La política del «Buen Vecino»


Otra modalidad de interferencia en América Latina

 

ENRIQUE GARCÍA ROJAS. Especial para TP

Profesor de Literatura

 

Las relaciones entre América Latina y Estados Unidos durante gran parte de los siglos XIX y XX se caracterizaron por las desmedidas ambiciones de EEUU en el continente. La potencia del norte se apropió de enormes territorios, se aprovechó de ventajas desleales en empresas agrícolas y mineras, se asoció con las oligarquías locales, y sembró sus bases militares.

La conducta injerencista de EEUU encontró sustento en la «Doctrina Monroe», que en la práctica hacía de América Latina esfera exclusiva de influencia estadounidense, y daba pie para que Washington impulsara invasiones, intervenciones y golpes de Estado en nuestra región. Para ello sirvieron también el «Corolario Roosevelt», que legitimaba el intervencionismo «preventivo» o «civilizatorio» de EEUU en nuestros países, y la política del «Gran Garrote» que daba abiertamente licencia a la continuación de la diplomacia con la fuerza.

En la década de 1930, una nueva política entró en juego, inspirada en la llamada doctrina del «Buen Vecino», anunciada por el presidente Franklin Delano Roosevelt durante el discurso inaugural de su primer mandato, el 4 de marzo de 1933. Se inició así un período libre de intervenciones directas de EEUU en nuestros países; este Roosevelt repudió las anteriores acciones militares de su país, ordenó el retiro de las tropas estadounidenses de Nicaragua y Haití, y negoció la anulación de la «Enmienda Platt» de la Constitución cubana.

Este cambio ocurrió en medio de un nuevo clima político y social, tanto en el contexto internacional como en el interno de EEUU, dominado por el auge de la amenaza fascista, los efectos de la gran depresión económica iniciada en 1929, y el giro moderadamente progresista del propio gobierno de Roosevelt.

No obstante, aunque esta política aparentemente abría un espacio de colaboración y renunciaba al uso del «Gran Garrote», en realidad creó un escenario propicio para la intensificación de la presencia económica privilegiada de las corporaciones estadounidenses en nuestros países. En cierto sentido, la política del «Buen Vecino» fue una nueva modalidad de la «Doctrina Monroe» adaptada a las circunstancias del momento, y procuraba fomentar las condiciones para el establecimiento de una zona de comercio continental, de la que las compañías estadounidenses se beneficiarían enormemente.

Fue también en esta época que se comenzó a difundir el concepto del «panamericanismo», que ha servido como base para la masificación del imperialismo cultural estadounidense. El gobierno de Roosevelt estimuló a las industrias culturales a colaborar con esta política, de lo que surgieron la figura de Carmen Miranda como imagen visible de Latinoamérica en Hollywood, y las películas de dibujos animados de Walt Disney basadas en las culturas de los países latinoamericanos, como Los tres caballeros y Saludos amigos.

Así, bajo un disfraz benévolo, se perseguía una dominación pacífica pero no exenta de arrogancias, que pretendía convencer a todo el continente de los beneficios de la «amistad panamericana».

 

 

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