¿Existe riesgo de hiperinflación en Venezuela?


Por: ANDRÉS VILLADIEGO. Especial para TP

 

Durante 2015 la inflación rompió un record histórico al ubicarse en 180,9%, y para el año 2016, si bien no se han publicado cifras oficiales sobre el aumento del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), diferentes estimaciones apuntan a que la misma se ubica por encima del 500% anual. Estos elementos han llevado a plantear la discusión sobre la existencia de una situación hiperinflacionaria en Venezuela, que ya estaría presentando sus primeras manifestaciones.

La literatura sobre la hiperinflación nos refiere a la definición del economista estadounidense Philip Cagan, el cual estableció, en 1956, que una situación de hiperinflación es aquella en la cual el aumento de los precios es de al menos 50% mensual, y que además dicha situación se mantiene por al menos dos meses. De acuerdo a esta tasa mensual, la proyección para la inflación anual puede llegar al 13.000%, sin embargo, en los países latinoamericanos los episodios hiperinflacionarios alcanzaron las cifras de 11.749% en el caso de Bolivia (1985), 7.649% en Perú (1990), 3.079% en Argentina (1989) y 2.075% en Brasil (1993).

En el caso de Venezuela, si la inflación oficial de 2016 se ubica entre 500% y 800%, con una media mensual de 25%, se pudiese afirmar entonces que, si bien existe una inflación galopante, no puede hablarse de hiperinflación conforme a su definición clásica. No obstante, en los últimos meses se ha observado un reimpulso en el incremento de los precios, asociado principalmente al crecimiento de la liquidez monetaria a partir de agosto del año pasado (ver gráfico anexo), y al aumento del tipo de cambio paralelo el cual, se ha convertido en el principal marcador de precios de la economía.

En las economías latinoamericanas, los episodios de hiperinflación tienen su primera manifestación en la persistencia de déficits públicos, lo cual significa que el Estado no cuenta con suficientes ingresos para cubrir el presupuesto de gastos, esto conduce a la emisión de dinero para cubrir dicho déficit, dando comienzo a una espiral inflacionaria que incluye una pérdida de valor de la moneda con respecto a divisas como el dólar. Esta espiral inflacionaria produce una caída en el poder de compra de los salarios que se intenta compensar con sucesivos incrementos salariales, lo cual alimenta un nuevo ciclo de déficit-emisión monetaria-inflación.

En Venezuela, en menos de 12 meses se ha incrementado el ingreso mínimo de los trabajadores en cinco ocasiones, lo cual es un claro indicio de una espiral inflacionaria que no pudo detenerse en 2016, y que para 2017 amenaza con agudizarse.

En una situación como ésta, se genera una carrera entre salarios e inflación en la cual la suerte está echada en contra de los salarios, por ello es necesaria una política de estabilización de precios que sea el fundamento para una recuperación real del ingreso de los asalariados.

De igual forma, la publicación de las cifras mensuales del INPC puede generar las señales de alerta que eviten una situación hiperinflacionaria y el agravamiento de la crisis. La hiperinflación es una enfermedad en el sistema económico y como toda enfermedad debe ser diagnosticada adecuadamente de acuerdo a criterios científicos, de lo contrario, los resultados pueden ser catastróficos.

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