«Alianza para el Progreso»: dólares contra la rebelión


La respuesta de EEUU al ejemplo de la Revolución Cubana

 

ENRIQUE GARCÍA ROJAS. Especial para TP

Profesor de Literatura

 

La reacción estadounidense no se hizo esperar ante el influjo de la triunfante Revolución Cubana. Tras el inicio de la «Guerra Fría», el Gobierno de EEUU había venido modificando su estrategia panamericana establecida desde antes de la Segunda Guerra Mundial; ahora, con la apertura del frente cubano en el contexto de su confrontación con el sistema socialista mundial, ofreció ayuda económica a los países latinoamericanos a cambio de la aprobación de sanciones contra Cuba.

Esa conducta estadounidense se expresó, entre otras acciones, en la «Alianza para el Progreso», iniciativa anunciada por el presidente John F. Kennedy, en un discurso ante el Congreso el 13 de marzo de 1961. Se trataba, en resumidas cuentas, de un mecanismo de contención de la influencia y el ejemplo del glorioso proceso revolucionario cubano, enmascarado como política de asistencia para el desarrollo de nuestros países.

 

POLÍTICA CONTRAINSURGENTE

La «Alianza para el Progreso» tenía como objetivo principal fortalecer –mediante reformas financiadas con la participación de EEUU– las posiciones de las burguesías locales, contra una posible situación revolucionaria en el continente inspirada en el ejemplo cubano. La política comprendía el financiamiento de 20 mil millones de dólares, así como la asistencia de asesores en diversas materias económicas y sociales.

La presentación oficial de esta iniciativa ocurrió en el Consejo Interamericano Económico y Social de la Organización de Estados Americanos (CIES-OEA) en agosto de 1961, en Punta del Este, Uruguay. Pese a que intentaron mostrarla como un programa exclusivamente económico y social, quedó en evidencia que la «Alianza para el Progreso» era en realidad una acción política, que buscaba aislar a la Revolución Cubana y contener el desarrollo del movimiento revolucionario en el continente.

La crítica demoledora del comandante Ernesto «Che» Guevara, representante cubano en ese encuentro de la OEA, subrayó que: «… se establece un programa de medidas en América Latina para la regimentación del pensamiento, la subordinación del movimiento sindical y, si se puede, la preparación de la agresión militar contra Cuba. Se prevé […] movilización, desde ahora mismo, de los medios de difusión y propaganda latinoamericanos contra la Revolución Cubana y contra la lucha de nuestros pueblos por su libertad…».

Algo que no cuenta la historia oficial, y que confirma lo acertado de la denuncia del Che, es que, junto con la «Alianza para el Progreso», llegó a nuestros países un programa militar denominado LASO (Latin American Security Operation), diseñado en Washington en el marco de la doctrina de «seguridad nacional», como ejecutor de la contrainsurgencia que habría de contribuir a la tortura, desaparición y muerte de millares de revolucionarios de todo el continente a lo largo de las décadas de 1960 y 1970.

 

 

https://issuu.com/tribuna_popular/docs/tp_2988/2

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