Alberto Lovera, cinco décadas de inestimable presencia


“…buscaron ahogar tu grito / tu grito se escucha siempre (…) el grito de tu patria amada”

“Que su valor, fortaleza e infinito amor por la humanidad, sean ahora y siempre ejemplo de Revolucionario”
“Que su valor, fortaleza e infinito amor por la humanidad, sean ahora y siempre ejemplo de Revolucionario”
«Alberto (mi padre) era partidario de la lucha armada como medio para la toma del poder, para así construir la revolución en Venezuela, para crear una sociedad de justicia e igualdad, para la gran mayoría de los venezolanos, y representaba el sueño de miles de mujeres y hombres en nuestro país y en el mundo» Alberto Lovera Álvarez

Por: Claudia Herrera Sirgo. Especial para TP

 

Las políticas de dominación territorial y de los recursos naturales, implementadas por los países imperialistas, incluyen históricamente, en sus diversas formas de expresión, el asesinato y desaparición de personas consideradas por éstos como “elementos peligrosos” para la consolidación de sus planes expansionistas.

Tal es el caso de la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN) –impulsada por EEUU en el contexto de la Guerra Fría y la lucha contrainsurgente en Latinoamérica–, que abarcó un sinnúmero de acciones belicistas y atroces a través de las Fuerzas Armadas (FFAA) de nuestros países cuando los gobiernos sumisos a sus políticas no eran capaces de contener las ansias populares.

Sistemática y quirúrgicamente se trabajó para suprimir en las FFAA latinoamericanas las concepciones patrióticas, para favorecer la implantación de regímenes opresores y devastadores de toda expresión política-social que se opusiera al imperialismo estadounidense.

El enemigo era el comunismo y cualquier forma de organización que expresara el marxismo-leninismo, pero también doctrinas latinoamericanistas como el bolivarianismo; ante lo cual, siendo cónsonos con la máxima “el fin justifica los medios”, se arrogaron la supuesta defensa de los Derechos Humanos (DDHH), siendo que para los bien llamados “gorilas” la violación sistemática de los DDHH era contemplada como un daño menor necesario o un simple daño colateral.

Las FFAA latinoamericanas fueron entrenadas en técnicas de contrainsurgencia que no escatimaron esfuerzos incluso para escribir de forma escalofriantemente descriptiva sus manuales de tortura y guerra psicológica. Esto ocurre en el Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperación en Seguridad (1946) o como se conoce comúnmente “Escuela de las Américas”. Combatiendo cualquier intento de consolidación de otro mundo posible diferente al capitalismo.

Política de Estado

En este contexto se produce en Venezuela el tristemente célebre “Pacto de Punto Fijo” –anticomunista y antipopular–, y las terribles represiones en los gobiernos de Rómulo Betancourt y Raúl Leoni.

Desde esta perspectiva recordamos con indignación los 50 años de la persecución, secuestro, tortura, asesinato y desaparición de nuestro querido camarada Alberto Lovera, líder de inconmensurables características comunistas, considerado por las definiciones oprobiosas de la DSN como un “elemento altamente peligroso”, razón por la cual cae en las redes del terrorismo de Estado implementado en esa época que consideró a nuestras y nuestros camaradas como no merecedores de una visión que justifica ser “sujetos de Derecho”, ergo, no entraban en categorías definitorias de poseer DDHH, según los ideólogos de la DSN (al margen de la declaración Universal de los Derechos Humanos).

Estos escuadrones militares y policiales de la muerte contaban con suministros directos de la CIA, con manuales que recomendaban en qué lugar de la anatomía humana y por cuanto tiempo podría infringirse daño antes de que entrara en shock; la tortura es vista como una medida “preventiva”.

Nuestro Lovera fue una contemplación más del pacto criminal establecido como política internacional anticomunista, que tuvo su apogeo en las presidencias estadounidenses de Lyndon B. Johnson, Richard Nixon –con su infausto Premio Nobel de la Paz y Secretario de Estado, Henry Kissinger–, y Ronald Reagan, con engendros como Orlando Bosch y Posada Carriles, entre otros; todos ejecutores intelectuales de Alberto Lovera y de los miles de camaradas desaparecidos, perseguidos y asesinados.

Ningún “vuelo de la muerte” logró que se supiera la verdad de lo ocurrido con el camarada Lovera, su cuerpo salió a la playa, denunciante de la concreción del Estado Terrorista que nos gobernaba.

Destacamos que aún no se conocía el inicio formal del Plan Cóndor (1975), sin embargo, la forma en que intentan desaparecer su cuerpo da cuenta de la esencia práctica del mismo.

Ejemplo imperecedero

Alberto Lovera era conocido con los pseudónimos de “Braca”, “Bracamonte” o “el cojo Lovera”. Fue un digno obrero y dirigente del sindicato petrolero, miembro del Comité Central del PCV y responsable militar durante la lucha armada de los años 60.

El 18 de octubre de 1965 es detenido por una delación ante la Digepol y se inicia un periplo de terribles torturas que soportó estoicamente hasta ser asesinado. Tenía 43 años y dejaba viuda a nuestra camarada María del Mar Álvarez y a sus dos hijos huérfanos.

El cuerpo destrozado de Lovera aparece en las playas de Lecherías, estado Anzoátegui, el 27 de octubre. Las evidencias forenses demostraron las crueles torturas a las que fue sometido.

María del Mar fue acompañada por camaradas del PCV y por José Vicente Rangel, abogado y defensor de los DDHH, quienes logran ante la beligerante denuncia que una Comisión del entonces Congreso Nacional abriera un expediente, identificándose a los funcionarios directamente ejecutores de este hecho, sin embargo la mayoría de los responsables fallecieron de causas naturales. Se mantuvo un manto de impunidad hasta que en el año 2013 se inician investigaciones alrededor de los distintos y numeroso casos sobre desapariciones, torturas y asesinatos en esa infame época puntofjista, surge la “Comisión de la Justicia y la Verdad” como una formal matriz de reconocimiento e investigación del terrorismo de Estado implementado.

En una oportunidad nos encontrábamos en casa de nuestra María del Mar, la memoria se me llena de la inolvidable expresión de su rostro cuando narraba la historia de su vida junto a Lovera, de sus dos hijos pequeños a quienes le tocó explicar sobre un papá que no volvería, aunque el mar retornó su cuerpo. Se me cierra la garganta y se me entumecen los dedos que intentan escribir esto cuando evoco su dolor, el dolor de la mujer que amó a ese hombre, que se quedaba con hijos pequeños y con el compromiso de seguir una lucha que ella había asumido desde núbil época y que había decidido compartir con él en unión matrimonial.

Lloramos ese día con María del Mar, porque la sororidad es una lección que ella nos enseñó; lloro conmovida por el momento incomprensible que tuvieron que vivir sus hijos que se quedan sin un papá amoroso y responsable, y lloro porque la patria perdió tanto más con su injusta partida.

Alberto Lovera es y será siempre ejemplo de lucha, de entrega completa y de reivindicación de lo que significa ser comunista; por eso milito orgullosa en una célula que lleva en memoria su nombre.

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