Opinión

A casi 100 años de su nacimiento, Emigdio renace todos los días


Eric Omaña.– Comenzaré por agradecer a la vida haber conocido al profesor Emigdio Cañizales Guédez, con quien compartí experiencias comunes del mundo obrero casi recién graduado, en la Comisión Presidencial de Riesgos Profesionales, de la cual él fue el presidente, por allá en 1975, al punto que me invitó a ser parte de la Cátedra de Medicina del Trabajo de la Universidad Central de Venezuela (UCV), a pesar de no ser médico, en una facultad como la de Medicina, donde los no médicos teníamos, para entonces, pocas posibilidades de ingreso y desarrollo.

Emigdio Cañizales Guédez

Fuimos grandes amigos, compañeros de lucha, algo sé de él, por eso pretendo dejar algunos datos, ahora que conmemoramos 99 años de su natalicio, más allá de que el Dr. Cañizales es sin duda alguna, el Padre de la Salud Ocupacional en nuestro país.

Emigdio era hijo del también médico Abel Cañizales y de Ana Guédez de Cañizales, nació en la población trujillana de Chejendé un 22 de octubre de 1922, de manera tal que el año entrante será el centenario de su natalicio.

Nuestro homenajeado fue un hombre polifacético, fue como se describe en este poema de su libro “Voces vegetales”:

En mi vive un obrero,  un campesino,                                                                                                                    un artesano vive,                                                                                                                                                vive un hombre de ciencia,                                                                                                                                 vive un hombre de letras,                                                                                                                                      y un soldado”

En cualquier semblanza sobre la vida de Emigdio aparece una persona integra, analítica, combativa, leal y directo en sus reflexiones, no era eso que llamamos personas media tinta, al contrario no titubeaba, no daba rodeos para decir las cosas y en el desarrollo de sus conversaciones no dejaba detalles sueltos. Profundamente conocedor de lo que hablaba, por esos sus clases eran espectaculares, sus estudiantes de medicina, tanto los de derecha, los de izquierda y quienes no asomaban postura política lo respetaban profundamente, porque tenía el don de transmitir lo que sabía y además lo hacía apasionadamente, enamoraba al curso.

Por su sordera, adquirida en los años de la lucha armada, ya que había ido al VietNam a entrenarse como médico de guerra y terminó disparando bazucas, hablaba muy alto, y cuando veía a algún izquierdoso con posiciones dudosas en lo político, lo acusaba de agente de la CIA.

Cuando su partido, el PCV, apoyó la campaña presidencial de Rafael Caldera me tomé el atrevimiento de cuestionar su postura con un chiste, le decía que al salir del acto electoral iba a sufrir de una lesión musculoesquelética al su brazo actuar contra su postura revolucionaria, una contractura, por haber votado por el más alto representante de la política antipopular de la burguesía, por lo que dejó de hablarme un breve tiempo. Pero su nobleza era también grande y pudo dejar mis entrepituras de lado, y seguimos laborando juntos.

Emigdio hizo su primaria en Chejendé pero fue a terminarla en Barquisimeto, allí ingresa al bachillerato y empieza su militancia revolucionaria, dirigiendo y distribuyendo periódicos estudiantiles, esta producción de textos lo va a acompañar toda la vida, con artículos de prensa, artículos científicos y varios libros. Cañizales terminó su bachillerato en Caracas, así era en aquellos años, pocos liceos del interior ofrecían la educación media completa

En los aciagos años de la lucha insurreccional en Venezuela, llegó a ser editor, en la clandestinidad de periódicos revolucionarios, luego, después del proceso de pacificación, con que se cerró de derecho, aunque ya lo estaba de hecho, el período de lucha armada, se mantuvo como articulista en los diarios Ultimas Noticias, El Nacional y Tribuna Popular, así como en la revista de la Sociedad Venezolana de Medicina del Trabajo.

Comienza sus estudios de medicina en la UCV, pero la lucha política lo obliga a emigrar a España, donde obtendrá en la Universidad de Salamanca su grado de médico, con el que regresa a Venezuela, aquí es contratado por la Shell Company para su servicio médico en la Refinería de Cardón, y por su capacidad de trabajo, que era mayúscula, fue premiado por la empresa para estudiar medicina laboral en la Universidad Real de Londres, título que obtiene en 1956, convirtiéndose así en el primer médico ocupacional del país, tenía entonces 34 años

La medicina del trabajo no la va a poder ejercer en la Refinería de Cardón, porque al poco tiempo de estar en Venezuela, acepta ser el Presidente del Club Social y Deportivo de los Obreros, por lo que la Shell lo despide. En esos años, las empresas extranjeras prohibían el contacto de los empleados con los obreros, desde entonces no descansará un minuto de su vida en trabajar por la salud de quien trabaja.

Comentar sobre la vida de Emigdio Cañizales Guédez nos lleva a comentar sobre el otro titan de la Salud Ocupacional en Venezuela, el Dr. José Rafael Felice, es hablar del encuentro de dos titanes, uno del andino poblado de Chejendé, en el estado Trujillo, y el otro del orientalísimo pueblo de Güiria, en el estado Sucre.

Ambos convergieron en el Ministerio de Salud, entonces llamado de Sanidad y Asistencia Social (MSAS). Felice venía de haber introducido en un curso de medicina en la Universidad de Carabobo, el componente de la medicina del trabajo, que ellos interpretaban como lo hacemos todos hoy en día, como salud ocupacional, y era tan conocedor como Cañizales de los graves problemas que causan los plaguicidas a la salud del campesinado y a sus familias.

El producto más importante de ese dúo fue el Reglamento General de Plaguicidas, que el ministerio promulgó en 1972, el cual preveía entre otras novedades, la prohibición de importar aquellas sustancias químicas de este tipo que no tuviesen la respectiva autorización de uso en su país de origen, así como la prohibición de fumigaciones aéreas sobre cualquier tipo de población.

Este reglamento fue el primero en ser desaparecido cuando el neoliberalismo tomó el control del gobierno nacional, en aquellos años de la llamada Gran Venezuela.

Como ambos eran gremialistas, muy activos por demás, representaban a sus partidos en la Federación Médica Venezolana (FMV), donde llegaron a organizar un Congreso de la federación solo dedicado al tema de la salud laboral, logrando que la directiva de la federación presentará al gobierno nacional, y este aprobara, un proyecto para hacer un diagnóstico de las condiciones y medio ambiente del trabajo, del cual salió la Ley Orgánica de Prevención, Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo (LOPCYMAT).

Pero también ese gremialismo los llevó a que el gobierno los expulsara del ministerio, lo que permitió que fundarán en 1974 la Cátedra de Medicina del Trabajo en la Facultad de Medicina de la UCV, así empezaron los estudiantes de medicina a conocer de los peligros del trabajo para la salud y la vida de los trabajadores y trabajadoras, incluso para ellos mismos como personas expuestas a contraer enfermedades y a sufrir accidentes laborales.

Esa cátedra fue la punta de lanza de la Comisión Presidencial de Riesgos Profesionales, desde donde Emigdio tecleó, en su vieja máquina Underwood, el anteproyecto de ley, que luego fuera afinado por otro gran revolucionario, el Dr. Enrique Agüero Gorrin, a la sazón consultor jurídico de la FMV, a quien el Presidente Hugo Chávez designó como presidente del Instituto Nacional de Prevención, Salud y Seguridad Laboral (INPSASEL) y cuya labor fue saboteada por la Ministra del Trabajo y el Presidente del Seguro Social.

Nuestro homenajeado fue un escritor muy prolijo, que acompañó su actividad política, con la investigación, la docencia y la escritura. La primera publicación que conozco del Dr. Cañizales es el “Médico industrial”, donde describe su visión de un galeno dedicado a la salud de quien trabaja, allí describe que debe ser un médico de casco y bota, y no de gabinete médico.

Emigdio al igual que Bernardino Ramazzini señalaba que es en el puesto de trabajo, donde se aprende realmente de esta noble profesión, pero agregaba que al involucrar a los ingenieros, los médicos del trabajo, no sólo detectaban las causas de los problemas de salud y seguridad, actuando como higienistas ocupacionales básicos, sino que sentaban los elementos para el control y la corrección de las fuentes de peligros.

Su texto “Voces vegetales”, ya comenté arriba es un poemario, escrito quizás en los momentos más apremiantes de su vida, cuando es sometido a la persecución y represión desatada en los años de la lucha insurreccional en Venezuela, que costó la vida y la desaparición de miles de venezolanos.

Pero Cañizales también investigó en el campo de la historia, así escribió la de su pueblo en “Chejendé, historia y canto”, así como la vida de su paisano trujillano José Rafael Gabaldón, quien liderizó acciones contra la dictadura de Gómez, y quien fuera padre de Argimiro Gabaldón, poeta y comandante guerrillero en los años de la lucha armada, ese libro lleva por título “El viejo Gabaldón del tamaño del tiempo”.

Luego escribió el «Médico y las leyes» donde se esforzó para demostrar como todo profesional, en este mundo moderno, debe tener conocimiento de las leyes de su país.

El libro más conseguido en la internet de Emigdio es “El indio en la guerra de independencia”, con el cual iba a ingresar a ocupar un puesto en la Academia de la Historia, pero la derecha reaccionaria no le perdonó su actitud de rebeldía y de franqueza en sus comunicaciones personales; este libro presenta una investigación profunda, donde ubica a los pueblos indígenas que pelearon a favor y en contra de la independencia, una línea de investigación que llama la atención no ha sido muy continuada por los estudiosos de los temas indigenistas. Sin ser este escribidor un analista literario, debo señalar que los temas indigenistas son difíciles, por la falta de fuentes disponibles, pero nuestro homenajeado supo superar ese inconveniente.

Estando de Jefe de la División de Ambiente y Salud y Trabajo (DAST) en la UCV, le publicamos, gracias al entonces rector Luis Fuenmayor el texto “Fuentes maestras de atención primaria en medicina del trabajo”, que es una especie de informe de su vida como investigador, docente y hombre de servicio en materia de salud ocupacional.

Finalmente, y estoy hablando solo de los libros que conozco, que sé Emigdio escribió, está otro texto histórico “Mitón apuntes para su historia”, me consta que estaba escribiendo un texto sobre la última presencia del Libertador en La Guaira, cuando vino por última vez a su Patria, y el presidente José Antonio Páez le impidió al Libertador subir a despedirse de su ciudad natal.

Como auténtico gremialista conseguimos que aparece entre los fundadores de la Sociedad Venezolana de Medicina del Trabajo, de la Sociedad Venezolana de Toxicología Clínica y de la Sociedad Venezolana de Salud Pública. En una asamblea de esta última, realizada en Tucupita, presentó una ponencia para que esa instancia se pronunciara sobre la dispersión de los servicios de  la salud y seguridad de la población trabajadora, produciéndose así lo que se llamó la Declaración de Tucupita, que indicaba la imperiosa necesidad de unificar a los servicios en esta disciplina, entonces brindados por el Seguro Social, el Ministerio del Trabajo, el Ministerio de Salud y el Ministerio de Minas, sentando las bases de lo que hoy es el INPSASEL.

Como gremialista, ya comenté que logró que se creara la Comisión Presidencial de Riesgos Profesionales que finalizó con el proyecto de ley, pero no fue suficiente, ya que la reacción contraria del Ministro del Trabajo de entonces, José Manzo González se hizo realidad, al traer al país a una comisión del Programa de Internacional de Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la cual hizo un informe, el conocido como Informe PIACT, cuyas conclusiones presentaban un cierto parecido a las del equipo encabezado por Emigdio, pero muy distante en cuanto a la propuesta de ley.

La principal diferencia se relacionaba con la responsabilidad, para el equipo de la OIT, la ley debería mantenerse en el triparatismo, Estado – empresarios – trabajadores, por lo tanto los tres eran responsables de las condiciones y ambientes de trabajo, mientras que en la futura LOPCYMAT, la responsabilidad debía recaer en quien se enriquece del trabajo, los empresarios, sean privados o públicos.

Ambos documentos entraron en discusión en la entonces comisión que reunía a las consultorías jurídicas de los despachos gubernamentales, y allí Cañizales con su equipo derrotó al Ministro del Trabajo y a su comisión PIACT. Bueno la ley entraría en el congreso a una gaveta donde pasaría varios años sin revisión.

Pero también participó Emigdio en organización de sindicatos, así aparece como uno de los fundadores de la Central Unitaria de Trabajadores de Venezuela (CUTV), del Sindicato de Escritores de Venezuela y del Sindicato de Empleados Públicos del Ministerio de Sanidad. Sin duda, nuestro homenajeado fue un personaje que dejaba huella por donde pasaba.

En resumen la lucha de Cañizales, y de toda una generación de profesionales, sindicalistas y militantes revolucionarios por la LOPCYMAT que él impulsó se pueden resumir así:

1974, logra la Declaración de Tucupita en la asamblea ordinaria de la Sociedad Venezolana de Salud Pública, cuyo texto lamentablemente desapareció.

1977, la Comisión Presidencial de Riesgos Profesionales presenta al ejecutivo nacional el Informe de la comisión y el ante-proyecto de la LOPCYMATt, luego de derrotar al proyecto de la comisión OIT-PIACT-Ministro del Trabajo. Algunos colegas, han distribuido erróneamente la idea que la ley nació de ese proyecto derrotado y no de la comisión encabezada por Emigdio.

1983, Cañizales resulta electo como diputado en el congreso de entonces y en 1984, ocurre el caso Nalco, en Anaco, estado Anzoátegui, lo que le permitió, junto a Pedro Ortega Díaz, retomar el anteproyecto de ley, guardado en alguna gaveta desde 1977, y además aprobar el convenio 155 de OIT sobre «Seguridad y salud en el trabajo», que establece que todo Estado debe contar con una política en esa dirección.

1986, se aprueba y promulga la LOPCYMAT, pero la reacción impidió que se ejecutara, hasta que en el año 1993 con la destitución del presidente de entonces, Carlos Andrés Pérez por malversación de fondos del Estado, el Dr. Cañizales, aprovechando su amistad con el presidente designado por el congreso, el escritor Ramón J. Velásquez, logró que se pusiese en marcha el Consejo Nacional de Prevención, Seguridad y Salud Laborales, instancia que se pudo reunir solo un par de veces, porque a la llegada del segundo mandato del presidente Caldera, el Ministerio del Trabajo no convocó a más reuniones, actitud que aún mantiene, en las personas a quien ha competido y compete esa decisión, los presidentes del INPSASEL.

Afortunadamente en 2002 el presidente Hugo Chávez Frías puso en marcha al INPSASEL. Culminaban así 28 años de luchas por la ley, que tuvo en Cañizales el líder batallador que nunca se amilanó ante los sectores que también han hecho y hacen lo suyo en contra de la salud y seguridad de los trabajadores y trabajadoras del país

En vida, Emigdio Cañizales Guédez recibió muchos galardones, entre ellos se cuenta la orden “Máximo Gutiérrez” de FESINLARA, en los tiempos que otro gigante de la salud laboral, Pedro Abarca, era presidente de esa federación, así como la insignia del sindicato de escritores y artistas de Stalingrado (URSS), ciudad ahora renombrada Volvogrado, en la Rusia actual.

Luego de su cambio a la vida no terrenal, varios centros de salud llevan su nombre, como la Clínica Popular de la Zona Industrial Lebrum de Petare, la Clínica Industrial de PDVSA Producción Oriente en Maturín, y el Centro de Diagnóstico Integral (CDI) de Mamera, Caracas.

El Ministerio del Trabajo, a través del INPSAEL le confirió la Orden Mérito al Trabajo, estando el colega Francisco González de presidente de esa institución, y el INPSASEL como tal creó el Fondo Editorial «Emigdio Cañizales Guédez” del cual no sé si produjo algún documento, así como confirió su nombre a la sede del estado Trujillo, en Valera.

Quizás el reconocimiento que más motivaría a Emigdio es saber que varios colectivos de delegados y delegadas de prevención han adoptado su nombre, como el Consejo de Trabajadores y Trabajadoras del estado Miranda, entre otros.

No menos importante, por haberla dejado casi al final, es hablar del amor de Emigdio por su querida Lourdes, quien debe ser parte sin duda de este homenaje, por haber sido no solo la compañera fiel, sino la secretaria y organizadora de su vida, quien un día empezó a desarrollar el mal de Alzheimer, por lo que Emigdio renunció a su ascenso en la UCV para dedicarse en cuerpo y alma a su pareja, cosas que delatan el lado humano de los verdaderos revolucionarios.

Luego de una intensa vida dedicada casi por entero a las necesidades y sueños de los trabajadores y las trabajadoras, falleció el 3 de mayo de 2005, pero para nosotros y nosotras, los que seguimos sus pasos, Cañizales vive, vive, y renace cada 22 de octubre.

Mi deseo es que el INPSASEL dedique este año a preparar el homenaje de los 100 años de su nacimiento.

Publicado originalmente en: https://naturaytrabajo.blogspot.com/2021/10/a-casi-100-anos-de-su-nacimiento.html

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