Alonso Ojeda Olaechea, coherencia para la libertad


Por: Belén Ojeda. Especial para TP

Para escribir sobre Alonso Ojeda Olaechea tal vez sea importante remontarse a la historia de sus ancestros, los Palacio Fajardo: Manuel, representante del Primer Congreso Constituyente de Venezuela en 1811 y del Congreso de Angostura en 1819, redactor del Correo del Orinoco; Antonio, ejecutado en Tunja por orden de Morillo en 1816; Ramón, Miguel y Agustín, los dos últimos, integrantes de las tropas de Páez. Alonso era pues, tataranieto de Luis Palacio Fajardo, quien durante la guerra permaneció resguardando a la familia.

Mi padre nació en Libertad de Barinas, el 11 de agosto de 1918. Era hijo de Antonio Ojeda Ortega y de Belén Olaechea Zerpa, ambos adversarios de la dictadura gomecista. Recordaba Alonso la dura vida del llano y el paludismo, enfermedad que padeció en la niñez, etapa desde la cual manifestó valentía y dignidad. Así lo demostró una vez en la escuela, al preferir que el maestro le pegara a estar de rodillas bajo el sol.

Ya en 1935, Alonso trabajaba como tipógrafo en el diario El Impulso de Barquisimeto. En agosto de 1937, a los 19 años, ingresó al ilegalizado PCV; inmediatamente le fue encomendada la edición del Manifiesto de la clandestina Primera Conferencia Nacional, tarea que cumplió con éxito imprimiendo en secreto, junto a otros camaradas, 16 mil ejemplares en prensa de pedal.

Alonso recordaba con orgullo otra de las riesgosas responsabilidades que le fue asignada: la organización de la VI Conferencia Nacional en 1952, en plena persecución criminal de la dictadura de Pérez Jiménez, reuniendo a cerca de 70 cuadros en la gruta de una montaña de Yaracuy. Esta Conferencia se realizó con tres anillos de seguridad y en ella quedó demostrada la organización del PCV, además, su éxito elevó la moral militante para continuar luchando contra la tiranía.

Le correspondió ser Secretario General Encargado en momentos muy difíciles. Según él mismo decía: “cuando el cargo resultaba riesgoso de perder la vida”, en la dictadura de Pérez Jiménez y en la lucha armada de los 60, época en la cual le fue asignada la también riesgosa tarea de dirigir la construcción del túnel hacia el Cuartel San Carlos para rescatar a tres entonces dirigentes del PCV. Una vez más cumplió con éxito. En esos duros años de clandestinidad organizó y asistió a unas 900 reuniones. Recuerdo que en el sangriento período de Leoni, paradójicamente vivíamos en La Paz, muy cerca de Carlos Andrés Pérez, ministro del Interior.

Sólo dos veces lo vi muy abatido: en los días de la división que dio origen al MAS y en los del derrocamiento de Salvador Allende. Sin embargo, en los años de la caída del socialismo en Europa Oriental, Alonso se mantuvo firme en su convicción de que este sistema político es la única alternativa para lograr la justicia social, y el tiempo así lo ha demostrado.

En sus casi 70 años ininterrumpidos de militancia en el PCV, fue miembro del Comité Central, del Buró Político, Secretario Agrario, de Seguridad, de Organización y Secretario General (1985-90). Fue electo diputado al Congreso Nacional en cinco ocasiones; en una de ellas fue el único representante del PCV cuando la mayoría estaba concentrada en AD y Copei.

En los momentos actuales, ante los ataques de las trasnacionales de alimentos, creo que sería importante recordar sus trabajos relacionados con el campo y la producción agrícola: su artículo sobre el problema cafetalero en Venezuela (1950), cuando aquel cultivo era nuestro primer renglón de exportación agrícola; la recopilación y sus escritos para el libro Sobre la Cuestión Agraria en Venezuela (1960) y el libro, escrito con J. Santana, Situación actual del campo venezolano (1970). Sería importante reencontrarse con el Alonso investigador, que sabía la importancia de conocer la realidad venezolana a profundidad en todos los aspectos de la vida nacional, para así poder dar respuestas adecuadas a las demandas del pueblo. Él mismo lo manifestó al recordar su desempeño como Secretario General, lamentando que, a pesar de su insistencia, los estudios encargados no se llevaron a cabo, con excepción de la Tesis sobre Educación.

Es difícil para una hija resaltar las virtudes de su padre, pero creo que entre las muchas de Alonso está la coherencia entre pensamiento y acción; siempre encontró tiempo para vincularse directamente con los trabajadores de la ciudad y del campo. Por más de treinta años visitó el mercado de San Martín para hablar con los vendedores sobre los problemas del momento y llevarles Tribuna Popular. Comprendía también que el trabajo de la casa no debía recaer sólo sobre mi madre, su amada Gisela, y la ayudaba diariamente en tareas del hogar.

Desde su ingreso al PCV hasta su fallecimiento hace ya 10 años, el 8 de abril de 2006, Alonso permaneció fiel a sus principios: “Para un comunista lo importante no es la posición que ocupe, sino el trabajo que haga por los intereses de la clase obrera y de los campesinos pobres, por la victoria del socialismo y el comunismo”. Así, tras haber ocupado los más altos cargos y haber cumplido las difíciles tareas que le fueron encomendadas, continuó en la militancia de base, con la modestia que lo caracterizaba y la seguridad de que la construcción de la sociedad socialista es la alternativa para el futuro de la humanidad.

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