Internacional, Solidaridad

El PCV sobre la guerra en Ucrania


El Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Venezuela (PCV) expresa su preocupación por el escalamiento del conflicto militar entre Rusia y Ucrania, que viene siendo estimulado y utilizado por las potencias capitalistas occidentales con el fin de justificar los planes de despliegue y expansión de las fuerzas de la Organización el Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en la región y para profundizar la aplicación de sanciones económicas contra Rusia, en el marco de la feroz competencia mundial entre las potencias imperialistas y capitalistas por el control de los mercados, recursos naturales, rutas comerciales y avances científico-técnicos.

Tanto la expansión agresiva de la OTAN hacia el este de Europa —luego del triunfo de la contrarrevolución en la Unión Soviética— como el creciente empuje de la Rusia capitalista por retomar el control en su antigua zona de influencia, son expresión política de esta agudización de la competencia y disputa entre los distintos capitales y burguesías nacionales representados por sus respectivos Estados-Nación: Rusia por un lado y Ucrania y los países de la OTAN, liderados por Estados Unidos, por el otro.

Después de la caída del Muro de Berlín a fines de 1989, Rusia se retiró de todos los países del Pacto de Varsovia bajo la promesa hecha por Estados Unidos de Norteamérica de que la OTAN no se expandiría a Europa del este. Diez años más tarde, en desconocimiento de estos acuerdos y del derecho internacional, la OTAN agredió y desmembró Yugoslavia y bombardeó varios países de Oriente Medio con la complicidad del «civilizado mundo occidental».

La guerra en Ucrania ha sido provocada fundamentalmente por estas disputas entre grandes corporaciones monopólicas capitalistas y la política belicista e injerencista de Estados Unidos, la Unión Europea y la OTAN para imponer los intereses de sus monopolios en esta región. En 2014 intervinieron en favor del golpe de Estado contra el gobierno de Ucrania y desde entonces han contribuido a fortalecer un régimen abiertamente anti-ruso y de inclinaciones nazi-fascistas, que es el único responsable de la guerra civil que desde entonces ha cobrado la vida de 14 mil ucranianos; la persecución contra las organizaciones comunistas y obreras, así como los crímenes sistemáticos contra la poblaciones de Lugansk y Donetsk.

Estas regiones de habla rusa del este de Ucrania resistieron el golpe de Estado de las fuerzas fascistas y sufrieron ataques masivos de artillería y aviones bajo la mirada cómplice de la OTAN y el silencio de la llamada “comunidad internacional”.

El avance de los capitalistas occidentales sobre Ucrania a través de la imposición de un gobierno reaccionario, antidemocrático y fascista —al estilo de los de Polonia, Lituania y Estonia— representó un duro revés para los intereses capitalistas de Rusia y sus planes para construir un mercado común de los países euroasiáticos, donde Ucrania desempeñaría un papel importante debido a su ubicación geográfica y su condición de principal ruta comercial de exportación del gas ruso al resto de Europa.

Entendiendo la importancia de tomar el control total de Ucrania, las fuerzas imperialistas estadounidense y europeas instigaron y apoyaron al régimen de Ucrania para que no cumpliera los Acuerdos de Minsk, preparando las condiciones para la adhesión de Ucrania a la OTAN y el posterior despliegue de bases militares y ejércitos en su territorio.

Como era de esperar, los capitalistas rusos y su Estado-Nación no esperarían de brazos cruzados a que se concretaran los planes de control de sus rivales occidentales sobre Ucrania y, sobre la base del reconocimiento de la independencia de las regiones de Donetsk y Lugansk, han desplegado una ofensiva militar contra el gobierno de Ucrania que persigue objetivos que van más allá de proteger la vida de los ciudadanos de esos territorios.

Las tensiones crecientes, generadas por la competencia entre las potencias imperialistas y capitalistas, coloca a la humanidad ante el peligro inminente de nuevas y devastadoras guerras donde serán las y los trabajadores quienes sacrifiquen sus vidas en función de intereses ajenos. Queda nuevamente en evidencia que la lucha por la paz es una consigna vacía si no se entiende su vinculación con la necesidad de que la clase trabajadora mundial disponga de una estrategia independiente de los intereses y planes de la burguesía de sus respectivos países.

Desde el PCV condenamos enérgicamente los planes injerencistas y agresivos de EE.UU., la UE y la OTAN en el este de Europa y específicamente en Ucrania. Además, rechazamos la hipocresía de la llamada “comunidad internacional”, que se escandaliza por las ofensiva militar de Rusia sobre Ucrania, pero guardó silencio durante ocho años de sistemáticos bombardeos y masacres contra la población de la región de Donbass, de la misma forma como cierran los ojos cuando Israel y Arabia Saudita bombardean a los pueblos de Palestina, Yemen y Siria.

Reiteramos nuestra solidaridad con la población de Lugansk y Donetsk, víctimas de la agresión sistemática del gobierno nazi-fascista, así como con todo el pueblo trabajador de Ucrania, el Partido Comunista de Ucrania y todas las fuerzas que resisten.

El PCV, consecuente con sus principios, condena todo tipo de guerra que tiene como fin los intereses del gran capital. Llamamos a las fuerzas antiimperialistas, revolucionarias, al movimiento obrero mundial y a las organizaciones amantes de la paz a estrechar la solidaridad y la articulación mundial para frenar la locura guerrerista a la que pretenden conducirnos las potencias imperialistas y capitalistas en su feroz competencia.

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