La clase obrera en Venezuela


WLADIMIR ABREU. Especial para TP

Profesor de Historia

 

Siempre hemos hecho observaciones críticas acerca del manejo de las estadísticas socioeconómicas en el país, desde las propias cifras hasta los criterios burgueses y postmodernos con que éstas son producidas y utilizadas. No obstante, si sabemos interpretarlas adecuadamente, pueden servirnos para aproximarnos a comprender aspectos de la realidad.

Karl Marx plantea que la clase trabajadora es aquella clase social que carece de todo medio de producción y sólo cuenta con su fuerza de trabajo, la cual debe vender como mercancía para poder subsistir. En otras palabras, la clase trabajadora se compone de todas aquellas personas que sólo cuentan con su salario para vivir.

Analizar las cifras

Según la «Encuesta de hogares por muestreo. Situación en la fuerza de trabajo en Venezuela. Informe Mensual. Abril, 2016», publicada en mayo de 2016 por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), de los 30.731.774 habitantes con que contaba Venezuela para la fecha, 14.124.319 (62,7% de la población total) formaban parte de la Población Económicamente Activa (PEA, compuesta por los mayores de 15 años con disposición y disponibilidad de trabajar). Unos 13.089.081 (92,7% de la PEA) estaban ocupados, y 1.035.238 (7,3%) se encontraban desocupados; entre estos últimos, 111.204 (0,8%) eran jóvenes que jamás habían trabajado y se encontraban buscando su primer empleo, y otros 924.034 (6,5%) habían perdido su empleo más reciente.

Estas cifras nos dan una imagen aproximada del estado de los trabajadores en el país para ese momento. No cabe la menor duda de que desde 2016 para acá la crisis del capitalismo venezolano dependiente y rentista ha provocado la pérdida de fuentes de trabajo y el aumento de las cifras de desocupados. Lamentablemente, el Gobierno nacional ha bloqueado por más de dos años la publicación de estos datos, en un intento inútil de ocultar lo inocultable.

Desde la perspectiva marxista, el crecimiento del desempleo resulta en un incremento de lo que Marx denominaba el «ejército industrial de reserva», es decir, aquella parte integral del proletariado que, por estar desocupada, contribuye a abaratar la mercancía fuerza de trabajo: al haber más fuerza de trabajo disponible que la que la economía está en capacidad de adquirir, se crea un desequilibrio entre la oferta y la demanda de esta mercancía, y sus precios tienden a deprimirse.

El indicador del INE denominado «Composición fuerza de trabajo 2015 según el sector empleador», para el primer semestre del 2015, el cual incluye tanto el sector público como el privado, nos da que 3.079.245 trabajadores (23,5%) estaban empleados en el comercio; y 4.244.711 (32,4%) pertenecían al sector de servicios personales, comunales y sociales.

Marx en el propio Manifiesto del Partido Comunista, reflexionaba acerca del acelerado proceso de proletarización de las profesiones libres, como efecto de una dinámica irrefrenable del capital, y acerca del papel de la clase obrera que indirectamente contribuye a la creación de capital, como la que está vinculada a los sectores de comercio y servicios, entre ellos maestros, médicos, enfermeros, ingenieros y otros que constituyen un contingente de millones de trabajadores venezolanos bajo una dirección centralizada, que no pueden ser obviados.

La débil burguesía

El problema del rentismo venezolano y la casi nula capacidad productividad del país no es culpa de la clase obrera; es responsabilidad de la burguesía nacional y de la formación histórica del capitalismo venezolano, que, a lo largo del final de la colonia, la Venezuela del siglo XIX, y la era petrolera, sólo ha podido subsistir primero de las rentas agrarias y luego de la renta petrolera, como mero exportador de materias primas e importador de mercancías elaboradas. Incluso en la era petrolera la burguesía venezolana debió ceder su posición ante los grandes capitales ingleses, holandeses y norteamericanos, cumpliendo un papel casi de «bodegueros».

En esencia la clase obrera venezolana no es débil ni cuantitativa ni cualitativamente, porque son los trabajadores quienes mantienen a la sociedad venezolana. La que es débil en Venezuela es la burguesía, eminentemente comercial importadora, insignificante incluso para los parámetros latinoamericanos al compararla con sus contrapartes de Argentina, Brasil, Chile o México. Incapaz de crear fuerza productiva relevante, desde la independencia se ha limitado casi en exclusivo a vivir de las contrataciones del Estado, su único oxígeno; si alguna vez tuvo algún impulso fabril fue motivado por el rentismo petrolero, durante la época de altos subsidios de la política de sustitución de importaciones.

Si la nación venezolana no ha colapsado todavía ante la crisis económica y la hiperinflación, es gracias a los millones de hombres y mujeres que todas las mañanas, pese a las penurias, salen a ganarse el pan, vendiendo su fuerza de trabajo.

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