La Moral Comunista (III)


Eduardo Gallegos Mancera
Eduardo Gallegos Mancera

Por: Natalya M. García. Especial para TP

Politóloga

Nuestra moral y ética está subordinada a los intereses de la lucha de clases del proletariado.

En este sentido, la moral comunista es la más oportuna para el movimiento obrero en la lucha de clases, en cuanto une a las y los trabajadores contra toda explotación.

Hoy, cuando el imperialismo ha tomado forma en los monopolios y el capital financiero a través de la exportación de capitales y el reparto del mundo, es decir, se ha internacionalizado el capital, la clase obrera y trabajadora, en cada rincón del planeta, padece los flagelos del capitalismo en su fase superior.

En contraposición, la respuesta de nosotros, los trabajadores, debe ser la solidaridad con los pueblos oprimidos del mundo, traducida, vale destacar, en acción concreta y permanente, como ya se refería nuestro camarada Eduardo Gallegos Mancera.

A lo largo de la historia de la lucha de clases, se nos ha reprochado a los comunistas el querer abolir la patria y con ella la nacionalidad. Nuestro concepto de patria en nada coincide con el sentido patriota de la burguesía que raya en el más puro chovinismo.

Ser patriotas es ser internacionalistas. Y ser internacionalistas es luchar por la unidad de los pueblos.

La clase obrera es internacional y también lo es su condición de explotados y oprimidos: por ello, una injusticia hecha contra los trabajadores en cualquier nación debe causar indignación y sensibilidad en el movimiento obrero internacional.

La misión histórica de la clase obrera –por ser, sin lugar a dudas, la clase más revolucionaria, organizada y consciente–, es derrocar el régimen de la propiedad privada sobre los medios de producción, el capitalismo.

Resulta oportuno recordar que el capital es una fuerza internacional y, desde luego, la clase obrera debe estar estrechamente cohesionada y unida en acción para acabar con el dominio de la burguesía.

Por la necesidad de organizar la lucha internacional de los obreros bajo una línea de acción, se fundó, en 1864, la Asociación Internacional de Trabajadores (la Primera Internacional), con Carlos Marx a la cabeza. Fue entonces, cuando se puso sobre el tapete la necesidad vital de los obreros y trabajadores del mundo de expresarse solidaridad fraternal e internacional.

De esta manera, Lenin nos reitera que “para el proletario es no sólo importante, sino una necesidad esencial, gozar, en la lucha proletaria de clase, del máximo de confianza por parte de los componentes de otras nacionalidades.”

Nuestra causa no tiene fronteras. Por eso, los comunistas exhortamos: ¡Proletarios de todos los países, uníos!

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