¡La clase obrera debe tomar el Poder! (I)


Edgar Meléndez. Especial para TP

Del materialismo dialéctico aprendimos que los saltos cualitativos se producen como resultado de la acumulación cuantitativa, lo que –aplicado al estudio de la historia– deja muy en claro que el cambio de los modos de producción que ha transitado la humanidad, y de las formaciones socio-económicas a ellos ligadas, son procesos históricos largos y complejos.

La Gran Revolución Bolchevique triunfó el 7 de noviembre de 1917 (según el vigente y predominante calendario gregoriano, y 25 de octubre en el viejo calendario juliano utilizado para la época en la Rusia Zarista, de ahí el nombre de ‘Revolución de Octubre’), dejó grabado ese día como el más luminoso de la humanidad en la perspectiva de su liberación real y definitiva de las cadenas de la esclavitud y de la prehistoria.

Con la gesta de la Revolución rusa de 1917 –la más genuina, profunda e influyente de la historia–, se inauguró la Era del tránsito del capitalismo al Socialismo, por la que tras casi 100 años aun transitamos, con la poderosa arma científica del marxismo-leninismo.

La victoriosa Revolución Socialista de Octubre, liderada por el Partido Bolchevique construido por Lenin años antes en dura lucha contra el reformismo, oportunismo y revisionismo agrupado en el menchevismo –del que participaba Trotsky, a pesar de interesadas tergiversaciones históricas que intentan borrar este hecho–, aplicó audaz y consecuentemente el marxismo y supo guiar, sin vacilación alguna, a la clase obrera rusa a la toma del poder.

La toma del poder político, en palabras de Marx, es “el proletariado organizado como clase dominante” y, a través de este proceso, la Revolución de Octubre conquistó para el pueblo ruso y para toda la humanidad enormes logros económicos, políticos, sociales, científicos y militares que aún espantan a la burguesía mundial y que deben ser referente para la clase obrera y el pueblo trabajador de que un mundo mejor no sólo es posible sino que únicamente es posible en Socialismo como etapa de tránsito al Comunismo.

Conocer, estudiar, analizar e internalizar esta victoria y su resonancia desde una posición de clase, debe siempre resaltar el hecho de que la misma necesitó un Partido de Nuevo Tipo, altamente disciplinado, afincado en el principio leninista del centralismo-democrático y en la concepción de la política como una ciencia, con la guía insustituible del marxismo que le permitió vadear los cantos de sirena del gobierno burgués de Kerenski y compañía que ofrecían migajas a la clase obrera, ante lo cual Lenin y el Partido Bolchevique (comunista) se opusieron, poniendo sobre el tapete la necesidad del poder para la clase, con la consigna «¡Todo el Poder a los Soviets!».

No bastaba con haber derrocado a la monarquía zarista, no bastaba con reformas, ni siquiera bastaba con percibir como un avance la “dualidad de poderes” ya que –como se ha demostrado en la historia, incluyendo la reciente de Venezuela–, la única posibilidad de transformación social revolucionaria está exclusivamente garantizada por la toma del poder por la clase obrera y el pueblo trabajador, a través de su vanguardia y Estado Mayor: el Partido marxista-leninista.

Este requisito imprescindible, es una de las muchas lecciones que aprender por quienes en nuestro país –y en cualquier parte– crean que algún sector de la burguesía o la pequeña burguesía, por progresista que sea, cumplirá las tareas revolucionarias del verdadero sujeto histórico de la Revolución Socialista: el proletariado.

Por eso la palabra orientadora de Lenin, en los críticos días antes de la revolución, debe resonar en la conciencia y en el accionar de quienes honestamente asuman el socialismo científico: “Debemos repetir que somos marxistas y que nos basamos en el Manifiesto del Partido Comunista, desfigurado y traicionado por la socialdemocracia”.

Esta sentencia fue una dura protesta contra quienes estaban guiando al proletariado y al pueblo trabajador a una derrota histórica después de la ‘Revolución de febrero’ de 1917 y la instauración del gobierno reformista que enajenaba a las masas desviándolas de la necesidad de la lucha por el poder, estando las condiciones objetivas y subjetivas maduras para pasar a la Revolución Socialista, en una Rusia diezmada por la Guerra Mundial y atrasada por el sistema zarista.

Una vez tomado el poder político, Lenin y el Partido Bolchevique no perdieron un momento en dedicar especial atención a la aplicación de medidas revolucionarias ya prefiguradas en escritos como «Las Tesis de Abril» y «El Estado y la revolución», sabiendo que el proletariado debía destruir el Estado burgués y construir su propio Estado de transición: la dictadura del proletariado.

La Revolución de Octubre, sus antecedentes, su contexto, sus hazañas, sus conquistas y consecuencias deben ser materia de obligatorio estudio para la clase obrera en todo el mundo. En Venezuela tenemos mucho que aprender de ella, al menos quienes realmente nos planteamos la construcción del Socialismo.

 

 

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