La ausencia de indicadores sociales en Venezuela (y II)


ANDRÉS VILLADIEGO. Especial para TP

Economista

 

Los indicadores sociales proporcionan datos relativos a las condiciones de vida de la población en períodos determinados, para poder hacer comparaciones sobre la base de estándares internacionales y para estudiar la evolución en el tiempo de cada indicador específico. Estos índices se pueden referir a aspectos específicos relacionados con la salud, la educación o la seguridad alimentaria, o bien puede tratarse de indicadores más abarcantes que combinan varios elementos y ofrecen una referencia general sobre las condiciones de vida.

Un indicador específico en el área de la salud es la mortalidad infantil, cuyo cálculo se deriva de la cantidad de niños menores de un año fallecidos durante un período por cada mil niños nacidos vivos durante el mismo período de referencia. Los datos de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (CEPAL) indican que en Venezuela la tasa de mortalidad infantil para el año 2016 fue de 14,3, es decir que por cada 1.000 niños nacidos durante 2015, 14 fallecieron antes de cumplir su primer año de vida.

En diciembre de 2016, el Ministerio de la Salud en su boletín epidemiológico Nº 52, advirtió que en ese año hubo un aumento de 30,12% en la mortalidad infantil respecto a 2015, lo cual revela un grave retroceso en materia de salud infantil. Cabe destacar que dicho boletín fue el último publicado por el Ministerio.

Índice de Desarrollo Humano (IDH)

El IDH está compuesto por tres elementos: la esperanza de vida al nacer, el índice de escolaridad-alfabetización y el PIB per cápita en cada país. Cada uno de estos elementos tiene una ponderación de 33,3% sobre el total; los valores pueden variar dentro del rango entre 0 y 1, y cuanto más se acerquen a cero, menor será el desarrollo humano del país en cuestión.

Este indicador, sin embargo, presenta algunas dificultades. En primer lugar, la esperanza de vida al nacer es un elemento con poca variabilidad a corto plazo, lo cual da una ventaja comparativa a aquellos países que han logrado avances en el pasado en longevidad de la población, y subestima los progresos recientes que otros países hayan podido hacer. Por otra parte, la medición cuantitativa de los niveles de alfabetización y escolaridad no toma en consideración la calidad de la educación; y por último, el PIB puede ser muy volátil, lo cual provoca que en períodos de auge económico se logren avances aparentes en desarrollo humano, que las crisis económicas se encargan de desmentir.

Venezuela presentó un crecimiento importante en el IDH a partir del año 2004, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Dicho crecimiento puede explicarse por dos factores: el aumento de la alfabetización y la escolaridad lograda a través de las misiones educativas, y el crecimiento del PIB obtenido con el alza del precio de los hidrocarburos. El BCV no ha vuelto a publicar cifras sobre PIB desde 2015, lo cual dificulta la estimación del IDH; sin embargo, es indiscutible que el colapso de la actividad económica que ha experimentado el país necesariamente tiene que haberse reflejado en una caída del indicador.

Durante años el Gobierno nacional utilizó este índice, diseñado por un organismo del capital internacional, como una demostración de su «avance hacia el socialismo». En la actualidad, en medio de la crisis capitalista, se intenta ocultar que los «avances» en materia social no pudieron sostenerse.

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