El mito de la inversión privada en Venezuela


ANDRÉS VILLADIEGO. Especial para TP

Economista

 

Los operadores ideológicos del capital insisten en la necesidad de generar «condiciones favorables» para la inversión privada en Venezuela, a fin de impulsar el crecimiento del PIB y superar la crisis económica. Desde el sector privado, se repite que mientras no exista «seguridad jurídica», no habrá un flujo de inversiones hacia el país.

Por su parte, el Gobierno ha hecho llamados a invertir en Venezuela ofreciendo condiciones ventajosas para el capital privado como las que se establecieron en las Zonas Económicas Especiales. Lo que ninguno de ellos menciona es cuáles son esas condiciones favorables para la inversión privada, tanto nacional como extranjera, pues ello pondría en evidencia el funcionamiento general del modo de producción capitalista y su forma específica de desarrollo en el país.

En general, la inversión privada fluye hacia aquellos sectores económicos y territorios donde se garanticen los beneficios empresariales, que a su vez tienen su origen en la obtención de plusvalía. Los países que garanticen la explotación de la fuerza de trabajo, y por lo tanto las mejores condiciones para la reproducción del capital, resultarán más atractivos para la inversión privada. La seguridad jurídica por la que claman los capitalistas, es en realidad un entorno institucional que favorezca la explotación de millones de trabajadores.

En particular, el capitalismo venezolano se basa en los hidrocarburos y la minería. Históricamente, los ciclos de inversión privada en Venezuela han estado relacionados con los auges petroleros, y en los últimos 20 años esto no ha cambiado. Un aumento en los precios de los hidrocarburos genera mayor rentabilidad en esa actividad económica, lo cual atrae la inversión privada. El gráfico muestra que, desde 1998 hasta 2014, la formación bruta de capital fijo ha tenido un comportamiento cíclico: caída profunda durante la crisis petrolera de 2001-2003, gran auge durante el «boom» 2004-2008, decrecimiento en 2009-2010, recuperación en 2011-12, nueva recaída desde 2013. Como se ve, la inversión, tanto estatal como privada, está asociada a los altibajos del mercado petrolero.

Ahora el Gobierno nacional busca atraer capitales extranjeros a la minería y los hidrocarburos para superar la crisis; pero con ello está apenas creando condiciones para que se inicie un nuevo ciclo de auge y posterior colapso, dictado por la inestabilidad inherente de la economía extractivista. Además, tales inversiones implican en realidad una desinversión a largo plazo, ya que resultarán en una reducción del «stock» de recursos con que cuenta la Nación.

El verdadero crecimiento estable y sostenido de la economía pasa necesariamente por generar mecanismos de ahorro nacional, y utilizar los ingresos que obtenga el Estado para la inversión productiva en áreas estratégicas, sin que ello dependa de la inversión privada. Incentivar al capital privado para que se aproveche de los recursos naturales que son propiedad de la Nación, más que fomentar inversiones, es apostar a un juego cuyos resultados pueden resultar muy perjudiciales.

 

 

https://issuu.com/tribuna_popular/docs/tp_2986/11

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