Los creadores no retroceden


AGUSTÍN ÁNGEL FLORES. Especial para TP

Trabajador de la cultura popular

 

Uno de los temas más recurrentes que se desarrollan en los debates y discusiones en torno a la etapa actual del proceso bolivariano de cambios es el abandono por parte de las instituciones del Estado de espacios, programas y políticas que anteriormente venían asumiendo, con mayor o menor alcance, y que actualmente, en el contexto de mayor vulnerabilidad de las familias trabajadoras, representa un lamentable retroceso en los derechos de los ciudadanos y en los procesos de cambio.

Ahora bien, en el marco de esta evidente realidad se está presentando lenta y silenciosamente un fenómeno interesante en estos espacios abandonados, y es que organizaciones, colectivos y movimientos sociales están impulsando iniciativas de organización, politización, formación y creación estética, con el objetivo de evitar que el repliegue institucional traiga como consecuencia un repliegue de las masas populares, y en consecuencia se profundice el debilitamiento del proceso bolivariano de cambios.

El fundamento de esta praxis radica en planteamientos que conciben el papel de la cultura como una actividad humana colectiva que puede potenciar procesos vitales de la sociedad. En ese sentido, para estos sujetos políticos-culturales asumir la tarea de actuar en estos espacios viene siendo una de las tantas formas como pueden responder de manera militante, con mayor o menor efectividad, a los retrocesos en cuanto al ejercicio de algunos derechos y conquistas de gran valor para los ciudadanos.

Incluso, se ha venido asumiendo poco a poco la necesidad de acompañar luchas que superficialmente parecieran ajenas a los intereses de movimientos y/o colectivos culturales, como sucedió en el caso de la llegada a Caracas de la «Marcha Campesina Admirable», en donde diversas organizaciones político-culturales asumieron la tarea de impulsar esta protesta campesina con el arma de la canción.

Esta actitud frente a la crisis, más que mostrarse como una «panacea» que soluciona los problemas de la nación, refleja los niveles de desarrollo de la conciencia de algunos valiosos sectores que han reconocido el agotamiento del Estado burgués venezolano para asumir tareas de transformación profunda de la sociedad, y al mismo tiempo nos plantea la necesidad de reflexionar sobre el papel que estos sujetos sociales juegan en el marco de las luchas que los trabajadores, campesinos, comuneros y estudiantes vienen librando en el país.

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