LUCHAS

Declaración final del Encuentro de activistas de la comunicación


La pandemia global de Covid-19 ha agravado la crisis capitalista que ya estaba en apogeo antes de la aparición del virus; el escenario que se vislumbra no es alentador: El capital mantiene una ofensiva contra las y los trabajadores para descargar sobre sus hombros el peso de la crisis mientras recupera y amplía la tasa de ganancia.

En este contexto, los Estados echan mano de las grandes cadenas mediáticas para promover la desmovilización popular a la vez que se profundiza la desregulación y flexibilización de las condiciones de trabajo, reeditando una visión malthusiana de las políticas públicas al declarar (casi oficialmente) un “sálvese quien pueda” generalizado.

La crisis deja en evidencia la incompatibilidad del capitalismo con la democracia  y esto se evidencia en la patente crisis de representatividad imperante: las elites políticas poco o nada tienen que ver con los justos reclamos de la ciudadanía, mientras que la gran prensa burguesa silencia o desvirtúa la esencia de la protesta social, fabricando ilusiones y consensos que son ajenos, cuando no contrarios, a las realidades que enfrentan las amplias mayorías.

La industria de la comunicación y la información produce mercancías como cualquier otra industria, pero su carácter especial radica en que sus productos además tributan para reproducir el orden imperante. De allí que la información que circula en medios y redes sociales tenga un valor especial para las clases dominantes. El capital persigue la hegemonía total sobre los valores políticos, sociales y espirituales para condicionar a las mayorías oprimidas a aceptar su “destino manifiesto”: la explotación ilimitada.

Las empresas de comunicación se presentan como los perros guardianes de la democracia, pero la historia nos ha demostrado que no les temblará el pulso en socavarla cuando las decisiones de las mayorías son contrarias a sus intereses. Tanto el golpe de Estado contra el comandante Chávez en 2002 como la farsa de Juan Guaidó y su gobierno imaginario son muestras de ello.

Hoy, cuando en Venezuela hay en curso un abierto pacto entre las elites políticas y económicas, los medios de comunicación (públicos y privados) cierran una vez más filas en contra de los clamores del pueblo, bloqueando, censurando y difamando a aquellas voces que mantienen con firmeza la lucha por una salida revolucionaria a la crisis capitalista.  

Durante el último quinquenio, han desaparecido cientos de periódicos, emisoras comerciales y comunitarias, televisoras, portales, impedidos de continuar en funciones ya sea por razones económicas o por acoso político. Los pocos que resisten necesitan de la ayuda económica que obtienen por publicidad, donde el Estado es el mejor cliente pues pese a las sanciones, la élite política en el poder invierte cuantiosas cifras en propaganda, palangre y marketing. Eso hace que los medios  no quieran ceder espacios a vocerías “incómodas”.

Los medios y periodistas críticos son criminalizados, desprestigiados, censurados y son objeto de violencia institucional mediante amenazas, difamación o sanciones penales y administrativas.

¿Qué debemos hacer los activistas de la comunicación; aquellos que hemos asumido este oficio como una trinchera para la lucha de nuestro pueblo por su liberación definitiva? Si las grandes fábricas de mentiras se empeñan en silenciar nuestra lucha, nosotros debemos contraatacar con construcción de espacios, experiencias para contar los importantes combates que está librando el pueblo venezolano en estos momentos. 

Ante la construcción de un orden de desinformación basado en noticias falsas, videos virales y la emisión sistemática de mensajes dirigidos a neutralizar las luchas, nuestra misión es revalorizar la información como una herramienta para la transformación social.

Esta nueva realidad nos obliga a pensar en construir herramientas como la Red de Comunicación Popular Revolucionaria, un espacio colaborativo para romper la censura y hacer de la agenda popular el epicentro de los procesos de comunicación en el país.

¡El pueblo no se calla! Si los de arriba intentan silenciarnos, nosotras y nosotros gritaremos con más fuerza: ¡Sí hay alternativa a esta crisis! Y es es popular y revolucionaria.

Caracas, 27 de agosto de 2021

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