150 años de «El Capital»: Develada la naturaleza explotadora del capitalismo


Hace 150 años El Capital sentó las bases de la economía política revolucionaria

FERNANDO ARRIBAS GARCÍA. Especial para TP

Miembro del Comité Central del PCV

Si el Manifiesto del Partido Comunista es la obra más importante y más conocida de la primera fase adulta de Karl Marx, no cabe duda de que El Capital es el trabajo fundamental de su segunda y última fase.En su primera fase adulta, Marx estaba concentrado en establecer las bases filosóficas de la concepción dialéctico-materialista de la historia universal, estaba empeñado en demostrar y demostrarse, lo que logra brillantemente con el Manifiesto, que en efecto «la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases», y que esta lucha tiene siempre sus raíces últimas en el proceso de producción social de bienes, es decir en la economía.

Una vez cumplida esta tarea, y sentados sobre los hechos económicos de la sociedad los fundamentos de lo que se dio en llamar materialismo histórico, Marx entendió la urgente necesidad de elaborar con mayor detalle un estudio científico precisamente de tales hechos, del funcionamiento interno de las economías, particularmente de la capitalista, y es a este propósito que se dedica El Capital.

Los tres (o cuatro) tomos

A pesar de inconclusa, esta obra es de dimensiones monumentales. Sólo su primer tomo fue completado por el propio Marx y publicado durante su vida, en septiembre de 1867, hace ahora exactamente 150 años. Las dos partes subsiguientes fueron editadas y dadas a la imprenta por Friedrich Engels, en 1885 y 1894, respectivamente, sobre las abundantes notas y los manuscritos dejados por Marx, y aproximadamente de acuerdo con el plan general de la obra, que también había dejado esbozado antes de su muerte.

Existe una supuesta cuarta parte, publicada ya en el siglo XX bajo la edición de Karl Kautsky, que es en realidad un conjunto de escritos dejados por Marx con el título colectivo de Teorías de la Plusvalía, y cuya inclusión en el plan original de la obra no queda suficientemente clara. Por razones de rigor histórico, preferimos considerar a este libro como una obra separada, aunque íntimamente ligada a El Capital.

En líneas generales, se puede decir que el primer tomo se concentra en los mecanismos fundamentales de la producción de mercancías y el trabajo asalariado; el segundo en los mecanismos de realización de las mercancías, la circulación del capital y su reproducción y acumulación; y el tercero en los mecanismos generales del capitalismo como sistema y sus tendencias históricas.

El valor-trabajo y la plusvalía

El primer libro fija las ideas principales de la obra, y establece la tesis fundamental de la economía política revolucionaria: la teoría de la plusvalía. Este es el concepto clave para comprender, entre otras cosas, la naturaleza inherentemente explotadora del capitalismo, la necesidad de su abolición revolucionaria, y las razones por las que tal abolición debe ser llevada a cabo bajo la vanguardia de la clase obrera.

Los análisis de Marx, siguiendo la senda de los clásicos Adam Smith y David Ricardo, demuestran que la única fuente de toda riqueza adicional a la intrínseca de la naturaleza es el trabajo, el empleo productivo de la fuerza de trabajo humana. Marx demuestra asimismo que en el capitalismo ese trabajo siempre produce más valor que el estrictamente necesario para la preservación y reproducción de los propios trabajadores, e incluso de toda la estructura productiva en la que éstos se insertan. He aquí la «plusvalía».

Bajo las condiciones capitalistas, esto se traduce en que los trabajadores producen más que el equivalente al pago que reciben de sus empleadores. Y esa diferencia, ese exceso de riqueza producida por el trabajador y no remunerada, se queda en manos del patrono, quien no produce riqueza alguna. He aquí la «explotación».

Reproducción del capital

En el segundo tomo sobresalen los capítulos dedicados a la «reproducción simple» del capital, que es aquella que procura apenas cubrir el reemplazo y renovación de los requisitos materiales para el próximo ciclo productivo en condiciones similares al anterior; y la «reproducción ampliada», en la que parte de la plusvalía de un ciclo es convertida en más o mejores elementos productivos que magnifican el potencial del trabajo, y por lo tanto la producción y la plusvalía total obtenida en el siguiente ciclo.

De importancia es la distinción entre «capital variable» y «capital constante», esto es, entre la fuerza de trabajo social empleada en un cierto proceso productivo, y los medios de producción correspondientes tales como máquinas, herramientas, edificios, materias primas. Marx demuestra que es el capital variable, que el empleador compra al trabajador jornada a jornada, y no el constante, propiedad del empleador, el que tiene la capacidad de producir nuevo valor.

Al ser usado, el capital constante apenas transfiere su valor al producto terminado, bajo la forma de desgaste de maquinarias y herramientas, o consumo de materias primas. Pero el capital variable, en cambio, no se limita a transferir valor al producto, sino que crea un valor enteramente nuevo, por lo que no sólo cubre su propia reproducción y manutención, sino que es la fuente de todo excedente.

Queda así desmentida la idea de que, simplemente por ser dueño de una fábrica, el patrono tiene derecho natural a apropiarse de la riqueza en ella producida: no es su fábrica la que produce la riqueza, sino el trabajo que en ella desempeñan los obreros.

Tendencias y ciclos

Del tercer libro son especialmente conocidos los capítulos dedicados a la «tendencia decreciente de la tasa de ganancias», en que Marx expone cómo el incremento gradual del capital constante en relación con el variable se traduce en una caída tendencial de la tasa de ganancias general en una sociedad dada, siempre que se mantenga constante la tasa de extracción de plusvalía (explotación).

Debido a la necesidad de aumentar su productividad y mantenerse competitivo, cada empresario invierte cada vez más en capital constante; pero puesto que es el capital variable el que genera la riqueza, la decreciente proporción de este último en relación con el constante determina una tendencia a que caiga la tasa de ganancias obtenidas por unidad de capital invertido. Esto lleva al empresario a aumentar ya la tasa de extracción de plusvalía o ya la masa total de capital invertido, para evitar que caiga la masa de ganancias totales.

Marx dedicó apenas parte de un capítulo para exponer el concepto de la tendencia, pero usó el resto de ese mismo capítulo y otros dos completos para explicar las influencias contrarias que determinan que esa tendencia no se cumpla. Por lo tanto, son infundadas las críticas que acusan a Marx de haber predicho equivocadamente una caída que no ha ocurrido; él tenía plena conciencia de que así sería. Lo principal no es la posibilidad de la caída de las ganancias en sí, sino las consecuencias que la tendencia implica en términos de caída relativa de salarios, sobreproducción relativa, sobrepoblación relativa y otros fenómenos, que determinan la inestabilidad intrínseca del capitalismo, expresada en las conocidas crisis cíclicas.

De la teoría a la acción

El Capital es la obra cumbre de Marx, que expone con rigor científico los conceptos centrales de la economía política revolucionaria. De allí, de esos conceptos seminales, nace el inmenso abismo que separa a los economistas burgueses, ocupados en administrar y cuantificar las riquezas, de la ciencia económica marxista, que busca en cambio develar y explicar cómo y de dónde surgen esas riquezas.

Estos conceptos fundamentales develan inequívocamente tanto la naturaleza inherente del capitalismo como sistema de explotación de unos por otros, como la misión histórica que corresponde a la clase trabajadora, creadora de toda la riqueza de la sociedad y víctima de ese robo legalizado que es el trabajo asalariado: hacer la revolución y derrocar el capitalismo.

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