Julius Fucik: reportaje al pie del patíbulo


Enrique García Rojas. Especial para TP

Este relato, testimonio mundial contra la brutalidad del fascismo, fue lectura obligada en los años sesenta, que orientó nuestra condición de ser comunista; significando luchar por una sociedad de iguales que implique el reparto equitativo de la riqueza producida y la distribución justa de los beneficios para favorecer a los más necesitados, alegoría perturbadora que opone el amor y la inteligencia a la barbarie enemiga.

En la Segunda Guerra Mundial, Checoeslovaquia es ocupada por las fuerzas del nazismo y en abril de 1942 es hecho prisionero el camarada Julius Fucik, periodista y escritor miembro activo del Partido Comunista y de la resistencia anti-nazi.

Durante la etapa de su confinamiento escribe a manera de reportaje sus experiencias como condenado, estos escritos salen clandestinamente de la prisión y posteriormente recopilados por su mujer Gusta Fucikova.

Transcribo para los lectores un fragmento de esta conmovedora narración:

«… Este es mi testamento para ustedes, padre madre y hermanas; para ti mi Gusta y para ustedes, camaradas, para todos aquellos que he querido. Si creen que las lágrimas borrarán el triste torbellino de la pena, lloren un momento. Pero, no se lamenten. He vivido por la alegría y por la alegría muero, y sería un agravio poner sobre mi tumba el ángel de la tristeza. (…) El que entrega su vida a la lucha revolucionaria, debe hacer vida de ese mandato para ser digno de ese calificativo».

Fucik, combatiente comunista, desde la celda de la Gestapo, poco antes de su ejecución, nos deja esta despedida de hombre enamorado de la vida.

Este libro –que ha sido traducido a más de ochenta idiomas– constituye un componente fundamental de estudio para los revolucionarios.

El relato va desde los detalles de su desventurada detención hasta la explicación de las condiciones de subsistencia en la cárcel, pasando por el inventario de las torturas y humillaciones cometidas por los funcionarios policiales; estas circunstancias descritas le dan al libro universalidad y plena vigencia por sus alusiones a la seguridad absoluta en el porvenir socialista.

Militancia comunista y literatura se confundieron en esta publicación, testimonio del periodismo comprometido.

El 25 de agosto de 1943, Julius Fucik es condenado a muerte y en el juicio declara ante los tribunales nazis: «Sé que seré condenado a muerte y que mi vida llega a su fin, pero, también sé que hice lo que pude por nuestra victoria. Estoy seguro de que seremos vencedores. Nosotros moriremos pero otros vendrán a continuar nuestra obra».

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