Formación

ESPECIAL| La filosofía, la estrategia y la revolución


Manuel Azuaje

No pocos marxistas reniegan de la filosofía, por considerarla un ejercicio ideológico de carácter burgués, ajeno a la realidad y estéril a la hora de transformarla. Una dimensión de este planteamiento tiene su fundamento en una lectura simplista de la crítica que Marx hizo al idealismo alemán, especialmente a los jóvenes discípulos de Hegel, contra quienes escribe –junto a Engels– ese libro enorme destinado a la «crítica roedora de los ratones», pero cuyo impacto en el siglo XX es fundamental para la comprensión más completa del pensamiento del Moro de Tréveris, La ideología alemana. No hay Marx sin filosofía, aunque Marx sea mucho más que un filósofo.

Por otro lado, pese a las continuas resistencias, Marx no ha sido expulsado definitivamente de los estudios de filosofía, aunque no puede decirse lo mismo de Vladimir Ilich Uliánov, cuya entrada al Parnaso de las academias filosóficas está absolutamente negada. Poco o nada tiene que aportar a la filosofía Lenin, según sus sumos sacerdotes.

Aunque es justo decir que Lenin no habría admitido para sí mismo –por bien o por mal– el adjetivo de filósofo, sí era un aficionado constante de la filosofía; y su lectura minuciosa de Hegel, fue determinante en la precisa comprensión de los acontecimientos que se sucedieron en 1917, así como la resolución estratégica de los mismos.

Mausoleo de Lenin (Legion Media)

En los años inmediatamente anteriores a la revolución más importante del siglo XX, Lenin no solo se concentró en un seguimiento detallado de los sucesos mundiales y los esfuerzos de articulación antibélica dirigidos a transformar la guerra entre naciones en una guerra civil de clases, sino que profundizó en sus estudios sistemáticos de filosofía; especialmente una detallada aproximación a una obra que hasta los más osados profesionales del campo suelen evadir: la Ciencia de la lógica de G. W. F. Hegel.

De esos estudios sale aquel aforismo suyo según el cual: «Es completamente imposible entender El Capital de Marx, y en especial su primer capítulo, sin haber estudiado y entendido a fondo toda la Lógica de Hegel ¡Por consiguiente, hace medio siglo ninguno de los marxistas entendió a Marx!».

Se trata de una afirmación exagerada, con la que Marx no habría podido estar completamente de acuerdo porque no habría querido someter a los trabajadores a semejante tarea para así comprender los elementos económico-políticos fundamentales que deseaba poner en evidencia para la lucha.

Lo que Lenin sí precisa con exactitud –y es una verdad como un templo– es la relación entre la lógica dialéctica de Hegel y la forma de exposición de El Capital; cuestión que detalla en numerosas notas que va escribiendo a medida que avanza en sus estudios y se encuentran recogidas en esa monumental obra titulada Cuadernos filosóficos, publicada tras su muerte.

Dialéctica y realidad

Lenin rojo de Andy Warhol, 1987

Es cierto también que Lenin no se aproxima a la lógica hegeliana por un afán intelectual o por puro amor a la sabiduría, sino porque está interesado en entender cómo ocurren saltos cualitativos en la historia, como bien señala Néstor Kohan. Sólo la comprensión del automovimiento de una totalidad sociohistórica puede captar el modo como la contradicción es el motor de ese movimiento, y eso es nada más y nada menos que la dialéctica en tanto modo de pensamiento que se acopla a esa realidad.

Esta comprensión la consigue Lenin en esa lectura de Hegel, y no solo le va a permitir volver críticamente sobre su obra anterior, sino poder aproximarse con nuevas herramientas teóricas, a la realidad en acelerada contradicción del año 1917.

El entendimiento de la realidad sociohistórica constituida por relaciones y no por entes dados, permite captar el movimiento que producen las contradicciones al interior de esas relaciones, con lo cual se percibe la dimensión, dirección y sentido de las posibles transformaciones en el interior de esa realidad. Se trata de la conciencia de las revoluciones posibles, que no ocurren mecánicamente, sino que requieren del impulso definitivo a través de una táctica y una estrategia acorde que sólo puede establecerse si aquel entendimiento es correcto.

Filosofía para la situación concreta

Isaac Brodski. V.I. Lenin en Smolny, 1930

Una observación cuidadosa de las actividades de Lenin en 1917, así como una lectura meticulosa de sus textos –vistos a la luz del desarrollo de los acontecimientos– arroja un pensador que sabe cómo hacer del marxismo un método para la transformación de la realidad; que emplea la dialéctica al servicio de esa transformación porque en el fondo es ella la forma misma del método de Marx.

Producto de las discrepancias suscitadas tras la presentación pública de sus Tesis de Abril, Lenin elabora un documento para uso interno en los debates que se darían durante las conferencias del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Se trata de las Cartas sobre táctica. El contrapunto entre las notas sobre la dialéctica de los años anteriores y este texto evidencian cómo se da el análisis concreto de la situación concreta.

De acuerdo con Lenin, el marxismo demanda que se realice un análisis permanente de cómo se relacionan las clases sociales en los determinados momentos históricos. Ese análisis va a contravía de cualquier visión dogmática del marxismo, en tanto que, al ser una guía para la acción, es la acción la que le da forma a la teoría y no la que debe adaptarse a los esquemas teóricos.

No basta entonces con tener claramente definido el panorama socioeconómico en enero de 1917 y esperar que de esa fotografía derive una táctica rígida: el carácter cambiante de la situación, propio del movimiento permanente de las relaciones sociales, demanda una constante interpretación de la realidad.

No hay fórmula definitiva para la estrategia revolucionaria; ésta emana de la observación constante de la situación concreta y es la dialéctica el método más acorde para esa observación porque permite captar el dinamismo de las relaciones sociales.

Mucho tiene que decir este ejercicio de Lenin para una «filosofía de la praxis» que escape constantemente de la tentación de ser «simplemente» filosofía.

Manuel Azuaje. Profesor universitario e investigador en filosofía y cine venezolano.

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