LA ANC Y LAS MEDIDAS ECONÓMICAS


ANDRÉS VILLADIEGO. Especial para TP

Economista

El pasado 7 de septiembre, el presidente Nicolás Maduro anunció ante la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) la implementación de una serie de medidas, así como ocho iniciativas legislativas cuyo objetivo es superar la crisis económica.

Entre los anuncios se destacan la adopción de un sistema de fijación de precios para 50 rubros de primera necesidad, la diversificación del sistema de pagos internacionales a través de la utilización de una canasta de divisas y el establecimiento de mecanismos legales que promuevan la inversión extranjera y determinen el régimen tributario sobre las actividades económicas en el Arco Minero del Orinoco.

El anunciado sistema de fijación de precios es un nuevo intento de frenar la inflación mediante la adopción de medidas administrativas que no tienen mayor impacto sobre los determinantes económicos que son las causas de fondo del problema. Se trata de un híbrido entre liberación y control de precios, que apunta al establecimiento de un sistema de precios «consensuados», según lo han afirmado voceros oficiales. Tal medida difícilmente logrará tener efectividad y sostenibilidad, ya que parte desde la suposición de que los precios y las ganancias pueden ser controlados sometiéndolos a la administración del Estado capitalista, suposición que ha sido desmentida por la experiencia histórica tanto en Venezuela como en el mundo.

Conciliación reciclada

La economía política marxista, basándose en el comportamiento inherente del sistema capitalista, demuestra que son otros factores, como la productividad del trabajo, la competencia entre capitales y las condiciones macroeconómicas, las que determinan los niveles generales de precios así como su fluctuación.

Precisamente por ello, el control de la inflación requiere medidas de conjunto en materia fiscal, monetaria y cambiaria, así como políticas de estímulo a la producción y al aumento de la productividad.

Asimismo, muy poco efecto puede tener el «control» de los precios de 50 rubros específicos si las demás mercancías siguen siendo afectadas por la inflación a lo largo de toda la cadena de producción, distribución y comercialización; más temprano que tarde, la dinámica inflacionaria general terminará afectando los rubros sometidos al control.

Pero lo más grave es la propia concepción de la política económica que sustenta la tesis de establecer precios «consensuados» con los empresarios, partiendo de la ilusión de que éstos renunciarán de buena gana a parte de sus cuotas de beneficio, y de que el Estado capitalista y burocrático será capaz de velar efectivamente por el cumplimiento de los precios «acordados». Sencillamente se trata de una política de conciliación de clases para el «control de la inflación» que hace recordar el infame «pacto anti-inflacionario» del segundo gobierno de Caldera.

No se puede combatir el flagelo de la inflación ni recuperar el ingreso real del pueblo trabajador con medidas parciales, y menos si éstas surgen del pacto y la conciliación con sectores empresariales. Si no se logra estabilizar los precios y recuperar la economía del país, crecerá el descontento entre la clase obrera y el pueblo en su conjunto; caldo de cultivo para el accionar de la derecha pro-imperialista.

II

A un mes de anunciado un conjunto de medidas en materia económica ante la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), no hay avances hacia la estabilización de los precios, ni en el combate contra la especulación, especialmente en el mercado cambiario. Se anunció la adopción de «un nuevo sistema de pagos internacionales basado en monedas distintas al dólar», sin que hasta la fecha se haya concretado su ejecución.

Debido a las limitaciones derivadas del atraso y las distorsiones estructurales de la economía venezolana, una medida aislada como la sustitución del dólar (USD) por alguna divisa alternativa (el yuan, por ejemplo), probablemente no logrará estabilizar el mercado cambiario.

Para que funcione adecuadamente, cualquier mercado cambiario requiere regularidad, criterios racionales en la fijación del tipo de cambio, y transparencia en sus mecanismos. Si se decidiese migrar al yuan (CNY) como principal divisa de referencia, sería necesario entonces un ingreso regular y sostenido en CNY por concepto de exportaciones, lo que en la actualidad no ocurre, ni podrá ocurrir en el corto y mediano plazo. La alternativa sería contraer deuda en CNY, lo cual además de aumentar los ya altos niveles de la deuda externa, requeriría disponibilidad a futuro de dicha divisa para los pagos a su fecha de vencimiento.

PROBLEMAS DE FONDO

El comercio exterior de Venezuela está configurado de tal manera que EE.UU., país que recibe cerca de 40% del total exportado por PDVSA, sigue siendo el principal destino de nuestras exportaciones petroleras. Aunque ha habido en los últimos años un crecimiento de las exportaciones hacia nuevos mercados como India, debe tomarse en cuenta que el volumen de ese comercio es todavía pequeño; y en cuanto a las exportaciones a China, que sí son relativamente voluminosas, éstas sirven como forma de pago de deudas previamente contraídas con dicha nación, lo que significa que no generan «flujo de caja» (ingresos) en divisas. Por tanto, el grueso de nuestro ingreso externo continúa siendo en USD.

También la mayoría de nuestras importaciones provienen de EE.UU.; y, de todas maneras, independientemente del país de origen de las importaciones, los pagos exigidos en dichas operaciones comerciales se realizan casi exclusivamente en USD.

En el caso de que se implemente un sistema de pagos en CNY, se estaría agregando un eslabón más a la cadena de intermediación cambiaria, elevando los costos totales de las operaciones por los pagos de comisiones causadas por la conversión de CNY en USD y viceversa, e introduciendo nuevas oportunidades para el enriquecimiento de los especuladores cambiarios.

Por otra parte, si se utiliza cualquier divisa distinta al USD, probablemente se eleven las presiones sobre la demanda de la moneda sustitutiva, aumentando su cotización, con lo cual surgirían los problemas técnicos relacionados con la fijación de su tipo de cambio. Lo anterior puede dar paso a la aparición de un mercado paralelo de yuanes, rublos, rupias, o cualquier otra moneda que se utilice.

Así que, incluso, si se sustituye efectivamente el USD como medio de pagos internacionales, sólo se estarían trasladando las actuales distorsiones del mercado de divisas a otro signo monetario, sin avanzar hacia la corrección de los problemas de fondo.

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