El fascismo le impuso la guerra a España


Por: Mariano Vivancos. Especial para TP

La conocida como «Guerra Civil Española», fue algo más que una otra guerra. Tras la victoria del Frente Popular en febrero de 1936, la derecha organizó un golpe de Estado para frenar la entrega del poder al pueblo (Ver TP Nº 2.959, página 6).

El pueblo español venía de una situación caótica: explotación de campesinos y obreros abocados a la miseria; la negra intransigencia de la iglesia católica ante cualquier tipo de libertad o progreso; la nula inversión de los terratenientes para la industrialización y oposición frontal a cualquier reparto de tierras.

Para 1936 el nazismo estaba consolidado en Alemania y el fascismo en Italia. Fue realmente heroica la resistencia popular y revolucionaria desde el alzamiento fascista-militar del General Francisco Franco, el 18 de julio de 1936, que marca el inicio de la guerra hace 80 años, hasta el 1º de abril de 1939.

La guerra tuvo múltiples caras: lucha de clases, guerra de religión, revolución y contrarrevolución.

Impacto internacional

Muchos países europeos interpretaron la guerra como un simple conflicto interno, pero después comprendieron que era la antesala de la II Guerra Mundial.

La Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini dieron apoyo total a Franco. Inglaterra planteó la “No intervención”, que apoyaron 27 países. En la práctica, fue una farsa porque los países fascistas no suspendieron el apoyo a Franco.

La URSS, con Stalin y el Partido Comunista a la cabeza, no dudaron en enviar armas a las fuerzas republicanas, teniendo que hacerlo por medio de México.

La Tercera Internacional llamó a la solidaridad mundial con la República Española, respondiendo entre 40 mil y 60 mil voluntarios de 54 países, entre ellos 1.200 cubanos, 800 argentinos, mexicanos, chilenos, etc.

Estos voluntarios formaron las Brigadas Internacionales, que fueron el paradigma de la lucha antifascista, defensa de la libertad, heroísmo y altruismo. Entre los combatientes que después tuvieron relevancia política, estuvieron Willy Brandt, canciller de Alemania; Enver Hoxha, primer ministro de Albania; “Tito”, presidente de Yugoslavia.

Lucha ideológica

Durante la guerra, el ejército fascista practicó de forma premeditada una limpieza ideológica. Cuando entraban en una localidad lo primero que hacían era elaborar una lista con las personas que habían apoyado a la República, para eliminarlas. Fue un auténtico genocidio por el que, además de subvertir el orden constitucional, exterminaron a la oposición política para muchos años.

La guerra se cobró la vida de 540 mil personas, de las cuales 200 mil fruto de la represión; más 270 mil encarcelados, más de 500 mil exilados. España, con más de 114 mil desaparecidos, es el segundo país del mundo con mayor número de desaparecidos cuyos restos no han sido recuperados ni identificados.

Los trotskistas y anarquistas querían “hacer la revolución”, por encima de ganar la guerra. No aceptaban un Ejército Popular con dirección única y no reconocían al gobierno republicano de Cataluña.

Esta postura culminó con los hechos de mayo de 1937, en Barcelona, en la que comunistas y socialistas restituyeron al gobierno catalán después de un sangriento enfrentamiento y la detención de los líderes alzados contra la República, por contrarrevolucionarios y practicar la división interna que los fascistas estaban utilizando.

Los comunistas y socialistas, en ese momento, no planteaban luchar por la dictadura del proletariado, sino que tenían como objetivo prioritario ganar la guerra, porque sin una victoria era del todo imposible el planteamiento revolucionario.

El Partido Comunista de España (PCE) alcanzó los 301 mil afiliados durante la II República, más 22 mil en la sección vasca y 60 mil en la sección catalana. Creó las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas.

El PCE empezó a crear un Ejército Popular con la constitución del «Quinto Regimiento de Milicias Populares», que llegó a contar con 70 mil combatientes, siendo el cuerpo de élite del ejército republicano.

Los soldados podían elegir a sus oficiales, pero luego debían acatar las órdenes. Su periódico fue el diario Milicia Popular. Instauraron los Comisarios Políticos en todas las unidades del Ejército. Sus actividades se extendieron a las áreas social y cultural. Al Quinto Regimiento estuvieron alistados conocidos poetas y escritores comunistas, como Rafael Alberti y Miguel Hernández.

La lucha contra el fascismo en España terminó con una derrota temporal, pero abrió el camino a la victoria de los pueblos sobre el nazi-fascismo en 1945.

Esta y otras experiencias deben servirnos a las nuevas generaciones para calibrar lo inescrupuloso del fascismo en lograr sus objetivos, además del valor de la unidad y su necesario contenido político-ideológico.

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