Federico Engels (1820-1895):  Honorable camarada y ejemplo de convicción comunista


«No es posible comprender el marxismo ni es posible exponerlo coherentemente sin tener en cuenta todas las obras de Engels»  V.I. Lenin (1870-1924)

Federico Engels
Federico Engels

Por: Claudia Herrera Sirgo. Especial para TP

Militante en la Célula «Alberto Lovera» del PCV en Caracas

Nació el 28 de noviembre de 1820, hace cerca de 195 años, en Alemania. Su origen está inmerso en una familia protestante de importantes recursos económicos, sin embargo, en su juventud se vio impelido a trabajar como despachador en un comercio mientras continuaba sus estudios.

Ya para 1839 comienza a perfilar sus escritos en filosofía y literatura. Tres años después comienza su militancia de vida y esencia: se hace comunista y comienza su amistad inconmensurable con Carlos Marx la cual se mantiene incólume por 41 años.

Consagró su vida al estudio, que sumó a la triada fundamental que conforman el pensamiento y la teoría marxista: filosofía no idealista sino transformadora, economía política y comunismo científico; elementos que condicionan el crisol del materialismo histórico y dialéctico. Fue además, apoyo moral y financiero de Marx y su familia.

Como escritor consagrado se dedicó a la descripción y proposición sobre temas inherentes al materialismo histórico y dialéctico. Compartió pluma e ideas en muchas obras con Marx, como en La sagrada familia (1844), La ideología alemana (1846), Manifiesto del Partido Comunista (1848), La guerra civil en Estados Unidos (1861), El Capital – tomo II (1885) y El Capital – tomo III (1894), estas dos últimas fueron editadas por Engels, tras la muerte de Marx, con notas de su entrañable camarada.

De las obras propias de Engels destacan La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845), Las guerras de los campesinos en Alemania (1850), Revolución y contrarrevolución en Alemania (1852), Contribución al problema de la vivienda (1873), La Dialéctica de la Naturaleza (1876), Anti-Dühring (1878), Del socialismo utópico al socialismo científico (1880), El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884), y Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana (1886).

Supo constituir un verdadero equipo de trabajo intelectual con Marx, la distribución de los estudios, discusiones y producción literaria sobre la filosofía lo centró más en el estudio de las ciencias naturales y sociales, especial hincapié en la antropología, ciencias militares, lingüística y matemáticas.

Formó parte del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores, más conocida como la Primera Internacional (1864), donde tuvo la responsabilidad de ser Secretario. Posteriormente influyó de forma considerable en la ideación y diseño de las bases políticas programáticas de la Segunda Internacional (1889). Entre otros legados, desnudó el Estado capitalista: “El Estado moderno no es sino un comité que administra los problemas comunes de la clase burguesa”.

Falleció el 5 de agosto de 1895, en Londres, hace ya 120 años, pero nos sigue estremeciendo la vigencia de su idea, la realidad que nos acompaña y que nos invita y compromete a no claudicar jamás. Como bien diría Lenin, citando al poeta Nikolái Nekrásov: “¡Qué antorcha de la razón se ha apagado! ¡Qué gran corazón ha dejado de latir!”.

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