El discreto encanto del modelo rentista (I)


bachaquero-3Por: Juan Manuel Parada. Especial para TP

La actividad del «bachaqueo», como el consumo de cocaína, no se origina en los sectores populares como en muchos casos se juzga, sino en las capas medias y sectores pudientes de la sociedad. En la segunda mitad del siglo XX, en medio de sus frecuentes viajes a Miami, los burguesitos venezolanos importaron al Este de Caracas el hábito de consumir drogas de alta potencia, extendiéndose, como toda moda, hacia el resto del país.

Sucede igual con este vicio de conseguir productos a precios subsidiados, acapararlos y revenderlos, que, en Venezuela, se acentúa con la creación de Cadivi, desde 2003. Si en un sistema capitalista tradicional el dólar es una mercancía, en una sociedad rentista como la nuestra, con férreos controles, se convierte en un fetiche por el que muchos están dispuestos a pagar, incluso arriesgando sus vidas.

Si retrocedemos diez años, recordaremos gente de las capas medias, pequeñoburgueses y capitalistas ofreciendo dinero por nuestros cupos en dólares para viajar o comprar en el extranjero, o proponiendo la creación de empresas de maletín para, en complicidad con funcionarios corruptos, recibir la aprobación de inmensas cantidades de dólares que serían vendidas por jugosos montos.

Así pues, el bachaqueo que conocemos hoy inició con la apropiación vulgar de nuestros dólares para revenderlos a precios criminales.

Pero como el cinismo es ilimitado y gratuito, estos sectores medios y altos hacen recaer toda la responsabilidad del bachaqueo en el pueblo humilde que se busca la vida de esta manera ilegal, siguiendo el modelo que ellos mismos impusieron y que, debemos admitir, el gobierno ha permitido. Además de que han expandido su práctica hamponíl a todas las esferas de la actividad comercial.

Si seguimos mirando hacia atrás, recordaremos el acaparamiento de vehículos que se desató a partir de 2008, primero con el cobro de “vacunas” que oscilaban entre 10% y 20% de su precio, para luego llegar al extremo de revenderlos hasta diez veces su precio original.

Han hecho lo mismo con el cemento, la cabilla, el papel para las imprentas, los repuestos y con todo lo que representare una posibilidad para especular, aunque “ofreciendo puestos de empleo”, como dijera el infame empresario en un acto de confesión.

Es obvio que la especulación con la compra-venta de dólares, de vehículos o de materiales de construcción por gandolas, son prácticas de sectores pudientes (en contubernio con la burocracia corrupta), pero iniciaron un espiral en descenso de los valores éticos de la sociedad cuando se trafica con las necesidades del pueblo.

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