Opinión

Carácter y naturaleza de la Alternativa Popular Revolucionaria


La Crisis Orgánica desarrollada a finales del S. XX en la cual las clases y fracciones de clase de la burguesía, se distanciaron de los partidos tradicionales le dio a la crisis del modelo dependiente y rentista una expresión política que conduce a Chávez al Poder. A la muerte de Hugo Chávez se desarrolla un proceso aderezado por el arrastre de la incapacidad de esos partidos tradicionales de adaptarse, la continuidad del agotamiento del modelo (a pesar de los precios alcanzados por el petróleo) y la ofensiva del imperialismo norteamericano en forma de sanciones, saqueos y bloqueo. La nueva coyuntura es lo que Lenin definió como un «desplazamiento de clases», y que se expresa en la escena política venezolana, con la conformación de dos bloques que presentan variantes con respecto a los desarrollados entre 1998 y el 2013.

La escena política venezolana sufre un quiebre importante que altera su dinámica impuesta desde 1958: el golpe recibido por el bipartidismo (AD-COPEI) con la victoria electoral de Rafael Caldera, la liberación de Hugo Chávez como parte del compromiso de Caldera (éste si cumplió esa parte del Acuerdo) con el PCV y la resolución de la X Conferencia de los comunistas venezolanos de inscribir la candidatura presidencial de Chávez cuando nadie la había oficializado, definen el final del S. XX venezolano.

Si bien la burguesía no es homogénea y desde finales del S. XX carece de un Programa que unifique a sus diferentes fracciones, la dominación que ejerce la burguesía comercial-importadora y la agraria (históricas) y la financiera (desde los ochenta) hacen del modelo neoliberal el de mayor influencia sin que el mismo logre cohesionar a fracciones como la industrial y la comercial. Las contradicciones materiales, la ausencia de coincidencias en un Programa Nacional Burgués y la debilidad del proletariado son las garantías para la recomposición en el campo burgués a partir del 2013 y que se define en tres fracción bien diferenciados:

La extrema derecha que de forma abierta representa los intereses de los neoconservadores yanquis (Trump) y cuya estrategia está guiada y financiada por el Imperialismo. Esta extrema derecha representa los intereses de la burguesía tradicional desplazada por nuevos actores. En este bloque se incluyen los terratenientes, la burguesía agroindustrial, la burguesía comercial-importadora tradicional y la burguesía monopólica transnacionalizada. Guaidó y compañía son sus representantes.

Una derecha institucional que representa principalmente a la burguesía comercial, la burguesía industrial y densos sectores de pequeños propietarios. Pretende incorporarse a la distribución de la renta y apuesta por una vía constitucional enmarcada en el bipartidismo. En el marco de los acuerdos pasa por el filtro institucional (injerencia judicial del TSJ) y a cambio recibe espacios en la nueva Asamblea Nacional. Plantea el trabajo político de masas ante la decadencia socialista en el marco de la crisis. Pretende por su parte, suavizar la ofensiva imperialista garantizando al capital europeo nuevo “reingreso” a la escena nacional y responde a intereses yanquis que se distancia de los neoconservadores. Claudio Fermín y sus aliados representan esta fracción.

La nomenclatura socialista que de manera definitiva abraza el credo monetarista a fin de seguir garantizando la hegemonía de la burguesía financiera y de la burguesía comercial-importadora. Esta alianza se corresponde con las contradicciones intercapitalistas e interimperialistas del momento y pretende responder a los intereses representados por el bloque BRICS ante el norteamericano.

En primer lugar advirtamos que la burguesía financiera es capaz de representarse en los tres sectores en virtud de la situación internacional y en razón de que ninguno de ellos atenta contra los principios básicos de su existencia.

Este bloque burgués no está exento de grandes contradicciones de clase que se expresan en la escena política (partidos políticos) e, incluso, entre esos partidos y las masas que representan sumando día a día unos niveles de deslegitimación ante su incapacidad de dar respuestas a la crisis capitalista que atravesamos, abriendo de esta manera puertas y tendencias al autoritarismo, que no fascismo.

Queda claro que el “nuevo bloque histórico” planteado por Maduro para estas elecciones, se concreta en el Pacto entre la fracción institucional y la nomenclatura socialista. El intento del PSUV es, en sus candidatos, incluso consensuar a parte de esa fracción institucional a fin de galvanizar una especie de bipartidismo entre ambas en una simbiosis extravagante: la presencia de la fracción institucional en la AN permitiría, según ellos, suavizar la ofensiva imperialista apoyándose en el capital transnacional europeo (en pugna con el yanqui) mientras que la nomenclatura apertura nuevos mecanismos de acceso a la renta exigua a esta fracción aliada. Todo ello bajo el esquema de que la institucionalidad democrática sería elemento suficiente para que los intereses imperialistas se muden a otras latitudes, como si el problema fuese moral y no económico.

Para los comunistas el problema se circunscribe al debate en torno a la dialéctica entre la revolución democrático-burguesa y la revolución proletaria, ampliamente desarrollado por Lenin (1905, abril) en La dictadura democrática revolucionaria del proletariado y del campesinado. La primera viene gestionándose a manos de la pequeñaburguesía (bien en su representación militar como partidista) desde principios del siglo XX (Gómez en adelante) sin lograr su desarrollo pleno a pesar de los avances. El carácter dependiente y parasitario de la economía venezolana, sumado a la inconsistencia de la pequeñaburguesía en términos ideológicos y los vaivenes de una burguesía sin más aspiración que apoderarse de la renta sin atender a la producción, terminó por abrazar a los socialistas bolivarianos quienes se incorporan a la lista de fracasados junto a AD, Copei y los militares que han representado, en el poder formal, a la burguesía autóctona.

Cuando hablamos del fracaso o lo inconcluso de la revolución democrático-burguesa en Venezuela, atendemos fundamentalmente al problema agrario: éste aún conserva (incluso refuerza) un marco de relaciones sociales de producción desconectada con las necesidades de la producción capitalista, semillero de la apropiación indebida de la renta y vehículo para la fuga de divisas. Un elemento poco trabajado en este sentido, tiene que ver con el carácter, naturaleza y tamaño del mercado interno nacional el cual, en relación con el campo, obliga a los comunistas a plantear elementos de corto (emergencia), mediano y largo plazo para garantizar niveles de alianza del campesinado con el proletariado rural y urbano, en correlación con el necesario aumento de la producción y productividad en dicho sector que se opongan a la visión (sentimentalmente identitaria) del conuco como unidad fundamental de producción que se irá superando en la medida que se alcance un desarrollo de las fuerzas productivas dirigidas por el proletariado y que modifique, a favor, las relaciones de producción en el campo venezolano. Incluso las tareas de industrialización pueden ser consideradas como inconclusas pues jamás (ni siquiera en el periodo de la sustitución de importaciones) la misma logró resolver las áreas mínimas que se le plantean a la burguesía (la productiva, no la especulativa).

La reconfiguración del bloque burgués se da en razón del agotamiento del concepto nacionalista demo-burgués del chavismo tanto por razones objetivas (la crisis de sobreproducción y sobreacumulación del sistema capitalista mundial y su impacto en las economías dependientes y monoproductoras) como por las razones subjetivas (una vanguardia pequeñoburguesa nucleada en torno a un partido de masas, policlasista y ecléctico que primero dependía de la figura caudillesca de Chávez para terminar en un equilibrio inestable de fracciones sin mayor coherencia ideológica).

El debilitamiento del “centro político” en la escena política (en razón de la crisis y la incapacidad de la dirigencia pequeñoburguesa), además de la conformación y crecimiento esporádico de la ultraderecha con fuertes alianzas con el Imperialismo norteamericano, el sionismo y el paramilitarismo uribista; obligan al reformismo entreguista a replantear su proyecto en la escena política (reconfigurar el “centro” a fin de estabilizar la situación y de intentar reconfigurar un nuevo modelo de acumulación (ya ni siquiera se sueña en la nomenclatura reformista y entreguista con cambiar el modo de producción). Ello exige establecer compromisos y acuerdos que van desde el posicionamiento político (redistribución de cuotas en los aparatos del Estado como la Asamblea Nacional hasta nuevas variantes en la distribución de la exigua renta: la petrolera, la agraria y la minera). Estos acuerdos y compromisos permiten el nacimiento del que denominamos al principio como derecha institucional en alianza con el reformismo socialdemócrata instalado en la nomenclatura de la dirección del proceso.

Hoy se plantea, con argumentos históricos, teóricos y doctrinarios el problema fundamental de que sólo el proletariado venezolano está en capacidad real de cumplir las tareas democrático-burguesas de forma tal (en intensidad y velocidad) que permitan aprovechar el escenario nacional e internacional predominantes y que el chavismo, en términos generales, “desaprovechó”. El programa mínimo lanzado por el Partido Comunista de Venezuela apunta en esa dirección.

El giro táctico planteado y que se expresa en la conformación de la Alternativa Popular Revolucionaria responde a la línea de la “Política de Acumulación de Fuerzas Revolucionarias Obrero-campesinas, Comuneras y Populares” aprobadas por el Comité Central en su XXXI Pleno de febrero del 2016. Es una respuesta clasista a la reconfiguración del bloque burgués que impone al Partido Comunista actuar “con gran flexibilidad táctica y firmeza de principios, una diversidad de iniciativas que, partiendo de las preocupaciones, intereses y luchas específicas e inmediatas de cada sector, trasciendan los límites de lo reivindicativo sectorial y contribuyan a forjar la unidad de acción en el terreno de la táctica y la unidad programática en la perspectiva estratégica, con el objetivo de ir construyendo una nueva correlación de fuerzas hacia la toma del poder político por la clase obrera y el pueblo trabajador de la ciudad y del campo” (PCV (2017); Línea Política).

La crisis desarrollada en Venezuela (consecuencia del agotamiento del modelo de acumulación dependiente y rentista, de la incapacidad de la burguesía por presentar un programa mínimo común y de la ofensiva imperialista,) descansa de forma determinante sobre las masas asalariadas incapaces de afrontar la escalada hiperinflacionaria en el seno de un modelo monetarista (neoliberal) que se basa en la constricción de la demanda para solventar, según esta concepción burguesa, la inflación reinante. En este aparte, el proletariado en particular y los trabajadores de la ciudad y del campo en general, quedan disociados de los mecanismos mínimos no ya de acumulación sino incluso de supervivencia al cual acceden otras capas sociales (los profesionales y todo aquel que por cuenta propia brinda sus servicios, los pequeños propietarios en el área comercial, etc).

Sin embargo dentro de la pequeñaburguesía existen sectores importantes de los pequeños propietarios quienes incitados por los grandes monopolios de la importación y distribución, terminan siendo la cara visible de la especulación y ven con temor cualquier explosión de los asalariados en contra de sus intereses, aparte de sentir ya como la tendencia a la concentración del capital le permite entender que el capitalismo que tanto defienden va por ellos.

La desmovilización planteada por la pandemia viene como anillo al dedo para la burguesía la cual, a pesar de sus enormes debilidades políticas no advierte niveles de organización que atenten contra sus intereses. Tan solo en el proletariado, y en especial en el campesinado, hemos venido advirtiendo elementos de movilización de masas aunque aún con fuertes rasgos economicistas (reivindicativos) pero con un fuerte componente subjetivo en torno al “legado de Chávez” (las inconclusas tareas democrático burguesas tradicionales del chavismo) que progresivamente es desmontado por la nomenclatura. Estos son los sectores más combativos al momento que, en razón de no poseer los niveles de restricción propios de la cuarentena logran un mayor nivel de articulación y movilización.

Es importante entender que el proceso de acumulación de fuerzas del proletariado revolucionario descansa sobre la pequeñaburguesía (la cual incluye desde el campesinado hasta los pequeños propietarios). Como decía Lenin, “La propia marcha de las cosas nos impondrá de manera inevitable durante la revolución democrática tal masa de aliados procedentes de la pequeñaburguesía y del campesinado (cuyas necesidades efectivas serán las que exijan el cumplimiento del programa mínimo) que resultan ridículos en verdad los temores de un paso demasiado rápido al programa máximo” (LENIN (1905, abril) La dictadura democrática revolucionaria del proletariado y del campesinado).

En esta nueva coyuntura el giro táctico del PCV impulsando la construcción de la Alternativa Popular Revolucionaria (APR) se inscribe en la guía leninista de la Revolución, y las razones del por qué el momento en que se toma la decisión, se encuentran en elementos definidos en torno a la situación internacional y nacional: 1) momento crítico en las contradicciones intercapitalistas e interimperialistas, 2) fractura en el bloque burgués en los tres sectores ya acotados en el marco de una búsqueda por redefiniciones y mayor unidad liberal, 3) estado de ánimo de las masas en contra de las políticas seguidas por el Gobierno y desmoronamiento de las conquistas alcanzadas, 4) crisis en el seno de los socialistas y 5) lo electoral entendido como un momento coyuntural (táctico) que se asume con el objetivo de acumular fuerzas desde la perspectiva estratégica planteada por el Partido.

Este giro táctico se resuelve en el XVII Pleno del Comité Centralen las nuevas condiciones de profundización de la agresión imperialista y de aplicación de una política liberal al servicio del capital por parte del Gobierno Nacional, que afecta los intereses de las clases populares y trabajadoras de la ciudad y el campo, a la vez que no garantiza la construcción de las capacidades nacionales para la derrota estratégica y táctica de dicha agresión imperialista” (PCV (agosto, 2020); Boletín N° XV-018).

Se plantea en este ajuste táctico disputar la hegemonía a la pequeñaburguesía en el terreno político trascendiendo su concepción mercantilista que limita sus acuerdos y compromisos al simple reconocimiento mutuo de los aliados y no pasa del discurso para la construcción unitaria. Para los comunistas “la hegemonía pertenece en la guerra a quien lucha con mayor energía que los demás, a quien aprovecha todas las ocasiones para asestar golpes al enemigo, a aquel cuyas palabras no difieren de los hechos y es, por ello, el guía ideológico de la democracia y critica toda ambigüedad” (LENIN (enero, 1905); Un Paso Adelante, Dos Pasos Atrás).

Si en el Gran Polo Patriótico (GPP) existe alguna disposición a aceptar la lucha de clases como elemento definidor por parte de algunas de sus organizaciones integrantes, lo hacen limitándolo a la esfera política. En la APR,la lucha de clases no solo unifica los criterios de sus integrantes, sino que trasciende las posiciones liberales dominantes en el GPP y se definen en torno al Poder del Estado (LENIN (1913, mayo) El concepto liberal y el concepto marxista de lucha de clases). A diferencia de la experiencia unitaria del GPP, con la cual no rompemos, la experiencia de la APR la asumimos desde la perspectiva leninista “de que la conjunción efectiva (y no de palabra) en la lucha contra el enemigo común no se asegura con politiquería (…) ni con la mentira convencional de mutuo reconocimiento diplomático, sino con la participación efectiva en la lucha, con la unidad efectiva en la lucha” (Ídem).

La Alternativa Popular Revolucionaria se construye entonces, como expresión de la Política de Acumulación de Fuerzas Revolucionarias Obrero-Campesinas, Comuneras y Populares aprobada en el Pleno del Comité Central de febrero del 2016, y que en este momento encuentra la combinación perfecta de condiciones objetivas y subjetivas para su materialización. El giro táctico de los comunistas resume de esta manera, una disciplina, aplomo, tenaz y paciente política de parte de su dirección por conducir el proceso revolucionario hacia la construcción del Socialismo Científico bajo la dirección del proletariado venezolano.

Armiche Padrón

Miembro del Comité Central del PCV

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