Espacios de difusión musical


JUAN DIEGO GÓMEZ ROJAS. Especial para TP

Estudiante de la Escuela Superior de Música «José Ángel Lamas»

Actualmente, una agrupación musical logra mostrar su obra artística a un público particular a través de una diversidad tan amplia de formas que, gracias al desarrollo científico-técnico, obligan a los artistas a desarrollar habilidades que van más allá de los conocimientos meramente musicales.

Los espacios de difusión de la música –lo que es la galería para el pintor o la sala de cine para el actor de este arte– poseen una relación tan íntima con la obra misma que, en muchos casos, pueden elevar o disminuir la calidad de una improvisación de rap o una ópera de Verdi.

La aguda crisis que actualmente vive el capitalismo rentista venezolano, además de unas políticas culturales que fortalecen dicho modelo, ha venido afectando con mucha fuerza no sólo a los trabajadores de la cultura dedicados a la creación e interpretación de la música, sino además a aquellos trabajadores y empresarios que se dedican a los espacios para difundir la música, ya sea en vivo, grabada u on-line.

Dificultades económicas

Los elevadísimos costos con los que actualmente cuenta un local comercial, un teatro o una concha acústica, para mostrar música en vivo, han influido en la disminución de conciertos y de calidad de los mismos, ya que para mantener medianamente la rentabilidad de dicho establecimiento, hacen una reducción al presupuesto orientado a los requerimientos técnicos o al pago de los músicos, seguido de una disminución en el calendario de conciertos.

Además, las empresas venezolanas dedicadas a la venta de música digital han llegado a una encrucijada en su catálogo de discos o sencillos promocionales, ya que los precios para la grabación de un disco de altísima calidad son cada vez más elevados y se manejan, en muchos casos, en dólares. Esto le quita posibilidad de actualización y enriquecimiento del catálogo que estas empresas pueden ofrecer al público venezolano, bajo condiciones bastante desventajosas con respecto a las páginas internacionales de consumo musical por subscripción paga (streaming) que, según los estudios del 2016 sobre el consumo musical, vienen desplazando con mucha fuerza todas las otras formas de venta de música digital.

Por último, sin hacer gran mención sobre la continua disminución de las ventas del disco en físico, podemos notar que el mercado venezolano se ha venido deteriorando sistemáticamente en cada uno de los eslabones de la cadena de valor.

En consecuencia, frente a esta realidad, el cliente que ha venido monopolizando, cada vez con más fuerza, la capacidad de la compra de los bienes y servicios culturales ha sido el Estado –burgués, por su carácter de clase; e improductivo, por su modelo histórico de desarrollo–.

https://issuu.com/tribuna_popular/docs/tp_2982/15

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