El Petro: ¿La solución a la crisis económica?


ANDRÉS VILLADIEGO. Especial para TP

Economista

 

La creación por parte del Ejecutivo nacional de la denominada «criptomoneda» venezolana, el «Petro», ha generado un debate en torno a la efectividad e idoneidad de la medida adoptada. Si bien el decreto presidencial Nº 3.196 contempla algunos detalles de su definición y funcionamiento, el mismo también genera dudas respecto a la verdadera naturaleza del instrumento, pues allí queda expresado que se trata de un «criptoactivo», lo cual puede ser indicativo de que más que de una criptomoneda propiamente dicha, se trate de un título de deuda garantizado con parte de las reservas de la faja petrolífera del Orinoco.

De tratarse en efecto de un mecanismo de endeudamiento, es necesario advertir acerca de los obstáculos legales y políticos que tendría que enfrentar el Gobierno al proceder con semejante entrega de recursos naturales propiedad de la nación como parte de la garantía de una deuda. Pero además de ello, el hecho de que se trate de reservas de petróleo que todavía se encuentran en el subsuelo, impide que sean enajenadas, pues la propia Constitución establece la propiedad estatal exclusiva sobre tales recursos, con lo cual es muy poco probable que el Gobierno logre obtener liquidez en divisas emitiendo un título de deuda con estas características, y en caso de hacerlo, tendría que ser con el otorgamiento de altísimas tasas de descuento lesionando con ello los intereses nacionales.

La otra posibilidad que tiene el Petro como instrumento de política económica, es que sea utilizado como un mecanismo de flexibilización del mercado cambiario, es decir, una moneda virtual convertible en divisas, tal como queda expresado en el artículo 7 del mencionado decreto.

 

POSIBLES PROBLEMAS A LA VISTA

Esta última posibilidad introduce dos problemas para su eficaz implementación: en primer lugar, la determinación de la tasa de cambio que sería aplicada a las operaciones realizadas con la criptomoneda (si es que tal denominación es efectivamente aplicable al Petro); y en segundo lugar, la garantía de que la autoridad cambiaria cuente con suficiente liquidez para atender la demanda de divisas en los casos en que el Petro sea adquirido con la intención de ser convertido posteriormente en dólares u otras monedas fuertes.

Actualmente la nación enfrenta gravísimos problemas de liquidez en divisas, con lo cual difícilmente podrán ser atendidos los requerimientos del público; esto puede derivar en el establecimiento de una elevada tasa de cambio para el Petro, o bien en su asignación discrecional y opaca, con lo que se estarían reproduciendo las mismas distorsiones que han plagado al mercado cambiario desde hace ya varios años.

También es necesario advertir que el mercado de criptomonedas en general, además de limitado, es altamente especulativo y con elevados riesgos. Considérese, por ejemplo, que el Bitcoin, la mayor y más conocida de las criptomonedas, pasó de un valor de menos de 900 USD en enero de 2017, a un máximo de más de 17 mil USD a mediados de diciembre, alza exponencial que sólo es explicable por un efecto de «burbuja». De manera que la adopción de cualquier cosa parecida a una criptomoneda como parte de la política económica del Gobierno, podría introducir todavía mayor volatilidad en un momento en que lo que se requiere es estabilizar la economía.

 

 

https://issuu.com/tribuna_popular/docs/tp_2989/11

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