importante como es el Control Obrero, señala una enorme potencialidad para la transformación revolucionaria de nuestro actual modelo económico-productivo e incluso del modo de producción capitalista en el que se basa. Sin embargo, los tímidos avances prácticos hasta ahora conseguidos  nos obligan a una seria, profunda y detallada evaluación que viene siendo irresponsablemente postergada, ya que hasta los momentos no ha habido voluntad de realizarla, ni siquiera en el Primer Congreso Nacional por el Control Obrero que se efectuó en días recientes en Ciudad Guayana.

El Control Obrero es un nuevo modelo de gestión –de la producción, administración y distribución de bienes y servicios–, con el papel protagónico y dirigente de la clase obrera y, junto al pueblo organizado, será progresivamente la práctica concreta y cotidiana de una sociedad en transición al Socialismo. Es quizá esta condición una de las principales causas para que hasta ahora el avance en la materialización del Control Obrero en Venezuela sea tan lento y pesado, ya que, como es harto sabido, no existe ningún factor objetivo ni subjetivo que puedan llevarnos a afirmar que actualmente en nuestro país estamos en tránsito al modo de producción que media entre el capitalismo y el comunismo.

Hasta el propio Presidente Chávez en su momento, y ahora el Presidente Maduro, han reconocido que en la Venezuela de esta hora pervive un Estado burgués atrasado reflejo de nuestro rentista e ineficiente modelo económico. Esta realidad objetiva se convierte en caldo de cultivo para limitaciones concretas que producen además, como es lógico, fieles imágenes en el nivel de conciencia de buena parte de las masas de trabajadores quienes de “buena fe” se lanzan a la construcción de Consejos de Trabajadores y Trabajadoras sin la necesaria claridad teórica y mucho menos sin experiencia práctica de lucha, por lo cual se convierten en fácil presa de tendencias “revolucionaroides”, muy ágiles en el empleo del verbo pseudo-revolucionario y de supuestas categorías “ultra-comunistas”, que terminan influyéndolos para construir instancias que por sus debilidades conceptuales y de praxis sirven en la práctica al capital. Así, estas instancias existen casi totalmente para una sempiterna sistematización de la experiencia y para un absurdo desgaste en “invención” de estrafalarias, y a veces tramposas, metodologías; a esto dedican tanto tiempo que no les queda ni un poco para la práctica revolucionaria auténtica que sólo es posible cuando se trabaja para transformar la esencia y no sólo la forma del modelo económico.

Nadie puede hacer trampas a la realidad, quienes por un problema de disociación política perciban una realidad distinta a la que objetivamente existe, terminarán o más adelantados o más atrasados que esa realidad que dicen querer cambiar y al estar desubicados serán fallidos en el logro de la meta. De allí que seguir evadiendo una caracterización profunda del actual momento venezolano que trascienda deseos, sueños y obsesiones anti-soviéticas y anti-PCV, es evitar construir una táctica adecuada y necesariamente unitaria para el Movimiento Obrero y Sindical clasista todo y para el Control Obrero en concreto.

Los comunistas estamos planteando una forma organizativa de las y los trabajadores en sus centros de trabajo que, apoyada en la Constitución y en Leyes de la República, le permita a éstos participar en la planificación, toma de decisiones y control y seguimiento de los procesos de producción de bienes y servicios como medida táctica de acercamiento a espacios de decisión aún no perdidos por la burguesía tradicional ni por la emergente y mucho menos por la tecno-burocracia.

Este planteamiento es realizado con base en la caracterización que hacemos los comunistas del actual proceso político nacional como uno de liberación nacional.

En el artículo anterior afirmamos que los Consejos de Trabajadores y Trabajadoras, por su forma y contenido, serán instancias que se desarrollarán plenamente en la etapa de transición del capitalismo al socialismo, cuando la clase obrera esté en el Poder. Corresponde entonces su implementación en este momento con niveles propios de la participación y protagonismo en la gestión, amparadas en las leyes actuales que no pueden ser otra cosa que reflejo de nuestra estructura económica capitalista y de las contradicciones políticas que se han generado en la superestructura por las características del proceso bolivariano.

¿Consejos de Trabajadores y Trabajadoras revolucionarios o círculos de calidad?

Lo anterior no debe dejar espacios para la duda ni para la manipulación. Estamos hablando de la táctica para lograr implementar estas instancias con contenido y perspectiva revolucionaria, en el marco de nuestra realidad concreta en la que patronos, públicos y privados, están en resistencia frente a instancias que le disputarán espacios de poder y de decisión. Pero, cuando los Consejos de Trabajadores y Trabajadoras sean una realidad mayoritaria en los centros de trabajo, podrán cumplir tareas revolucionarias de mayor envergadura, especialmente cuando estemos en la transición al Socialismo.

En definitiva, la realidad que analizamos y las acciones que consecuentemente con ella planteamos, no desdice que los Consejos de Trabajadores y Trabajadoras, como forma de organización de la clase obrera, se planteen, preparen y cumplan tareas mayores en el camino del objetivo superior: la toma revolucionaria del Poder para iniciar la construcción del Socialismo.

Para ello debe ser tarea prioritaria de estas instancias la transformación del modelo de gestión en su centro de trabajo y plantear siempre, en teoría y práctica, el cambio de las relaciones de producción como horizonte estratégico de nuestra clase; todo lo demás son tareas secundarias.

Una de las desviaciones más frecuentes de las muchas experiencias que conocemos sobre Consejos en industrias y empresas es la conformación en la práctica de éstos como espacios organizativos de los trabajadores tipo Comités de Apoyo a la gestión capitalista para elevar la producción, intermediar con el patrono o en su defecto asumirse como patrono; en la generalidad también el patrono utiliza a los Consejos para enfrentar a los Sindicatos que luchan de manera legítima por reivindicaciones. En ninguno de estos casos estarán cumpliendo esos Consejos con tareas revolucionarias y transformadoras.

Necesitamos Consejos de Trabajadores y Trabajadoras que luchen por el Control Obrero y no instancias que reproduzcan experiencias históricas de organización de trabajadores estimuladas por los patronos para colaborar con ellos.

*Miembro del Comité Central y Secretario del Movimiento Obrero del PCV en Bolívar.

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