El personaje y el colectivo de TP clandestina


Un homenaje a los que editaban Tribuna Popular durante la dictadura de Pérez Jiménez

 

LUIS ROJAS HERNÁNDEZ. Especial para TP

Corresponsal de Tribuna Popular por más de 40 años

 

El personaje es el inolvidable, combativo y aun activo (a pesar de estar ciego) Pedro Gutiérrez, principal responsable de editar Tribuna Popular en plena dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez, en medio de la clandestinidad y la feroz persecución.

A él y al colectivo a su cargo se le asignó tan riesgosa labor, que implicaba la tortura y la muerte en caso de caer en manos de la temible Seguridad Nacional (SN).

Por más de seis décadas el nombre Pedro Gutiérrez ha inspirado respeto y admiración, siendo conocido así hasta el día de hoy, a pesar de ser su nombre de guerra.

Tanto es así que, ya en la legalidad, allá por los años 70, asignado al estado Bolívar, al declarar a los medios de comunicación siempre lo hacía como Pedro Gutiérrez, que es como le decían y le dicen, por lo que muy pocos saben su verdadero nombre. Incluso, una vez recibió una comunicación firmada por el camarada Jesús Faría, secretario general del Partido Comunista de Venezuela (PCV), autorizándolo a inscribir ante el Consejo Supremo Electoral (CSE) regional las candidaturas del Partido al antiguo Congreso Nacional, y estaba dirigida a ‘Pedro Gutiérrez’; tuve el privilegio de presenciar cuando éste muy serenamente armó las letras de su propio nombre con las de una revista, cortó y pegó, pasó –como decimos en criollo– con salivita en el CSE y postuló nuestros candidatos.

Durante la dictadura militar, en los años 50, el Buró Político del PCV –también clandestino y perseguido–, le daba las instrucciones al personaje y éste las transmitía al colectivo, cumpliendo rigurosamente el trabajo.

No podían asistir a corridas de toros en el Nuevo Circo de Caracas, verbenas, galleras, mítines, mercados o fiestas, todo lo que significara aglomeración humana; eso con el propósito de que ningún miembro del colectivo o el propio personaje cayeran en manos de los cuerpos policiales.

La disciplina es consciente, militante, no es una disciplina militar –aunque ésta no es mala–, es una disciplina basada en los ideales compartidos del colectivo que cada día ponía sus vidas en peligro. Pero el personaje y el colectivo sólo pensaban en el triunfo, no pensaban ni en la tortura ni en la muerte; no estaban en sus ideales lamentarse por la vida que llevaban ni vivir con temor.

Eran personas muy sencillas y humildes, de poco hablar y hábiles profesionales de las artes gráficas en la tecnología de la época. Allí no había computadoras ni nada parecido. Sus armas eran el plomo convertido en letras organizadas en el chibalete, desde la A hasta la Z, en diferentes tamaños. Lo necesario para colocarlas y darle forma a las hojas de Tribuna Popular clandestina en la imprentica que el aparato logró instalar.

El personaje y el colectivo armaban su rompecabezas. Cada tarea la cumplían diferentes equipos. Por distintos medios se enviaba la Tribuna Popular a las regiones del país. La SN, policía política a cargo de Pedro Estrada, no ignoraba esto y permanentemente allanaba pequeños talleres de imprenta en diversas zonas de Caracas. En las torturas a los presos comunistas, siempre era pregunta obligada lo referente a la ubicación del taller. Todo era infructuoso, la SN nunca logró ubicarlo ni detener al personaje o a algún integrante del colectivo que editaba Tribuna Popular clandestina. Varios miembros de este colectivo, poco tiempo después, en la otra dictadura, la adeco-copeyana, tuvieron que volver a cumplir la misma misión: sacar la Tribuna Popular clandestina como instrumento de denuncia, de organización, de orientación y de moralización de las fuerzas revolucionarias.

El personaje –a pesar de seguir guardando celosamente y con modestia muchos secretos y episodios de la época–, nos ha contado algunas anécdotas, como cuando llevaba personalmente una pieza de la imprenta a un taller de soldadura y en el bus, al frenar, es tropezado por otro pasajero, la bolsa donde llevaba la pieza se la cae en el suelo… sin enojarse ni reclamar ni mostrar que era algo importante, recoge la bolsita y sin inmutarse sigue su camino para llevarla a soldar. En otra ocasión estaban limpiando piezas de la imprentica con brocha y kerosene, cerca de una ventana que dejaron abierta, y se percataron de la mirada curiosa de una vecina, lo que obligó al personaje –sin prisa pero sin pausa, con mucha sangre fría– a alquilar un transporte y mudar de inmediato la máquina, mientras el Buró Político ubicaba otro sitio seguro para seguir actuando, lo cual fue logrado.

Ni el personaje ni el colectivo de Tribuna Popular clandestina son hombres de estar buscando medallas de los organismos oficiales, ni condecoraciones, ni órdenes de ningún tipo. Les basta con la misión cumplida y con el reconocimiento del Partido a su labor, que es como actúan los camaradas en cualquier circunstancia; pero, sinceramente, Pedro Gutiérrez y el colectivo cumplieron y pueden ser en justicia considerados héroes del PCV y de la revolución venezolana.

 

 

Publicado originalmente en la TP Nº 232 (6 de febrero de 2014):

https://issuu.com/tribuna_popular/docs/tp_232/8

 

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