El periodismo revolucionario y la coyuntura actual


Intervención de Carlos Aquino, director de Tribuna Popular, en la presentación del libro Periodismo revolucionario. Prensa alternativa, lucha de clases y poder popular, en el marco de la 14ª Feria Internacional del Libro de Venezuela (Filven), realizada en la Casa Amarilla, el 18 de noviembre de 2018.

 

Camaradas, compatriotas, amigas y amigos:

Antes que nada, queremos agradecer al Ministerio de Cultura y al Centro Nacional del Libro (Cenal) la oportunidad de expresar algunas consideraciones y reflexiones acerca del periodismo revolucionario –claramente adjetivado, porque no existe periodismo «aséptico»–, el rol que cumple esta prensa como instrumento para interpretar la realidad desde una concepción alternativa al poder hegemónico dentro de un Estado capitalista –como el que todavía es el venezolano–, para difundir esta realidad entre el pueblo trabajador junto a los insumos político-ideológicos necesarios con el objetivo confeso de que asuma la trinchera que le corresponde en la lucha de clases, incrementando sus niveles de conciencia, organización y movilización para el derrocamiento de la burguesía, la toma revolucionaria del poder y el genuino inicio de la construcción de la nueva sociedad y de su expresión política, económica, social e institucional: el poder popular.

Estos temas están reseñados a lo largo de la selección de textos que componen el libro que estamos presentando, que es un modesto esfuerzo para que toda persona interesada pueda introducirse en conceptos, debates y propuestas que en los últimos dos siglos han tenido importantes desarrollos teóricos y prácticos.

El enfoque de los materiales es desde la experiencia de los pueblos en lucha por su liberación e, indudablemente, desde la óptica de la ciencia del proletariado: el marxismo-leninismo.

Debe tenerse claro que la comunicación ha sido una necesidad del ser humano que se remonta a los mismos orígenes de éste. Las formas, herramientas y métodos de comunicarse han tenido sus desarrollos en correspondencia con los niveles de avance de las sociedades. Ya hace más de 2.500 años, con la consolidación de los grandes imperios de entonces, éstos requerían difundir claramente las órdenes e instrucciones en su extenso territorio, y lo hacían artesanalmente mediante papiros o moldes de arcilla.

Pero es a raíz de la invención de la imprenta mecánica, a finales de la primera mitad del siglo XV n. e. –con los principios base que las máquinas modernas aún utilizan hoy en día–, que surge no sólo la posibilidad de la impresión de libros a gran escala sino también la elaboración de prensa escrita. Como explica el maestro Federico Álvarez: «[…] el periódico había surgido en los tiempos del Renacimiento como servicio de noticias adscrito a las grandes casas comerciales de la época. En esta condición subordinada, muchas veces humillante, se mantuvo dos siglos, hasta que las necesidades impuestas por las crisis revolucionarias de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX obligaron a la clase burguesa a convertir aquellas humildes gacetas en instrumentos de lucha ideológica[1]; claro está, al servicio de sus intereses como clase hegemónica emergente.

Simultáneamente, en la medida en que se fue masificando el acceso a la tecnología de impresión, las fuerzas antimonárquicas y las contrarias al naciente capitalismo también tomaron para sí la poderosa arma de la prensa.

En Venezuela, el más histórico referente de la prensa patriótica y revolucionaria lo constituye el Correo del Orinoco fundado por el Libertador Simón Bolívar, el 27 de junio de 1818, hace 200 años. Este periódico significó:

«[…] uno de los eventos centrales de la restauración republicana tras la campaña militar de 1817 que logró establecer el poder patriota en la región de Guayana […]. Fue pieza importante en la preparación del Congreso de Angostura, efectuado en febrero de 1819, y herramienta clave en la remoralización de las fuerzas patriotas para emprender la campaña que habría de consolidar definitivamente la independencia.

[…] entendiendo […] que la parcialidad política no está reñida con la honestidad, Bolívar comprendía la libertad de prensa como un ejercicio ecuánime: el periódico debe informar la verdad incluso cuando sea favorable al adversario.»[2]

El historiador Roberto Lovera de Sola resalta que:

«[…] desde muy temprano Bolívar se dio cuenta de la importancia de la imprenta en el proceso emancipador. Por ello, cuando viajó a Londres en 1810 como miembro de la misión diplomática que la Junta Suprema envió a Inglaterra, trajo de aquella ciudad una imprenta.

Durante la Campaña Admirable lo acompañó el tipógrafo haitiano Juan Baillío, de cuyas prensas salieron casi todos los impresos de la Segunda República.

En 1816, cuando [Bolívar] volvió al frente de la Expedición de Los Cayos, trajo una prensa que se perdió ese mismo año en el desastre de Ocumare […]. Fue esto lo que le llevó a pedirle con urgencia a Fernando Peñalver otra prensa que fue usada para imprimir el Correo del Orinoco.»[3]

«Su actividad como columnista la inició en Caracas durante los días de la Segunda República al insertar en la Gaceta de Caracas (febrero 7, 1814) el “Artículo sobre la política de Inglaterra” […]», y, además, su «[…] pasión de escribir para la prensa, de utilizarla como arma psicológica para continuar lo que denominaba la “guerra de los papeles” […], o simplemente para dar cuenta de sus convicciones, no le abandonó nunca. […]»[4].

Por su parte, el que llegaría a convertirse en el padre del socialismo científico, Karl Marx, en 1842, cercano a cumplir 24 años, ya con grandes inquietudes políticas, empezó a colaborar en la Gaceta Renana, periódico liberal del que en pocos meses llegó a ser jefe de redacción y a cuadruplicar la cantidad de suscriptores. Como explica V.I. Lenin, «[…] las actividades periodísticas le habían mostrado que no disponía de los suficientes conocimientos de economía política, [por lo que] se aplicó al estudio tesonero de esta ciencia.»[5]. Este periodo marcó el inicio del deslinde de Marx del idealismo hegeliano para adentrarse de lleno en la dialéctica materialista, que lo llevó irremisiblemente a la sustentación del comunismo.

Poco después, en 1844, ya con una visión que trascendía las fronteras nacionales, Marx se involucró en París con la publicación de la revista Anales franco-alemanes, de corta duración, pero cuyos artículos «[…] nos muestran ya al revolucionario que proclama la “crítica despiadada de todo lo existente” […]»[6]. Expulsado de Francia se traslada a Bélgica, donde en 1847, desde la Gaceta alemana-bruselense, periódico que fungió como órgano oficial de la naciente «Liga de los comunistas», avanza en las concepciones organizativas, teóricas y programáticas para la lucha revolucionaria; las cuales se coronaron con la publicación del Manifiesto del Partido Comunista, en febrero de 1848 –al mismo tiempo que es expulsado de Bruselas–.

Ante el absolutismo prusiano, «Se imponía a los revolucionarios la necesidad de una política de unidad democrática, y Marx y sus camaradas de la Liga de los Comunistas, con incidencia en muchas asociaciones obreras, están al frente de la lucha. Se necesitaba un órgano de prensa para el trabajo de masas y capaz de combatir la prensa burguesa, esclarecer a obreros, ayudar a la movilización popular[7], así surge la Nueva Gaceta Renana, el 1 de junio de 1848, periódico del que Marx también fue jefe de redacción y en el que escribió 117 artículos y en colaboración con Friedrich Engels más de 50, hasta que casi un año después es clausurada su publicación y expulsados Marx y otros redactores de Prusia, por su participación activa –disparando desde sus páginas y con unas pocas escopetas– en una insurrección obrero-popular que estalló en la ciudad de Colonia.

Y así, puede seguirse haciendo referencia a la alta valoración y prioridad que grandes revolucionarios y trascendentales procesos históricos le dieron al papel que desempeña la prensa en la lucha ideológica –como una de las formas concretas de la lucha de clases–. Bien lo señala con extraordinaria vigencia ese legado imperecedero de Marx y Engels, que ya cumplió 170 años, el Manifiesto del Partido Comunista:

«La historia de todas las sociedades hasta nuestros días [“Es decir la historia escrita.”, acotó posteriormente Engels] es la historia de las luchas de clases.

Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos, se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna.»[8]

Sin entrar en muchos detalles, no puede dejarse de mencionar, aunque sea someramente, casos que son referenciales para los revolucionarios latinoamericanos, como el periódico Patria, fundado por José Martí en marzo de 1892, en cuyo primer número, en su artículo «Nuestras ideas», señaló con claridad que «[…] nace este periódico […], para velar por la libertad, para contribuir a que sus fuerzas sean invencibles por la unión, y para evitar que el enemigo nos vuelva a vencer por nuestro desorden.»[9].

Pero incluso, ya en 1875, cuando sólo tenía 22 años, Martí apuntaba que:

«Toca a la prensa encaminar, explicar, enseñar, guiar, dirigir; tócale examinar los conflictos […], tócale proponer soluciones, madurarlas y hacerlas fáciles […]; tócale, en fin, establecer y fundamentar enseñanzas, si pretende que el país la respete, y que conforme a sus servicios y merecimientos, la proteja y la honre.

Tiene la prensa periódica altísimas misiones; es la una explicar en la paz, y en la lucha fortalecer y aconsejar; es la otra hacer estudio de las graves necesidades del país, fundar sus mejoras […]. La prensa no es aprobación bondadosa o ira insultante; es proposición, estudio, examen y consejo.»[10]

Enseñanzas de las que se nutrieron los comunistas cubanos con su histórico periódico Hoy, fundado en 1938, y posteriormente Fidel Castro y el Movimiento 26 de julio que inmediatamente tras el desembarco del Granma, en diciembre de 1956, desde la guerrilla editaron el periódico Revolución que, junto a Radio Rebelde, contribuyeron al triunfo de la primera revolución socialista en nuestro continente. Ya ese mismo año de 1959, a sólo una semana de haber entrado triunfante en La Habana, Fidel enfatizó que «[…] a un gobierno honrado y a un gobierno democrático la prensa le conviene, porque lo mantiene en constante contacto con la opinión pública […]», y que «[…] Por eso hay que defender la opinión pública, porque la batalla hay que darla en el campo de la prensa, la batalla hay que darla en el campo de la razón, de la moral y de la conducta […]»; y dos meses después complementó que «[…] La libertad no es el derecho a poder hablar y a morirse de hambre, porque, en definitiva, el que pasa hambre no puede ni hablar; el que pasa hambre, no puede ni escribir […]»[11]

Con la coherencia de las mentes articuladas por un mismo hilo conceptual, V.I. Lenin, cuatro décadas antes, a sólo diez días del triunfo de la Revolución de Octubre de 1917, denunció que «La burguesía entendía por libertad de prensa la libertad de los ricos de publicar periódicos, el acaparamiento de la prensa por los capitalistas, lo que condujo en todos los países, sin exceptuar los más libres, a la venalidad de la prensa. El Gobierno Obrero y Campesino entiende por libertad de prensa la emancipación de la prensa del yugo del capital […]»[12].

Incluso, cuando todavía estaban los bolcheviques consolidando el poder, reclamó que requerían «[…] una prensa que ponga de manifiesto los defectos de la vida económica de cada comuna de trabajo, estigmatice implacablemente esos defectos, ponga al descubierto todas las llagas de nuestra vida económica y apele así a la opinión pública de los trabajadores para curar esas llagas.»[13]. Esta es una las enseñanzas que tenemos presentes para cuando nos corresponda encabezar la construcción del nuevo Estado, tras la victoria de la revolución proletaria y popular por la que durante casi 90 años ha estado luchando el Partido Comunista de Venezuela (PCV).

Pero hoy, en nuestro país, como bien puntualizó el 14º Congreso del PCV (agosto de 2011), se impone «[…] una amplia y profunda lucha de ideas contra la ofensiva ideológica burguesa anticomunista, activada por las fuerzas contrarrevolucionarias, pero también contra las corrientes reformistas y diversionistas que, desde el interior del proceso, difunden una concepción pequeño-burguesa y acientífica del socialismo, auspiciando la subordinación de la clase obrera ante la actual hegemonía del reformismo pequeño-burgués.»[14]; aunque «[…] debemos tener en cuenta que el actual proceso, más allá de sus límites, problemas y dificultades, constituye una ocasión extraordinaria que nos abre oportunidades y posibilidades para avanzar. Es nuestra obligación aprovechar esta ocasión favorable al máximo para acumular fuerzas a favor del movimiento popular y revolucionario […]»[15].

Por eso, el 15º Congreso del PCV (junio de 2017) ratificó que: «El objetivo general y fundamental de todo el trabajo político y de masas, ideológico y organizativo del Partido Comunista de Venezuela, en el presente momento histórico, tiene que ver con la necesidad de producir una consistente y acelerada acumulación de fuerzas del movimiento obrero y popular que, cohesionadas en un sólido Bloque Popular Revolucionario […], forjen una nueva correlación de fuerzas favorable a la clase obrera y al pueblo trabajador […]»[16]; cuya concreción «[…] pasa necesariamente por resolver tres aspectos indispensables para que la clase obrera y el pueblo trabajador asuman un papel efectivamente revolucionario: conciencia, organización y unidad.»[17].

Estas tareas constatan la importancia vital de los principios que definió V.I. Lenin, hace más de cien años, para la prensa comunista: «La misión del periódico no se limita […] a difundir ideas, a educar políticamente y a conquistar aliados políticos. El periódico no es sólo un propagandista colectivo y un agitador colectivo, sino también un organizador colectivo. […] Con la ayuda del periódico, y en ligazón con él, se irá formando […] una organización permanente […]; que habitúe a sus miembros a seguir atentamente los acontecimientos políticos, a apreciar su significado y su influencia sobre los distintos sectores de la población, a concebir los medios más adecuados para que el Partido revolucionario influya en estos acontecimientos.»[18].

De ahí que la prensa revolucionaria, y aún más la comunista, es abiertamente partidista, en su doble acepción: en la lucha de clases toma partido a favor del pueblo trabajador y asume las posiciones del Partido que representa los intereses del pueblo trabajador; frente a sus enemigos jurados: el sistema capitalista en el país y el imperialismo a nivel global.

Así también, se deja sentado que la prensa y el ejercicio del periodismo –como actividades humanas enmarcadas en una sociedad determinada por contradicciones de clases con intereses antagónicos–, no tienen ni pueden tener la tan cacareada «objetividad», entendida ésta como sinónimo de supuesta «neutralidad» o «imparcialidad».

En un acto de estas características, debemos enaltecer el esfuerzo tesonero de periódicos revolucionarios en nuestro continente, impresos que durante décadas y hasta el día de hoy siguen haciendo gala y demostrando la actualidad de los principios de la prensa leninista, como los semanarios El Siglo, de Chile, fundado el 31 de agosto de 1940, y Voz, de Colombia, que vio la luz el 20 de julio de 1957.

Hasta julio pasado se contaba entre estos periódicos a Tribuna Popular, órgano de prensa del Comité Central del PCV, que el 17 de febrero de este año arribó a sus 70 años y que en agosto tenía prevista la publicación de la edición 3.000 de su historia –que incluye las 271 elaboradas en clandestinidad durante la dictadura perezjimenista y la lucha armada de los años 60–; pero se interrumpió su impresión, y no por condiciones de ilegalidad, persecución o cerco político –que en más de una ocasión logramos sortear–, sino «[…] a raíz de la crisis económica sin precedentes en nuestro país y su repercusión en la aguda escasez de papel prensa y demás insumos de imprenta que son importados en su totalidad.»[19]

Ya desde hacía tres años «[…] la velocidad y magnitud en el alza de los costos de producción, por la escasez de insumos, obligó a suspender los planes en desarrollo para el incremento de la cantidad anual de ediciones y a retroceder en el aumento de páginas; y este año hubo que disminuir progresivamente el tiraje e incluso reducir aún más el número de páginas […]»[20], pudiendo llegar hasta la edición 2.998 (19 de julio de 2018), «[…] a partir de la cual sólo podríamos imprimir importando directamente los insumos o, por la dolarización de facto de la economía, pagando en el país los servicios en divisas.»[21]

En Venezuela, la «[…] reducción de páginas y tiraje [de los periódicos], o cambio de frecuencia diaria a semanal en los pocos impresos que subsisten (incluyendo los periódicos del Gobierno), o el cese de ediciones impresas para concentrarse en las digitales, e incluso el cierre definitivo de decenas de periódicos, kioscos y librerías–, no es producto de un proceso natural para adaptarse a los gustos e intereses del público objetivo.»[22], sino el resultado de la «[…] agudización de la crisis del modelo dependiente y rentista del capitalismo venezolano, con la consecuencial reducción de las importaciones y la escasez de bienes que no son producidos en nuestro país […]»[23].

Sin embargo, una corriente predominante en el Gobierno, interesadamente o creyendo honestamente que son «tendencia», pretende «[…] presentar como un síntoma de «modernidad» el supuesto uso masivo de los celulares «inteligentes» [que tienen «obsolescencia programada»], cuyos precios de venta, así como los de las computadoras, son cada vez más inalcanzables; todo lo cual limita extraordinariamente las posibilidades de acceder y difundir diversos puntos de vista sobre las informaciones que se generan.»[24].

Camaradas, compatriotas, amigas y amigos:

El pasado 9 de noviembre, durante la ofrenda floral al Libertador, en la plaza Bolívar, que se realizó como antesala a la instalación del extraordinario 13º Congreso de la Juventud Comunista de Venezuela, el ministro de Cultura, Ernesto Villegas, se pronunció en los siguientes términos: «[…] rendir homenaje a la imprenta sagrada de Simón Bolívar, a la que hace 200 años trajo el Libertador para hacer realidad el Correo del Orinoco […]. Está exhibida esa imprenta junto con los 133 ejemplares originales del Correo del Orinoco. Con la fuerza de esa imprenta, con la fuerza histórica de esos 133 ejemplares, Venezuela va a hacer acopio de las energías necesarias para que el pueblo venezolano salga victorioso de las actuales circunstancias […], y, entre otras cosas, vuelva a circular en papel Tribuna Popular; es un compromiso que toda la prensa popular, revolucionaria y patriótica de Venezuela pueda conquistar nuevos espacios […]»[25].

Valoramos altamente estas expresiones y agradeceremos todo el apoyo que se pueda hacer para que Tribuna Popular vuelva a librar las batallas en las fábricas, universidades, liceos, barrios y calles, «[…] porque el Partido conquista su papel dirigente al calor del contacto directo en las luchas de la clase obrera y el pueblo trabajador. Tribuna Popular es el único instrumento que nos brinda una dinámica de distribución, agitación, organización, educación y venta que permite aceitar y fortalecer una estructura partidaria disciplinada, que prepare y dirija la revolución proletaria.»[26].

Y le tomamos la palabra al ministro Villegas en el sentido más integral, es decir, no sólo que se apoye al resto de la prensa popular, revolucionaria y patriótica, sino que desde el Gobierno se apliquen las medidas y acciones políticas y socioeconómicas necesarias, muchas de ellas contenidas en el Acuerdo unitario marco PSUV-PCV, suscrito por el propio presidente Nicolás Maduro el pasado 26 de febrero, en el sentido de que «[…] la salida a la actual crisis capitalista no debe ser en favor de la burguesía y de las transnacionales sino en favor de los intereses del pueblo en la búsqueda de un nuevo modelo productivo post-rentista con desarrollo soberano, tendiendo a la participación protagónica obrera, campesina, comunera y popular […]»[27], para que los periódicos –particularmente los revolucionarios– y todo nuestro pueblo no dependamos de «la buena voluntad» del gobierno de turno para poder existir, satisfacer las necesidades y cumplir nuestro rol social.

Son parte de los retos que tenemos y que, al menos los comunistas, sabremos enfrentar, teniendo presente aquella máxima de V.I. Lenin: «En el dificilísimo momento actual, el hacerse ilusiones causaría el mayor daño a los revolucionarios. […] No debemos olvidar esto. Debemos concebir hábilmente nuestra táctica […]. La burguesía puede aún martirizar, atormentar y asesinar con libertad. Pero no puede detener la plena victoria del proletariado revolucionario, ineluctable y no muy lejana, desde el punto de vista de la historia universal.»[28]

 

Muchas gracias.

 

* * * * * * * * * * * *

[1] Federico Álvarez, La información contemporánea, Agencia Venezolana de Noticias, Caracas, 2010, p. 59.

[2] Natalya M. García, «Una experiencia referencial para el periodismo» en Tribuna Popular (Nº 2.996), 14 al 27 de junio de 2018, p. 16.

[3] Roberto J. Lovera de Sola, El Libertador con el periódico en las manos, Fundación Editorial El perro y la rana, Caracas, 2010, pp. 71.

[4] Ibidem., p 73.

[5] Vladimir I. Lenin, «Carlos Marx (Breve esbozo biográfico con una exposición del marxismo)» (julio a noviembre de 1914) en Obras completas, Editorial Progreso, Moscú, 1984, t. 26, p. 47.

[6] Ibidem., p.48.

[7] Avante! (Nº 2.323), 7 al 13 de junio de 2018, p. 17.

[8] K. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista, Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 2018, p. 8.

[9] http://www.josemarti.info/libro/nuestras_ideas.html

[10] http://www.josemarti.info/libro/capitulo_4_10.html

[11] Salomón Susi Sarfati, Diccionario de pensamientos de Fidel Castro, Editora Política, La Habana, 2008, pp. 105, 160, 191.

[12] Vladimir I. Lenin, «Proyecto de Resolución acerca de la libertad de prensa» (4 [17] de noviembre de 1917) en Acerca de la prensa, Editorial Progreso, Moscú, 1979, p. 243.

[13] Vladimir I. Lenin «Primera variante del artículo ‘Las tareas inmediatas del poder soviético’» (23 al 28 de marzo de 1918) en Obras completas, Editorial Progreso, Moscú, 1986, t. 36, p. 152.

[14] 14º Congreso Nacional del PCV, Línea Política, 4 al 7 de agosto de 2011.

[15] Ídem.

[16] 15º Congreso Nacional del PCV, Línea Política, 22 al 25 de junio de 2017.

[17] 14º Congreso Nacional del PCV, Línea Política, 4 al 7 de agosto de 2011.

[18] Vladimir I. Lenin, «¿Por dónde empezar?» (mayo de 1901) en Obras completas, Editorial Progreso, Moscú, 1981, t. 5, pp. 11, 12.

[19] Carlos Aquino, «Carta del director» en Tribuna Popular digital (Nº 2.999*), 27 de septiembre al 10 de octubre de 2018, p. 2, https://issuu.com/tribuna_popular/docs/tp_2999_digital/2

[20] Ídem.

[21] Ídem.

[22] Carlos Aquino, «No tenemos nada que celebrar» en Tribuna Popular digital (Nº 3.000*), 11 al 24 de octubre de 2018, p. 2, https://issuu.com/tribuna_popular/docs/tp_3000_digital/2

[23] Ídem.

[24] Ídem.

[25] https://www.youtube.com/watch?v=506GYHfV21Q

[26] 13º Conferencia Nacional «Pedro Ortega Díaz» del PCV, La organización marxista-leninista, 8 al 10 de agosto de 2014.

[27] Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y Partido Comunista de Venezuela (PCV), Acuerdo unitario marco PSUV-PCV: Para enfrentar la crisis del capitalismo dependiente y rentista de Venezuela con acciones políticas y socioeconómicas antiimperialistas, patrióticas y populares, 26 de febrero de 2018.

[28] Vladimir I. Lenin, «En el décimo aniversario de Pravda» (2 de mayo de 1922) en Acerca de la prensa, Editorial Progreso, Moscú, 1979, p. 299.

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