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OFENSIVA POLÍTICA de la CLASE OBRERA


venezuela-en-revolucionPor: Douglas Gómez. (*)

Especial para Tribuna Popular TP Nº 234.- Una de las líneas de acción de todo plan contrarrevolucionario, dirigido a crear las condiciones para un golpe de Estado, tiene que ver con el corte brusco o a cuenta gota del flujo de abastecimiento de bienes de primera necesidad, sobre todo, de rubros alimenticios.

La idea es producir un cuadro de escasez recurrente que exacerbe los ánimos de la población de mayor vulnerabilidad social y económica, condicionándola psicológicamente para que asuma, en principio, una postura de cuestionamiento rotundo de la legitimidad del gobierno, y luego, en conjunción con otros factores o variables en juego, ganarla para un estallido social como preámbulo del golpe de Estado.

Esa línea de acción ha estado en la agenda golpista de la contrarrevolución venezolana, bajo  coordinación del imperialismo norteamericano, desde el 2002. Si no le ha funcionado, por ahora, es precisamente por la conjunción de tres factores:

1) La capacidad importadora del gobierno, derivada de los abundantes ingresos petroleros, a pesar de están menguando;

2) La lealtad de un pueblo que –pese a los errores, fallas y desaciertos del liderazgo del proceso bolivariano–, se sobrepone con estoicismo al sabotaje y la violencia fascista, sin renunciar a los logros conquistados; y,

3) La lealtad al proyecto político legado por el Presidente Chávez, por parte de la mayoría de los miembros de la FANB.

En esta nueva fase conspirativa que el imperialismo y sus lacayos están desarrollando en contra del proceso bolivariano, la estrategia del desabastecimiento está en pleno de desarrollo, al punto que los niveles de escasez, según cifras del BCV, sobrepasa el 28%, con tendencia a gravarse dada la bajísima capacidad de producción de una economía dependiente fundamentalmente de las importaciones. En esa estrategia se están moviendo muy bien las transnacionales de la alimentación como Cargill, Nestle, etc. y monopolios venezolanos como Alimentos Polar, Proagro, Souto, entre otros.

La burguesía comercial-importadora, ávida de dólares para seguir especulando en el mercado paralelo, argumenta que sin divisas no puede producir, y desde el gobierno responden que están dispuestos a entregárselas siempre y cuando cumplan los requisitos y usen los dólares correctamente.

Frente a esta viveza criolla de la burguesía parasitaria y la terquedad del gobierno nacional, desde el PCV hacemos un llamado al movimiento obrero y sindical clasista a organizar desde ya la Inspección Obrera en todas las empresa, a los fines de velar –como parte de un ejercicio de Control Obrero–, que los dólares entregados se expresen en materias primas procesadas. Para ello es necesario elaborar un plan de seguimiento a los trámites de solicitud, asignación y liquidación de los dólares requeridos, y a los trámites de nacionalización, transporte y recepción de la materia prima.

Por otro lado la Inspección Obrera sería un efectivo instrumento de control en contra del acaparamiento, la especulación y el sabotaje en el normal flujo de abastecimiento de los bienes producidos.

Dicha Inspección Obrera debe partir de la iniciativa de las Juntas Directivas de los Sindicatos de dichas empresas, organizando de manera inmediata a sus trabajadores afiliados en Comités de Inspección Obrera por áreas o departamentos; con atribuciones de control y vigilancia de los costos de producción y los márgenes de ganancia (tal como lo establece el numeral 3, del artículo 367 de la LOTTT), para que los precios de los bienes producidos sean justos para el pueblo.

Sabemos que, como siempre, la patronal pública y privada va a reaccionar virulentamente en contra de esta iniciativa, argumentando principalmente su ilegalidad por la ausencia de un instrumento legal que lo estipule claramente (lamentablemente en la Ley Orgánica de Precios Justos se obviaron los mecanismos de participación de las y los trabajadores en el análisis de la estructura de costos de las empresas).

Mas sin embargo, en el marco de la agudización de la lucha de clases en Venezuela –donde el futuro del proceso bolivariano y las posibilidades de su perspectiva socialista están en juego–, es necesario que el movimiento obrero y sindical clasista asuma este gran reto con audacia política y demuestre que no sólo le asiste la razón, sino que tiene la fuerza material suficiente para imponerse frente al capital y el reformismo. Este es el momento para la ofensiva política de la clase.

(*) Miembro del Buró Político del Comité Central del PCV

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