A 15 años… recordar las lecciones de abril


Por: NATALYA M. GARCÍA. Especial para TP

La historia siempre nos ofrece puntos de partida. En ella, con mucha frecuencia, se puede apreciar que la burguesía, como clase dominante, no permanece inerte ante los cambios políticos, económicos o sociales que amenazan, en menor o mayor medida, sus intereses.

En Venezuela, un ejemplo latente de ello lo constituyen los hechos acaecidos previo y en torno al 11 de abril de 2002: un golpe de Estado fascista contra el entonces presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez. Como todo golpe de la derecha, naturalmente constituyó un intento de socavar las libertades democráticas y las conquistas que venía alcanzando el pueblo venezolano.

La confabulación –planificada y dirigida por el imperialismo estadounidense y ejecutada por la derecha lacaya a sus intereses–, dejó un saldo de decenas de muertos, heridos y detenidos, que no llegó a convertirse en genocidio por la rápida, firme y contundente respuesta del pueblo y los militares patriotas, además de las contradicciones que de inmediato surgieron entre los complotados.

La bandera y excusa para “legitimar” el golpe, giró sobre el tema de la renuncia a la que se presionó al Presidente electo, cimentando el escenario propicio para que el máximo representante de la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras) se autoproclamara y presentara ante los medios de comunicación como el Presidente de facto de la nación.

La poca creatividad llevó a la burguesía pro-imperialista a denominarlo “gobierno de transición”, y fue más breve de lo que pensaban. Sin embargo, esas 47 horas que duró el gobierno de facto, dejó importantes lecciones para el pueblo trabajador venezolano.

El silencio cómplice de los medios de comunicación privados pretendía cercenar la reacción popular. No obstante, el pueblo salió a la calle. Y recibió el 13 de abril alerta, consciente y movilizado para regresar al presidente Chávez a Miraflores y, también, para defender el proceso de cambios que éste lideraba.

Hoy, los representantes del imperialismo, las trasnacionales y la derecha persisten en intentar subordinar a la clase obrera venezolana a los intereses del capital. En este contexto, tratan de generar las condiciones favorables que “justifiquen” la injerencia del imperialismo estadounidense –directamente o mediante alguna de sus fachadas– contra nuestra soberanía.

A 15 años de aquellos días en que la burguesía y la oligarquía fueron derrotadas por un pueblo combativo y en lucha, una tarea fundamental, hoy, sigue siendo fortalecer la participación y el protagonismo de la clase obrera. La defensa de las conquistas alcanzadas, históricamente y a lo largo del proceso iniciado en 1999, parte, sin lugar a dudas, por la profundización revolucionaria del proceso bolivariano, para darle perspectiva hacia estadios superiores de desarrollo.

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