La clase obrera conquista su rol histórico sobre la base de la teoría y la acción revolucionarias del Partido Comunista


Discurso de Dimitris Kutsumpas, Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de Grecia (KKE), en el 20º Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros (EIPCO), en Atenas, el 23 de noviembre de 2018.

 

Les damos la bienvenida al 20º Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros, aquí en Atenas, la ciudad donde comenzaron hace 20 años los Encuentros Internacionales, con la iniciativa de nuestro Partido.

Aquí estamos hoy, frente a todos ustedes, cumpliendo un siglo de vida y acción. Para los cien honrosos y heroicos años del KKE, sentimos un sano orgullo.

Y eso porque seguimos con dinamismo, con determinación, los pasos de los muertos heroicos y honrados de nuestro Partido, que dieron el bien supremo del ser humano, su propia vida, a la lucha por el triunfo de la vida.

El Partido resistió con valentía a todas las vueltas de la lucha de clases.

Y en los años duros de la clandestinidad, de las persecuciones, las ejecuciones, los encarcelamientos y los maltratos, y en los últimos 44 años de legalidad burguesa.

Se mantuvo de pie en la gran involución histórica de la contrarrevolución de 1991, y hasta el día de hoy. Encontró la fuerza de salir adelante contra viento y marea.

Trepando paso a paso la abrupta subida de la reconstrucción.

Detectando las causas que llevaron a la victoria de la contrarrevolución, estudiando y debatiendo, desde los primeros cuestionamientos en 1996 hasta la formulación colectiva en el 18º Congreso del conjunto de las causas de la interrupción del proceso de la construcción socialista en el siglo XX, tomando en cuenta más que todo la experiencia de la URSS.

Estudiando página por página los documentos del Partido, los archivos históricos, para alcanzar esa grandiosa trayectoria, con victorias y derrotas, con saltos adelante y retrocesos, con errores y debilidades, pero también con el heroísmo inigualable de cien años cumplidos.

Camaradas,

En vano las sirenas de la reacción y del oportunismo cantan el fin de la Historia, el fin de la clase obrera y de su movimiento, la vida las desmiente.

La clase obrera asumirá tarde o temprano su rol histórico, su misión histórica, que consiste en la abolición definitiva de la explotación del hombre por el hombre y en la construcción de la sociedad socialista-comunista.

Y eso porque posee la fuerza relativa a la producción industrializada concentrada. De ahí emanan virtudes como la colectividad, la disciplina consciente, la incomparable resistencia a las adversidades, todas ellas probadas en grandes luchas de clases.

La Comuna de París y la Revolución de Octubre constituyen los ejemplos brillantes que inspiran nuestras luchas. Al igual que los miles de mujeres y hombres obreros de nuestro país que se pusieron en primera fila y resistieron adversidades innumerables, que dieron sus vidas, durante esos 100 años y hasta nuestros días.

Hubo batallas que dejaron indeleble su marca en el propio cuerpo del movimiento obrero griego, en la trayectoria de la lucha de clases.

Que dejaron enseñanzas positivas y mostraron debilidades desde luego, que tenemos que estudiar desde el punto de vista de la vanguardia obrera, en la perspectiva del desarrollo de la ardua lucha de clases.

La clase obrera no conquista esa posición de manera espontánea, sino sobre la base de la teoría y la acción revolucionarias del Partido Comunista, es decir de su vanguardia consciente y organizada.

Camaradas,

La existencia de un programa revolucionario, la fe en la cosmovisión del marxismo-leninismo y del internacionalismo proletario, los principios de la construcción de un Partido de Nuevo Tipo, el estudio elaborado de nuestra experiencia histórica, constituyen sin duda alguna armas modernas, nos confieren la supremacía, pero la cuestión que se plantea es cómo utilizarlas creativa y acertadamente en nuestra lucha cotidiana, en nuestros esfuerzos de todos los días.

No es suficiente apreciar el valor de las luchas obreras con vistas a reivindicaciones inmediatas, así como el rol del Partido en estas. Lo que constituye un criterio de evaluación es en qué medida éstas ayudan al progreso de la conciencia política. Lo que constituye un criterio de progreso es el avance de la construcción partidista en los centros de trabajo, así como la composición social de los afiliados al Partido, los grupos de edad y la participación femenina. Otro criterio constituye el aumento constante del nivel teórico, político y organizativo del Partido, así como la mejora de la capacidad de dirección y de creación de vínculos con la clase obrera, partiendo del Comité Central y llegando hasta la célula.

Las complejas tareas actuales no deben hacernos descuidar lo principal y fundamental que es trabajar en la infraestructura para que el Partido esté preparado, que no sea tomado de improviso ante eventuales vueltas y bruscas encrucijadas, que tenga siempre la posibilidad de previsión y adaptación a tiempo, sin perder de vista su principal objetivo.

Es imposible observar de manera integral el avance de nuestro trabajo, juzgarlo de manera exigente, detectar y corregir a tiempo errores y omisiones, si no hemos ya adquirido a nivel personal la habilidad de juzgar el factor subjetivo, tomando también en cuenta las circunstancias objetivas específicas, las condiciones que existen independientemente de nuestra voluntad y de nuestro deseo, de nuestra intervención.

La experiencia tanto griega como universal confirma que, excepto donde se establecieron las premisas de una situación revolucionaria y la clase obrera tomó y mantuvo –por cuanto mantuvo– el poder, la influencia y la fuerza político-ideológicas del Partido, si se toma en cuenta su acción combativa y vanguardista en la lucha, su actitud consecuente, su desinterés y su contribución en sacrificios inconmensurables, no correspondían en realidad con el hecho de que se han confirmado por regla general sus previsiones y sus avisos al pueblo.

No es algo raro. La clase obrera establece las condiciones para que predomine la ideología del socialismo sólo cuando conquista el poder político y mientras avanza la construcción socialista.

Eso no significa que el KKE contemple pasivamente su responsabilidad de contribuir al desarrollo de la conciencia política de la clase obrera. Una cosa es la exigencia del Partido de luchar contra y de deshacerse cuanto antes de sus debilidades, sus deficiencias y sus eventuales errores, y otra cosa es que tenga la ilusión de que la conciencia socialista pueda prevalecer en las condiciones del capitalismo. Lo que el Partido exige de sí mismo, el examen crítico y autocrítico de los resultados de su acción, no puede hacerse con los mismos criterios, desde el mismo punto de vista que el de los partidos burgueses, de los partidos que han aceptado luchar dentro de los límites del sistema capitalista o que pregonan en las masas que el capitalismo se reforma en socialismo.

Lo que tiene una inmensa importancia para el KKE, es en qué medida sus lazos se amplían y se profundizan enfocando sobre todo en las fábricas, en los grandes centros urbanos, en sectores de importancia estratégica.

Rechazamos calificaciones y ocurrencias ideológicas que confunden el carácter clasista, que ocultan la línea de separación entre las dos clases fundamentales, la burguesía y la clase obrera.

El KKE se afana para que la lucha de clases se oriente hacia el derrocamiento del sistema capitalista y aspira a que la lucha de todos los sectores de la clase obrera, así como de las capas medias populares, converja hacia esa orientación, por la mejora de las condiciones de trabajo y de vida.

El objetivo de nuestro esfuerzo cotidiano es la emergencia concreta de la clase obrera como vanguardia revolucionaria y no como vanguardia stricto sensu en las luchas sindicales y populares. Los sectores populares de las capas medias tienen que converger en cuanto sea posible hacia una acción común y una alianza con la clase obrera, para que la alianza social pueda surgir lo más masiva posible.

Somos conscientes de que el movimiento obrero y sus aliados en Europa y en Grecia se encuentran en una etapa de relativa recesión, de malestar, incluso de casi inactividad, a pesar de las manifestaciones frecuentes de la crisis económica.

La tendencia de desmasificación y de alteración de la orientación clasista se ha formado hace muchos años, mucho antes de la restauración capitalista en la URSS y en los demás países de la construcción socialista, sobre todo a causa de la gestión socialdemócrata.

El eurocomunismo constituyó un vector fundamental a través de cual el capitalismo de la Europa occidental –teniendo a la socialdemocracia como mano derecha– asestó golpes devastadores al movimiento obrero sindical, lo que dio como resultado su paulatina recesión, incluso su degeneración. Hubo luchas que no lograron sin embargo diferenciar positivamente la correlación de fuerzas a nivel europeo, todo lo contrario.

En Grecia, una parte importante de los obreros, hombres y mujeres, de las masas populares, se sintió extenuada o desilusionada porque las luchas sindicales no trajeron resultados inmediatos.

Otra parte de ellos está a la espera, en vano por supuesto, de que se ponga algún fin a las durísimas medidas, albergando la esperanza de que algún cambio pueda suceder por arriba.

La actitud que predomina es la de exigencias reducidas. Se trata de una especie de cadenas que se envuelven alrededor del obrero, del empleado, del trabajador por cuenta propia y del campesino pobres desde su primera juventud y que se fortalecen por supuesto de manera decisiva en el centro de trabajo, mientras se les prepara la conciencia para considerar al capitalista como al que da trabajo y que distribuye los ingresos.

El miedo y la ilusión, la pasividad y la frustración constituyen expresiones de la imposibilidad de comprender tanto la relación entre economía y política como el carácter clasista de los partidos; expresiones de la ignorancia o del conocimiento a medias de lo que es y de cómo funciona el sistema capitalista y del rol revolucionario de la clase obrera; expresiones de las ilusiones consolidadas del parlamentarismo. Es cierto que tanto el movimiento comunista internacional como nuestro Partido tienen responsabilidades por no haber podido liberarse a tiempo y perennemente de la red de inserción burguesa que cuenta con la participación o el apoyo de mayorías y gobiernos parlamentarios burgueses.

El trabajo ideológico y la instrucción no son suficientes si se hacen sólo con el motivo de la actualidad y en forma de repetición de consignas generales y de posiciones de estrategia revolucionaria, sin vivacidad ni combatividad, sin enriquecimiento a través de los acontecimientos.

La exposición de nuestras posiciones en forma de postulados o de crítica general de los demás partidos, como en una clase magistral, no es atrayente porque cae en un caldo de cultivo donde todos los demás partidos siguen una vía única; mientras que nosotros seguimos otra vía muy distinta que exige compromiso voluntario y sacrificios, más aún en ese período de victoria de la contrarrevolución en los países socialistas.

Todo parece estar en nuestra contra, mientras que la trayectoria del capitalismo produce hoy muchas pruebas más sobre la necesidad del socialismo, que es la meta estratégica del KKE. Por otro lado, la Historia ha demostrado que era muy necesaria la corrección de errores del pasado, no sólo en la estrategia del KKE sino también a nivel mundial.

La elaboración de la estrategia requiere unidad de la teoría y la acción. Pero no es fácil que esa llegue a ser asunto de la vanguardia comunista, una guía de acción y de desarrollo de las masas obreras y populares más amplias.

Hemos logrado superar la Escila del burguesismo y la Caribdis del reformismo, del oportunismo, y mantener nuestro Partido de pie con la acción constante, con la presencia cotidiana en la lucha y en los desarrollos políticos, pero eso no nos sosiega, dado que hoy en día las circunstancias de acción y las exigencias son particularmente complejas y complicadas.

La elaboración de nuestro programa y más especialmente nuestra actitud política provocó una ofensiva sistemática contra el Partido por parte no sólo del adversario de clase sino también del oportunismo. Dicha ofensiva es insidiosa y elaborada dado que sus vehículos no pueden utilizar los argumentos crudos y provocativos que emplearon en el período 90-91, cuando creyeron que la victoria de la contrarrevolución constituía una oportunidad de oro para que el movimiento comunista se quitara de encima el marxismo-leninismo o para que mantuviese algunas ideas marxistas purificadas de su carácter revolucionario y socialista.

Desde 2012 el oportunismo optó por enfrentarnos utilizando como arma principal la frustración y la preocupación por el resultado electoral negativo y el ascenso abrupto de SYRIZA. Cultivando la falsa esperanza de que SYRIZA nomás podía frenar la ofensiva antipopular, intentó arrastrar al KKE a una colaboración política, hablando de reformas y de una supuesta retirada de la Zona euro, con un gobierno compuesto por fuerzas políticas hipotéticamente “de izquierdas”. Acusó a la línea del Partido y sus Estatutos por la falta de semejante desplazamiento, de agrupación, en un período en que el Partido sí había registrado pérdidas electorales de carácter político-ideológico. El oportunismo promovió el argumento de que esa opción era imperativa a causa de la correlación de fuerzas negativa, que constituiría un punto de partida para su cambio, acusando al KKE de falta de táctica. Es obvio que en aquel entonces aún no se habían revelado plenamente las relaciones estrechas de SYRIZA con los centros del imperialismo.

Es cierto que el oportunismo tiene una base social, ya que propicia la formación de una amplia aristocracia obrera, y como se extienden las empresas estatales, aumenta el número de científicos, artistas, docentes, trabajadores en medios de comunicación, etc., todos ellos asalariados. Esa base social proyecta la tendencia de compromiso con el adversario de clase, la búsqueda de soluciones políticas dentro del sistema, el oportunismo dentro del propio movimiento obrero, en el seno del partido de la clase obrera. Es por eso que la lucha contra el oportunismo constituye una condición sine que non para mantener el carácter obrero y revolucionario del Partido, en cada período y cada fase de la lucha de clases, de la correlación de fuerzas.

De esa lucha, de su lealtad y habilidad político-ideológicas, de su consecuencia organizativa, depende que los partidos comunistas no pierdan justamente su carácter comunista.

La experiencia en la Europa capitalista, en Latinoamérica, ha demostrado que cuando un PC decide participar en un gobierno en el nombre de una opción transitoria, se ve ya con las manos atadas, aunque no se comprometa con un acuerdo oficial o haya declarado el mantenimiento de su autonomía. Los compromisos escritos o no escritos no representan ninguna garantía. Las leyes del mercado capitalista no dependen de acuerdos políticos. Y existe ya una experiencia negativa de la participación del Partido por unos pocos meses en gobiernos burgueses, en 1944 y en 1989.

Si no se ha logrado pensar y juzgar cada problema social, cada fenómeno económico o político, como p. ej. el estallido de un escándalo, la aparición de un nuevo partido, etc., basándose en la relación entre economía y política, entonces se hace una separación entre el problema y la necesidad de luchar contra el capitalismo, que no puede ser entendida, y con razón, por una gran parte de la clase obrera hoy en día.

El criterio fundamental para la posición de las fuerzas sociales opuestas radica en la agudización de la gran contradicción del capitalismo: por un lado la socialización de la producción y del trabajo, el ser humano como suma fuerza productiva, y por otro la apropiación privada del producto sobre la base de la propiedad privada de los medios de producción. Esa contradicción constituye la matriz de todos los contrastes y conflictos del sistema, por lo tanto debe constituir la base para la definición del Programa del Partido.

Por supuesto, la clase obrera en su conjunto no tiene conciencia de esa contradicción del sistema capitalista. Por el contrario, adopta la ideología burguesa, según la cual el modo capitalista de producción y organización de toda la sociedad es históricamente superior, y por ende irremplazable.

Eso constituye una vertiente del poder capitalista que se impone no sólo por la fuerza de la patronal y del Estado, sino también por la manipulación político-ideológica (educación, medios de comunicación, Iglesia, mecanismos de los partidos burgueses, mecanismos del Estado interconectados con las masas, como los de la Administración Local, de las organizaciones semi-estatales [p.ej. las ONGs], incluso a través de las organizaciones sindicales integradas al sistema [p. ej. la GSEE –la CGT griega– o la ADEDY –la Central Sindical de Funcionarios griega–]. La manipulación ideológica de la clase obrera se refleja en su conciencia política distorsionada, en su apego político a partidos burgueses o a partidos procedentes de sus filas pero que en el camino acaban siendo burgueses.

Así, la política correlación de fuerzas refleja siempre la dominación de la clase burguesa, que se ve manifestada en sus órganos de poder –entre estos el parlamento– y que define los procesos para la formación de sus órganos, como las elecciones.

Un cambio verdadero en la correlación de fuerzas presupone que una parte significativa de la clase obrera, a causa de la deficiencia del poder burgués, ha roto las cadenas de la manipulación ideológica burguesa.

La cuestión de la correlación de fuerzas depende también del grado de madurez de la conciencia política de la clase obrera, en condiciones no revolucionarias, al menos para el PC, y de una agrupación obrera y popular alrededor de éste que no deja de desenmascarar y de confrontarse con el capital, los monopolios, el sistema político burgués, la legislación, las estructuras judiciales y represivas, las concepciones educativas y religiosas dominantes, las asociaciones imperialistas interestatales de la UE y de la OTAN.

El examen crítico y autocrítico exigente de la eficiencia, del grado de eficacia del factor subjetivo, de nuestro Partido, no puede llevarse a cabo independientemente de la correlación internacional de la lucha de clases que tomó un giro dramáticamente negativo con la victoria de la contrarrevolución en los países de la construcción socialista. Por supuesto, las brechas en la dominación del capitalismo, con las crisis, las guerras, los antagonismos, se acumulan, y conforman la perspectiva de nuevas condiciones y de oportunidades que requieren que el movimiento comunista esté alerta.

El avance de la lucha de clases, de la fuerza motriz de los desarrollos positivos, no depende ni de trucos ni de juegos de táctica, ni del supuesto realismo de la fatalidad, ni de la angustia por los porcentajes electorales o de la sustitución del movimiento por “incidentes” y “eventos” hipotéticamente revolucionarios; depende de la intervención organizada y enfocada con vistas a organizar las fuerzas obreras y populares vanguardistas.

Un objetivo del Partido es incluir en sus filas a los obreros más vanguardistas, hombres y mujeres, su rejuvenecimiento y el aumento del número de mujeres afiliadas. Asimismo, el reclutamiento de los militantes más destacados de las capas populares de campesinos, trabajadores por cuenta propia, científicos y artistas asalariados. Se necesita un trabajo sistemático y específico, independientemente de si atravesamos un período de luchas o de estancamiento. Y el aumento del número de afiliados al Partido no conlleva automáticamente luchas más vigorosas. Existe una interacción pero que se promueve sistemática y estratégicamente, con tareas, criterios e instrumentos combinados, y no de manera espontánea y mecanicista.

Un cambio verdadero en la correlación de fuerzas entre las dos clases opuestas sólo puede surgir de una agrupación masiva alrededor del partido de la clase obrera, frente al debilitamiento evidente, a la incapacidad de funcionar, de los mecanismos y las instituciones burgueses y de sus gobiernos.

La negativa correlación de fuerzas internacional comenzará a recibir golpes en la medida que a nivel nacional la lucha de clases se desarrolle, adquiera orientación anticapitalista-antimonopolista, se confronte de manera intransigente con la política de salida de la crisis y con las opciones estratégicas de la UE.

Es también nuestra responsabilidad reducir –en cuanto depende de nosotros– las reservas del capitalismo, minimizarle las oportunidades, asestarle golpes, y concentrar fuerzas con vistas a la contraofensiva y al derrocamiento.

El nivel de fuerza del Partido se define por criterios combinados, algunos de los cuales juegan un rol más decisivo que otros, relacionados con la necesidad de reagrupar el movimiento obrero, de promover la Alianza Social antimonopolista-anticapitalista, con la lucha por el socialismo-comunismo.

La clase obrera tiene la mayor responsabilidad del nivel de orientación y de acción común con sus aliados. El nivel y el alcance de la alianza se juzgará en cada etapa por la capacidad del movimiento obrero de resistir a la presión que ejercen sobre él las capas pequeñoburguesas, a sus vacilaciones.

Otro criterio es también la resistencia en condiciones de terrorismo patronal y estatal, de violencia, de crisis económica capitalista, de guerra imperialista. La combatividad firme en la lucha cotidiana, como se define por la estrategia del Partido, puede ser un germen prometedor que tarde o temprano brotará.

Ante las batallas electorales, próximas y siguientes, nuestra consigna de ataque es la que hemos ya promovido, o sea la necesidad de fortalecer el KKE para que la oposición obrera y popular salga reforzada frente a la política burguesa, al concepto de vía única de la UE, que sea en condiciones de crisis económica capitalista o de cierta recuperación del capitalismo griego, o bien en condiciones de mayor o menor cohesión en la UE.

El reagrupamiento del movimiento sindical obrero tiene que ver con el mayor fortalecimiento del movimiento de clase, del Frente Militante de Todos los Trabajadores (PAME), que constituye el mayor logro de las últimas décadas para la clase obrera y para nuestro movimiento, porque lidera las luchas obreras y la promoción de la alianza social. El reagrupamiento tiene también que ver con el cambio de la correlación de fuerzas en las elecciones sindicales y con la organización de la lucha por los problemas agudos, para que las fuerzas clasistas consecuentes adquieran la mayoría; pero al mismo tiempo se trata de entender la necesidad de una organización y una participación masivas en los sindicatos, en el movimiento, así como qué línea de lucha predomina en el movimiento sindical.

Creemos firmemente que es erróneo y dictado por la burguesía y el oportunismo el punto de vista según el cual el movimiento obrero, el movimiento popular en general, no tiene que tomar posición respecto al tema de la gobernanza, del poder, porque es un movimiento de masas y tiene que mantener la neutralidad. La neutralidad para ellos significa la colaboración clasista, los interlocutores sociales, el reconocimiento de la prioridad del capital frente a la fuerza obrera, la lógica de la vía única de la UE. Los capitalistas, los políticos y los tecnócratas que son sus representantes, reprochan a las luchas de ser políticamente instigadas y peligrosas, fraccionarias, porque se supone que no toman en cuenta el hecho de que los trabajadores están en varios o en todos los partidos políticos. Sin embargo, el significado del concepto “politización” tiene que ver con el objetivo de la politización que tiene como núcleo el derrocamiento del poder del capital.

La pregunta que se plantea, de si los trabajadores tienen que elegir si deben unirse frente a sus problemas inmediatos o por el poder obrero y popular, es un falso dilema, que divide intencionadamente la lucha para socavarla y acabar con ella. Cuanto mayor sea la conciencia política de la clase trabajadora en su mayoría, mayores serán las posibilidades de que la lucha en torno a los problemas inmediatos evite algo peor o logre algo mejor.

Se trata de un tema de estrategia y de táctica, inseparablemente relacionadas, ya que la segunda se define por la primera sobre la base de su flexibilidad.

Hoy en día podemos afirmar con certeza: no se ha derrotado totalmente la disposición para la resistencia y la contraofensiva. Esa disposición existe, no la han quebrantado a pesar de los esfuerzos sistemáticos desplegados. Y no desvanecerá gracias al KKE y a las fuerzas radicales que existen y se alinean con el movimiento. Aunque la correlación de fuerzas permanece negativa, también permanece la dinámica del KKE que está relacionada con su larga experiencia, con las enseñanzas que ha sacado, así como con su capacidad de resistir a las trampas de inserción.

Eso lo juramos, que tenemos fe en nuestro pueblo, en los pueblos de todo el mundo, en la clase obrera mundial, que en cada país, en cada continente, libra las mismas batallas para que se haga por fin realidad definitiva e irrevocablemente esta vez la posibilidad de la sociedad socialista-comunista realmente superior.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s