Criptomoneda en la economía venezolana


Con perspectiva estratégica deben analizarse los peligros y amenazas

 

Tribuna Popular.- Desde que el presidente de la República, Nicolás Maduro, el pasado 3 de diciembre, en el marco de la Feria Internacional de Ciencia y Tecnología «Jacinto Convit», anunció la creación de la moneda digital o criptomoneda, que se denominará «Petro», ésta se ha convertido en un tema recurrente en todo espacio formal e informal de discusión política, sobre todo por la aguda crisis que sigue atravesando el modelo de acumulación capitalista dependiente y rentista de Venezuela.

Maduro informó que nuestro país utilizará «una criptomoneda para realizar sus transacciones financieras y buscar nuevas formas de financiamiento», como una alternativa para realizar operaciones en el mercado internacional y superar las dificultades que ha implicado el bloqueo financiero impuesto por el Gobierno de EEUU, denunciado el Ejecutivo nacional.

El presidente Maduro señaló que la criptomoneda Petro estará respaldada por las reservas de oro, petróleo, gas y diamantes que posee Venezuela. De igual manera, fue aprobado el punto de cuenta para la creación del Observatorio Nacional de Blockchain (cadena de bloques), desde el cual, según se dijo, más de 50 especialistas de múltiples áreas de conocimiento van a estructurar el diseño de funcionamiento del Petro.

En este sentido, el 8 de diciembre, el presidente Maduro anunció la creación de la Superintendencia de la criptomoneda venezolana, «para que rija el rumbo del Petro desde Venezuela y con el mundo», instancia que será dirigida por el constituyente Carlos Vargas, connotado exdirigente de oposición devenido en ferviente chavista.

Vargas resaltó que «por primera vez los venezolanos a partir de la emisión de esa moneda vamos a poder adquirir de manera tangible un poquito de petróleo, una gota o un barril. A través de esta moneda los venezolanos tendremos un activo recurso para combatir al dólar especulativo».

 

CONFIANZA Y RESPALDO

El uso de criptomonedas se origina en la necesidad de movilizar y legitimar capitales –muchas veces con un origen ilícito– que por restricciones legales no pueden ser movilizados por los canales regulares, es decir, a través del sistema financiero.

Las monedas digitales tienen el respaldo de activos líquidos (divisas, acciones, etc.), por tanto, son convertibles una vez que son movilizadas mediante el sistema descentralizado que opera a nivel mundial para tal fin y que recibe comisiones a cambio del trabajo de desencriptado (minería digital). Dicha red está respaldada, a su vez, en la confianza de los usuarios en el uso de la criptomoneda, como el caso del «Bitcoin». Por ello se trata de una forma de dinero fiduciario, es decir, se respalda en la confianza, en el uso extendido y en la aceptación dentro de una comunidad especifica.

El Petro estará emitido por un gobierno, lo cual de entrada atenta contra su aceptación generalizada y contra el valor de dicha criptomoneda, además de que no estará respaldada en activos líquidos sino en reservas mineras, petroleras y gasíferas, por tanto su convertibilidad no es inmediata ni tiene respaldo de divisas o activos valorados en divisas. Por ello, será difícil que tenga la aceptación y la adopción por parte del público.

Adicionalmente, las criptomonedas logran cierta aceptación luego de varios años de emisión. Por ejemplo, el Bitcoin, creado en 2009, todavía tiene una aceptación limitada ya que es usada para mover dinero de origen ilícito. Bolivia, en 2014, fue el primer país en prohibir el Bitcoin, y otros países han adoptado medidas contra esta modalidad de legitimación de capitales.

Habría que tener presente el peligro de que la legalización y uso extendido de criptomonedas en Venezuela, podría dar pie a que el país se convierta en un destino para el lavado de dinero ilícito –como en el caso de Panamá–, lo cual generaría una alta dependencia de los flujos de capital internacional. Ésto no sólo atentaría contra la estabilidad a largo plazo de la economía venezolana, sino que profundizaría el parasitismo que caracteriza su capitalismo improductivo y multi-importador.

 

IMPLICACIONES ADICIONALES

La adopción de una criptomoneda por parte del Gobierno nacional pudiera ser una admisión de la incapacidad de estabilizar el signo monetario de curso legal (el bolívar) y de detener el ciclo de hiperinflación iniciado.

De facto se puede estar adoptando de otro signo monetario, es decir, la sustitución del bolívar por otra moneda más «fuerte», lo cual es una medida adoptada en países con hiperinflación, tal como sucedió hace cerca de 20 años en Brasil, en Perú o en Argentina.

En caso de implementar el Petro y de que el Gobierno adopte mecanismos para su introducción, como realizar subastas por DICOM, ello podría contribuir a una depreciación más acelerada del bolívar y al abandono de dicho signo monetario, lo cual aceleraría la espiral hiperinflacionaria y de desmonetización del bolívar.

Si se implementa el Petro y dicha moneda es convertible por otras divisas, se incrementaría el abandono del bolívar, por ende, su desmonetización. Aunado a eso, la poca confianza en el nuevo signo monetario puede acelerar el ya iniciado proceso de dolarización de la economía. La eventual adopción del Petro puede convertirse en un mecanismo de transición hacia la dolarización o bien en una dolarización velada.

Pero, si por el contrario el Petro no es convertible, continuarán las presiones sobre el tipo de cambio y su incidencia sobre el resto de los precios de la economía, lo cual tiende a agravarse dado el desorden fiscal y monetario, sumado a la parálisis del aparato productivo.

La estabilidad del Petro dependerá de las medidas de estabilización económica que se adopten, ya que, en caso de que dichas medidas no se tomen, el nuevo signo monetario tendría una depreciación acelerada y la hiperinflación seguirá su curso.

 

POSIBLES MEDIDAS

Existe la posibilidad de adopción de una serie de medidas de estabilización que acompañe a la eventual introducción del nuevo signo monetario.

Eso implicaría una política monetaria restrictiva y recortes en el gasto público. Lo cual en la práctica sería un programa de ajustes ortodoxo aplicado en otros países con hiperinflación, todo ello en un contexto en el cual el Gobierno negocia una reestructuración y/o refinanciamiento de alrededor de 70 mil millones de dólares de deuda externa. Esto podría ser indicio de que se trata de una medida «acordada» con el capital financiero internacional.

 

 

https://issuu.com/tribuna_popular/docs/tp_2988/7

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Un comentario en “Criptomoneda en la economía venezolana”

  1. Las criptomonedas aparecen ante la debilidad del dolar por parte de los dueños del mismo, que conocen muy bien el efecto del fraude de Bretton Woods. Es como un escondite para sus activos en previsión del derrumbe final de la moneda gringa, previsible en una economía fundada en la muerte y la destrucción, es decir, la anti-economía. Como en el “popular” juego “Monopoly”, los participantes se ponen de acuerdo en fijar ciertos valores, en este caso afianzados en sus activos y se lanzan al juego de la oferta y la demanda en una economía “paralela” a la que actualmente posee en “papeles”(deudas y afines), aproximadamente 8 veces la cantidad, el valor real, de todos los activos y fuerza de trabajo, incluídos por supuesto los medios de producción.
    El Petro, jugada magistral por parte del gobierno, lo único que hace es afianzar en reservas probadas un medio de intercambio, más fuerte que el dolar fraudulento, en el cual están comprometidas las reservas “occidentales” y que permiten los flujos crediticios con los cuales han pretendido las fuerzas del mercado asfixiar la revolución Bolivariana.
    Así que toda la “historieta” de que puede afianzar el “lavado” y otros medios de sustento del capital decadente y criminal, no es más que retórica altisonante de origen imperial para “tapar” el error cometido por los medios financieros y la banca, que ante la paranoia por la falsedad del dólar crearon la criptomoneda del bitcoin, su propia espada de Damocles que precipitó la creación hasta la fecha de mas de 600 monedas fiduciarias, todas las cuales menos confiables que el Petro apoyado en un valor “real”, la energía.

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