Buenas perspectivas en Brasil


Tribuna Popular.- La cuestionable decisión del Tribunal Superior Electoral (TSE) brasilero de prohibir la candidatura del expresidente Lula da Silva en las elecciones presidenciales del próximo 7 de octubre, sobre la base de una acusación fraudulenta, produjo una turbulencia todavía mayor en la ya revuelta situación política, social, económica e institucional del vecino país.

Desde el golpe parlamentario que destituyó a la presidenta Dilma Rousseff en 2016, se ha acelerado el deterioro del clima general en Brasil, país que ya vive su cuarto año de dificultades económicas y en el que numerosos funcionarios de alto nivel, incluyendo el presidente de facto Michel Temer, están bajo investigación por irregularidades de diverso tipo, incluyendo corrupción.

Para el momento de la decisión final del TSE el 1 de septiembre, Lula aparecía como claro favorito para ganar las elecciones, con una ventaja de entre 15 y 20 puntos porcentuales sobre su más cercano seguidor, el ultraderechista Jair Bolsonaro, e incluso había posibilidades de que el triunfo del expresidente ocurriera en la propia primera vuelta. Once días más tarde, fue formalizada la inscripción de Fernando Haddad, hasta entonces candidato a vicepresidente de Lula, como nuevo candidato presidencial de la coalición formada por el Partido de los Trabajadores (PT) y el Partido Comunista de Brasil (PCdoB).

 

¿Cambia el viento en el continente?

Desde la sustitución oficial de Lula por Haddad, cuando las encuestas daban a este último menos de 10% de la intención de voto, ha venido ocurriendo una progresiva transferencia del favoritismo de que disfrutaba el expresidente hacia su sustituto: al cierre de esta nota, las encuestas ya indican que Haddad obtendría más de 26% de los votos válidos, con tendencia ascendente, contra Bolsonaro, que está estancado en torno a 35%. Esto significa que la presidencia de Brasil será definida en segunda vuelta, el 28 de octubre, entre estos dos candidatos.

En tales circunstancias, las probabilidades de un triunfo definitivo de Haddad son muy altas, en vista, por un lado, del fuerte rechazo que despierta el extremismo de Bolsonaro, y por otro, el esperable realineamiento a favor de Haddad de los votos obtenidos en primera vuelta por varios candidatos menores de centroizquierda. Tal victoria, además de significar una reivindicación popular de Lula, Dilma y sus gobiernos, convertiría a Manuela d’Ávila, militante del PCdoB y actualmente diputada, en la primera vicepresidenta comunista de la historia brasilera.

Se avecinan tiempos interesantes en Brasil y en toda América Latina: la victoria de Haddad, sumada a la de López Obrador en México y al cada vez más probable desplome del gobierno Macri en Argentina, podría marcar el inicio de un nuevo giro a la izquierda en nuestro continente.

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