Brasil: la decisión del pueblo, el futuro de un país


En la segunda ronda electoral del 28 de octubre  se medirán el candidato ultraderechista, Jair Bolsonaro, y el candidato del Partido de los Trabajadores, Fernando Haddad

 

Brasilia, 9 oct. 2018.- El alma de Brasil está diferente, y eso lo refleja el duelo electoral en primera vuelta del pasado domingo, entre Jair Bolsonaro (que obtuvo 46,03% de los votos válidos) y Fernando Haddad (29,28%).

Cada voto de la segunda vuelta de elecciones marcada para el día 28 de octubre será un atentado o un impulso para la democracia del gigante sudamericano.

Los comicios presidenciales realizados este domingo en Brasil irán a una segunda ronda entre los candidatos Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL), y Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT).

Ante este panorama, se hace patente el establecimiento de nuevas alianzas con los candidatos que no accedieron a la siguiente instancia, lo que decidirá quién se convertirá en el próximo presidente de la nación para el periodo 2019-2023.

Hay muchas cosas en riesgo en la próxima vuelta electoral, no solo para los brasileños sino para el futuro de América Latina. Se puede esperar a un Bolsonaro, candidato de la ultraderecha, cuya campaña electoral se ha visto marcada por sus escandalosas declaraciones, que  lo califican como «racista», «homófobo» y defensor de la pena de muerte, mientras otros le llaman «el Trump brasileño». Cabe preguntarse cómo con toda esta trayectoria ha quedado como el candidato con más porcentaje de votos.

Por otro lado, al pueblo se le ha prohibido escoger a su representante, ese que aclamaban: Luiz Inácio Lula Da Silva. En su lugar discute la presidencia Fernando Haddad, quien puede atraer parte de los votantes de Lula, sobre todo los de menores ingresos en el noreste del país que añoran las mejoras sociales que tuvieron con el expresidente.

El pueblo brasileño tiene el poder de decidir su futuro, de pasar por encima de manipulaciones mediáticas, corrupción, engaños, falsas promesas, y elegir; como lo hubieran hecho por Lula, ese que el mismo sistema judicial de su país les arrebató.

«Don dinero» es poderoso, las élites políticas también lo son, pero cuando un pueblo decide salir del ostracismo y defender sus derechos, sus principios, cuando es capaz de unirse por un bien común, puede desmantelar cualquier intento de nublar la democracia.

La realidad para la nación brasileña hoy es la atmósfera de crispación y perplejidad que cubre a ese país tras los escándalos de corrupción y la dolorosa crisis económica de los últimos años, que ha permeado diferentes ámbitos de la vida cotidiana.

Hay varias señales de que los brasileños votaron con ira el domingo: una encuesta de Datafolha reveló la semana pasada que ese era el sentimiento de dos de cada tres votantes.

La confrontación y la violencia actualmente son rasgos de Brasil más allá de la política: el año pasado, el país registró un récord histórico de 63 880 asesinatos, una media de 175 al día, una tasa superior a la de México. La sensación de inseguridad también ha influido el debate electoral.

 

Comenzó la campaña para el balotaje

En Sao Paulo se inició este mismo lunes la campaña del Partido de los Trabajadores (PT) y su candidato, Fernando Haddad (29 por ciento de los votos) con vista a la segunda ronda electoral del 28 de octubre, en la conciencia de la necesidad de una unidad amplia para vencer al ultraderechista Jair Bolsonaro, quien la víspera obtuvo en las boletas 46 por ciento de los sufragios.

«Queremos unir a los demócratas de Brasil (…) Queremos unir al país en torno a ese concepto», dijo Haddad a sus seguidores luego de conocerse los resultados el domingo, en una alocución durante la cual llamó directamente a los empresarios a sumarse a ese frente antifascista.

Haddad reconoció el alerta que significó la alta votación registrada por Bolsonaro, denunció los ataques infligidos al PT en la última semana mediante las noticias falsas en las redes sociales, y aseveró que tiene abiertos los puentes de diálogo para la unión amplia en la segunda ronda que será, dijo, definitoria para la democracia.

Bolsonaro, por su parte, se dibujó en su primera aparición pública tras el cierre de las urnas como algo más que un ultraderechista que odia a las mujeres, los negros, los homosexuales y admira a la dictadura militar, al prometer una reducción del Estado y de los ministerios mediante la desaparición de empresas públicas (50 dejarían de existir en su primer año de gobierno, adelantó).

Esa lectura era destacada por analistas de Brasil que lo describen como un hombre de Estados Unidos, más allá de sus fanfarronadas.

También podría tener Bolsonaro otras «conexiones». Según reveló este lunes el diario boliviano El Deber, el aspirante ultraderechista se ha vinculado con denominadas «plataformas ciudadanas» opositoras a Evo Morales, las que le habrían ofrecido apoyo si ganaba los comicios.

El domingo, Bolsonaro mantuvo su discurso contra «la corrupción» y defendió la operación Lava Jato y la acción politizada y perniciosa del juez Sergio Moro, llamado por algunos el verdugo de la izquierda, quien dicho sea de paso, se sabe que también tiene fuertes ligaduras con Washington.

Según se conoció, Ciro Gomes, del Partido Laborista y Guilherme Boulos, socialista del Movimiento de Trabajadores sin Techo ya le habrían dado su apoyo a Haddad, y no estaba claro si Marina Silva, ecologista, lo haría.

Pero una simple y fría operación matemática demuestra que ello no sería suficiente para derrotar a Bolsonaro si el PT no logra atraer votos de la derecha moderada que se llevó el domingo el social demócrata Geraldo Alckmin y, sobre todo, el favor de ese 20,3 por ciento del electorado que se abstuvo (la cifra más alta desde 2002) y el seis por ciento registrado de votos nulos. Ese es el verdadero terreno a trabajar.

Vistos en un mapa, los resultados confirmaron el respaldo con que sigue contando el PT en el nordeste, donde están la mayor cantidad de pobres y beneficiarios de los derogados programas sociales que pusieron en vigor Dilma y Lula. Allí se confirmó el traspaso de votos a Haddad que pidió el líder del PT y exmandatario.

También se dibujó el dominio del Partido Social Liberal de Bolsonaro en el sureste.

Pero para saber la trascendencia del trabajo que deben enfrentar el PT y los defensores de la democracia brasileña hay que sopesar también los resultados obtenidos en los comicios para el Congreso, donde se eligieron 54 senadores y 513 diputados federales, en una votación que refleja hasta dónde ha calado la campaña anti-PT y el discurso envolvente de Bolsonaro contra la corrupción.

El favor registrado por este se constató en la Cámara de Diputados, pues su partido Social Liberal (PSL) pasó de ocho a 52 asientos, de un total de 513, aunque el PT conservó 56 de los 61 que tenía, con lo que sigue siendo la primera mayoría. En el Senado el PSL se hizo de cuatro puestos y el PT perdió 13 por lo que queda con seis y se convierte en la quinta minoría en esa cámara.

Uno de los reveses para el PT más divulgados fue la imposibilidad de Dilma de entrar al Senado, luego de presentarse por Minas Gerais.

Analistas consideran que con estos resultados Bolsonaro, ante una eventual victoria el día 28, tendría un escenario más propicio para impulsar sus proyectos en el Congreso, donde ya recibió el apoyo de la poderosa bancada del agronegocio y de líderes de iglesias evangélicas.

Mientras, en los comicios para gobernadores todavía es difícil hacer lecturas finales pues fueron escogidos 13, pero en 14 estados habrá que ir a la segunda vuelta.

El Partido de los Trabajadores (PT) y el Partido Socialista Brasileño (PSB) obtuvieron tres gobernadores.

Entre los estados que deben repetir están territorios fuertes como Sao Paulo, Minas Gerais, Río de Janeiro y Rio Grande do Sul.

 

 

Tomado de Granma y Juventud Rebelde

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