La dolarización y sus consecuencias (II)


ANDRÉS VILLADIEGO. Especial para TP

Economista

 

La dolarización, colocada nuevamente en el debate público como propuesta para superar la hiperinflación que sufre la economía venezolana, implica necesariamente la pérdida de soberanía en el diseño y ejecución de la política monetaria y cambiaria, dejando en poder de instituciones financieras externas un importante componente de nuestra política económica general.

Los efectos de la adopción por un país del signo monetario de otro, dejan al primero con poco margen de maniobra para afrontar las recurrentes crisis cíclicas que se presentan en la economía mundial. Como la experiencia internacional ha demostrado, la carga de los ajustes macroeconómicos resultantes termina sobre los hombros de la clase obrera.

En Venezuela, durante las últimas décadas se ha recurrido a la devaluación del bolívar como principal mecanismo compensatorio ante el descenso de los ingresos fiscales producto de las caídas del precio del petróleo. La devaluación ha permitido al Estado obtener más bolívares por cada dólar proveniente del negocio petrolero, lo que ha encarecido las importaciones y generado inflación debido al alto volumen de productos importados que se comercializan en el país. Con la dolarización, esta opción desaparecería por completo y sólo quedarían dos posibles mecanismos de compensación: el endeudamiento y el recorte en los gastos del Estado (recorte fiscal). Las experiencias internacionales demuestran que ambos mecanismos están interrelacionados.

 

El caso europeo

Un ejemplo equivalente a la dolarización lo constituyen las economías más débiles de la Unión Europea (UE) que adoptaron el euro, un signo monetario hecho a la medida de Alemania y Francia, las economías dominantes. Tras su «euroización», los países con menos posibilidades de competir en el mercado mundial tuvieron que recurrir al endeudamiento para compensar la caída de sus exportaciones y cubrir sus déficits fiscales y de balanza de pagos. Como resultado, Grecia aumentó su deuda externa en 80% entre 2005 y 2010, España la duplicó en apenas tres años (2007-2010), Portugal debió solicitar un «rescate financiero» que en realidad incrementó su deuda en 74.000 millones de euros. Situaciones similares se presentaron en Chipre, Eslovenia e Irlanda.

Una vez agotadas sus posibilidades de endeudamiento, esos países fueron forzados a acudir a los organismos financieros internacionales, que les exigieron todo tipo de recortes para garantizar la recuperación de los créditos. Los programas de austeridad, privatizaciones, despidos masivos y eliminación de pensiones que debieron aplicar, son el resultado final de haber adoptado un signo monetario y unas condiciones de comercio internacional que no se corresponden con sus niveles reales de productividad.

El escaso desarrollo productivo venezolano permite prever que la dolarización tendría en nuestro país efectos similares o todavía peores. Supondría mayores niveles de endeudamiento y enormes dificultades adicionales para reducir el déficit fiscal, lo cual abonaría el terreno para una situación que a mediano plazo implicaría todavía mayores sacrificios para el pueblo trabajador venezolano.

 

 

https://issuu.com/tribuna_popular/docs/tp_2994/13

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s